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Maestra rural rinde homenaje a la escuela y pueblo de Aldea Apeleg

Fernanda Pruessing y María Elena Moreira son dos jóvenes de Aldea Apeleg que trabajan en la Comuna Rural y siempre están presentes a la hora de difundir las actividades culturales e historias de su pueblo

El pasado 6 de abril, la Escuela 127 "Paulino Luis Barzola" cumplió 99 años de vida y las jóvenes, que también fueron alumnas de este establecimiento, impulsaron una convocatoria a ex alumnos, ex docentes, ex directivos y colapsaron las redes de la Aldea y los mensajes que recibieron en el programa especial que se transmitió en FM Frontera, la radio escolar.

 

Por eso, camino al centenario del establecimiento, tienen muchas historias para compartir y contar. El programa especial se llamó ""Reconstruyendo vivencias e historias en la educación rural".

 

En esta oportunidad, compartiremos con los lectores de EL CHUBUT, la historia contada por Norma Méndez, maestra rural y directora de la Escuela 127 durante 25 años.

 

AÑO 1984, SIN LUZ

 

La maestra rural contó: "Llegué a Aldea Apeleg para asentarme con mi familia debido a que mi esposo Atilio Albistur había sido nombrado operario de la usina eléctrica del pueblo. En ese momento, teníamos a nuestro primer hijo, Claudio Atilio. Yo con 24 años de edad y 6 años de antigüedad en la docencia me hice cargo de la Escuela Provincial N° 127, como directora con grado .

 

"La Escuela se encontraba muy precarizada en general, pero en el aspecto pedagógico principalmente; no habían libros de lectura, manuales, ningún tipo de bibliografía pedagógica que fortaleciera la trayectoria escolar; faltaban materiales didácticos, recreativos, creativos,

 

"Mi juventud, mi vocación docente, mi entusiasmo, todo eso y más, quedaron totalmente involucrados en pos del servicio educativo, ya que nunca paraba. Vivíamos en la casa del director, puerta directa a la Escuela".

 

"Desde allí en adelante miles de anécdotas desbordan el camino recorrido, atravesado principalmente por la escasez, la soledad, la precariedad, pero también por la felicidad , la alegría. Éramos felices con muy poco. 

 

"En ese entonces, hablando del año 1994, no contábamos con luz eléctrica las 24 horas, no había conexión telefónica, no se contaba con calefacción a gas y la estructura edilicia era pequeña".

 

ENALTECER A LOS PRIMEROS MAESTROS

Por eso, Norma nunca dejó de enaltecer la labor de los primeros maestros, de aquellos que iniciaron la escuela de adobe en la década del `20.

 

"Los primeros maestros que hicieron escuela en los años fundacionales de esta aldea. Allá cerquita del arroyo Apeleg donde estuvo el primer edifico escolar en el año 1920. Paredes de adobe, tiempos de grandes sacrificios!. En ese mismo lugar donde quedan apenas unas hileras de adobes, por mi propia iniciativa, se levantó un monolito, humilde construcción pero con tanta carga histórica", recordó la docente, quien destacó a la Asociación Cooperadora "que acompañó con la compra de una piedra grabada con los datos históricos. Y el trabajo de albañialería fue hecho por los señores Albistur, Atilio Bernavel y Teodoro Rodriguez.

 

"Así transcurriendo el tiempo fui personal único los primeros meses hasta que nombraron a una docente para que acompañara en la tarea educativa en grados agrupados. Es así que durante los primeros pasos en la escuela me acompaño la señorita Sara Antiñir"

 

"Había que reinventarse, toda la creatividad en marcha para que los niños y niñas vayan teniendo todo lo que se merecían. Y se merecen siempre.

 

ASISTENCIA PERFECTA

 

"Trabajaba muchísimo, cada día desde muy temprano hasta muy tarde, asistencia perfecta!. Y nuestros alumnos y alumnas también!. Nunca faltaban a pesar del rigor climático. Recuerdo que en los actos escolares de entonces, todos recibían premios a la asistencia perfecta. Qué satisfacciones.

"Recuerdo las estufas a leña en cada aula, qué manera de picar leña, de sacar nieve el portero Teodoro!. Qué manera de cocinar en las estufas a leña la señora Rosa Oliva!, ¡Qué manera de rasquetear los pisos de madera de las aulas con viruta… ahí estábamos todos. Y que éramos pocos, solo cuatro, una maestra, cocinera, portero y yo. Cuánta labor y sacrificio….!!

"Cuantas veces salí corriendo por la nieve o ventarrones hasta la cabinita telefónica para esperar llamados de Supervisión. Luego, con el tiempo, aprendí a usar la Radio VLU".

"Fueron llegando maestros, maestras, todos guardados en mi cajita de recuerdos. Difícil era para ellos quedarse, para mí no lo era, porque ya había echado raíces".

"Recuerdo a la primera Cooperadora Escolar y sin olvidar al presidente José Álvarez y a las madres que acompañaban en cada evento con empanadas, actos, locros, números artísticos. 

"No teníamos maestros especiales de ninguna área; pero igual hacíamos gimnasia, cantábamos, trabajábamos en la huerta, teníamos invernadero; trabajábamos con los chicos y chicas, hasta un gallinero también teníamos.

"Recuerdo a las madres que venían a la Escuela a dar talleres de tejido, bordado, soga y trabajábamos horas armando escenografías y ropa para los actos escolares".

 

EL CORAZON DE LA ALDEA

 

Recordó la maestra rural que asambleas, reuniones vecinales, misas, encuentros, todo se realizaba en la Escuela 127.

Que en una reunión dentro de la Escuela se gestó la plaza en el año 1997 y también la autonomía de Aldea Apeleg, que dependía del Municipio de Alto Río Senguer.

La plaza, que se inauguró en octubre de 1997, contó con la donación de una carreta llamada Chata, donada por Ramón Pruessing.

Ese año nació también, dentro de la escuela, la Radio Escolar, FM Frontera, gestionada y adquirida a través del Plan Social Educativo.

"Rescato de aquel tiempo y esa realidad, muy distinta a la de hoy por cierto, que nos juntábamos seguido, una vez por mes por lo menos había asamblea o reuniones, participábamos de los proyectos del pueblo, de la Escuela. En una de las tantas nos juntamos y arreglamos los juegos e inventamos otros, con gomas, tambores y de muchos colores!. También recuerdo que los hombres se juntaron y cortaron champas verdes al frente de Gendarmería y luego el vecino Juan Ventimiglia las trajo hasta la escuela en su camión rojo; ese es el pasto verde que aun hoy perdura en el frente del edificio escolar".

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suplementomeseta@gmail.com

Maestra rural rinde homenaje a la escuela y pueblo de Aldea Apeleg

Fernanda Pruessing y María Elena Moreira son dos jóvenes de Aldea Apeleg que trabajan en la Comuna Rural y siempre están presentes a la hora de difundir las actividades culturales e historias de su pueblo

El pasado 6 de abril, la Escuela 127 "Paulino Luis Barzola" cumplió 99 años de vida y las jóvenes, que también fueron alumnas de este establecimiento, impulsaron una convocatoria a ex alumnos, ex docentes, ex directivos y colapsaron las redes de la Aldea y los mensajes que recibieron en el programa especial que se transmitió en FM Frontera, la radio escolar.

 

Por eso, camino al centenario del establecimiento, tienen muchas historias para compartir y contar. El programa especial se llamó ""Reconstruyendo vivencias e historias en la educación rural".

 

En esta oportunidad, compartiremos con los lectores de EL CHUBUT, la historia contada por Norma Méndez, maestra rural y directora de la Escuela 127 durante 25 años.

 

AÑO 1984, SIN LUZ

 

La maestra rural contó: "Llegué a Aldea Apeleg para asentarme con mi familia debido a que mi esposo Atilio Albistur había sido nombrado operario de la usina eléctrica del pueblo. En ese momento, teníamos a nuestro primer hijo, Claudio Atilio. Yo con 24 años de edad y 6 años de antigüedad en la docencia me hice cargo de la Escuela Provincial N° 127, como directora con grado .

 

"La Escuela se encontraba muy precarizada en general, pero en el aspecto pedagógico principalmente; no habían libros de lectura, manuales, ningún tipo de bibliografía pedagógica que fortaleciera la trayectoria escolar; faltaban materiales didácticos, recreativos, creativos,

 

"Mi juventud, mi vocación docente, mi entusiasmo, todo eso y más, quedaron totalmente involucrados en pos del servicio educativo, ya que nunca paraba. Vivíamos en la casa del director, puerta directa a la Escuela".

 

"Desde allí en adelante miles de anécdotas desbordan el camino recorrido, atravesado principalmente por la escasez, la soledad, la precariedad, pero también por la felicidad , la alegría. Éramos felices con muy poco. 

 

"En ese entonces, hablando del año 1994, no contábamos con luz eléctrica las 24 horas, no había conexión telefónica, no se contaba con calefacción a gas y la estructura edilicia era pequeña".

 

ENALTECER A LOS PRIMEROS MAESTROS

Por eso, Norma nunca dejó de enaltecer la labor de los primeros maestros, de aquellos que iniciaron la escuela de adobe en la década del `20.

 

"Los primeros maestros que hicieron escuela en los años fundacionales de esta aldea. Allá cerquita del arroyo Apeleg donde estuvo el primer edifico escolar en el año 1920. Paredes de adobe, tiempos de grandes sacrificios!. En ese mismo lugar donde quedan apenas unas hileras de adobes, por mi propia iniciativa, se levantó un monolito, humilde construcción pero con tanta carga histórica", recordó la docente, quien destacó a la Asociación Cooperadora "que acompañó con la compra de una piedra grabada con los datos históricos. Y el trabajo de albañialería fue hecho por los señores Albistur, Atilio Bernavel y Teodoro Rodriguez.

 

"Así transcurriendo el tiempo fui personal único los primeros meses hasta que nombraron a una docente para que acompañara en la tarea educativa en grados agrupados. Es así que durante los primeros pasos en la escuela me acompaño la señorita Sara Antiñir"

 

"Había que reinventarse, toda la creatividad en marcha para que los niños y niñas vayan teniendo todo lo que se merecían. Y se merecen siempre.

 

ASISTENCIA PERFECTA

 

"Trabajaba muchísimo, cada día desde muy temprano hasta muy tarde, asistencia perfecta!. Y nuestros alumnos y alumnas también!. Nunca faltaban a pesar del rigor climático. Recuerdo que en los actos escolares de entonces, todos recibían premios a la asistencia perfecta. Qué satisfacciones.

"Recuerdo las estufas a leña en cada aula, qué manera de picar leña, de sacar nieve el portero Teodoro!. Qué manera de cocinar en las estufas a leña la señora Rosa Oliva!, ¡Qué manera de rasquetear los pisos de madera de las aulas con viruta… ahí estábamos todos. Y que éramos pocos, solo cuatro, una maestra, cocinera, portero y yo. Cuánta labor y sacrificio….!!

"Cuantas veces salí corriendo por la nieve o ventarrones hasta la cabinita telefónica para esperar llamados de Supervisión. Luego, con el tiempo, aprendí a usar la Radio VLU".

"Fueron llegando maestros, maestras, todos guardados en mi cajita de recuerdos. Difícil era para ellos quedarse, para mí no lo era, porque ya había echado raíces".

"Recuerdo a la primera Cooperadora Escolar y sin olvidar al presidente José Álvarez y a las madres que acompañaban en cada evento con empanadas, actos, locros, números artísticos. 

"No teníamos maestros especiales de ninguna área; pero igual hacíamos gimnasia, cantábamos, trabajábamos en la huerta, teníamos invernadero; trabajábamos con los chicos y chicas, hasta un gallinero también teníamos.

"Recuerdo a las madres que venían a la Escuela a dar talleres de tejido, bordado, soga y trabajábamos horas armando escenografías y ropa para los actos escolares".

 

EL CORAZON DE LA ALDEA

 

Recordó la maestra rural que asambleas, reuniones vecinales, misas, encuentros, todo se realizaba en la Escuela 127.

Que en una reunión dentro de la Escuela se gestó la plaza en el año 1997 y también la autonomía de Aldea Apeleg, que dependía del Municipio de Alto Río Senguer.

La plaza, que se inauguró en octubre de 1997, contó con la donación de una carreta llamada Chata, donada por Ramón Pruessing.

Ese año nació también, dentro de la escuela, la Radio Escolar, FM Frontera, gestionada y adquirida a través del Plan Social Educativo.

"Rescato de aquel tiempo y esa realidad, muy distinta a la de hoy por cierto, que nos juntábamos seguido, una vez por mes por lo menos había asamblea o reuniones, participábamos de los proyectos del pueblo, de la Escuela. En una de las tantas nos juntamos y arreglamos los juegos e inventamos otros, con gomas, tambores y de muchos colores!. También recuerdo que los hombres se juntaron y cortaron champas verdes al frente de Gendarmería y luego el vecino Juan Ventimiglia las trajo hasta la escuela en su camión rojo; ese es el pasto verde que aun hoy perdura en el frente del edificio escolar".

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