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Gracias a un puñado de piedras del lago, volvió a trabajar y sonreír

El desafío de reinventarse y volver a empezar para seguir soñando.

Hace exactamente un año, cuando el brote de Covid-19 le cambió la vida al planeta, hubo muchas personas que tuvieron que reinventarse, volver a aprender, volver a generar, pensar, repensar, a sobrevivir, a readaptarse...

 

En el caso de Beatriz Carreño, una cordobesa que tiene a su hijo, Hernán Matías, viviendo en La Rinconada, sector rural de Epuyén, tuvo que volver a empezar a los 57 años. 

Y volvió a comenzar gracias al bellísimo espejo de agua que tiene esa localidad de la Comarca Andina: el Lago Epuyén. Unas piedras que habían en la orilla la inspiraron para arrancar otra vez y descubrió que con sus manos puede crear: se convirtió en artesana y manualera, y tiene clientes en toda la Comarca Andina. Y recicla.

 

“Gracias a la pandemia y a un puñado de piedras del Lago Epuyén descubrí lo que mis manos pueden hacer”, dijo.

 

En diálogo con EL CHUBUT, Beatriz contó que llegó a la provincia en el año 2010, radicándose en Comodoro Rivadavia, para reencontrarse con una hija que le habían arrebatado. Es oriunda de Villa Carlos, donde se recibió de masoterapeuta, y su idea era “ir y volver”. No fue así, se quedó en Comodoro y estrechó vínculos con esa hija recuperada.

 

En la ciudad petrolera, trabajó como masoterapeuta, brindó capacitaciones, dio cursos y se perfeccionó en estética y cosmiatría, empleando aparatología de avanzada para los tratamientos de belleza de sus clientas.

 

Pudo abrir su propio Centro de Estética y le iba muy bien. Con el tiempo, su hijo Hernán llegó de Córdoba y se instaló en Epuyén. Este joven es artesano en madera y construye muebles rústicos.

 

“Cuando mi hijo compró el terreno y se radicó en Epuyén hace tres años, me invitó a vivir con él. Yo le decía que esto lo haría cuando fuera una ancianita. En el 2019 fui víctima de la inseguridad en Comodoro, entonces vendí todo y me vine a vivir a Epuyén en diciembre de ese año”.

 

Vendió sus equipos de masoterapia y todo lo vinculado a la estética y belleza, pero una ex alumna suya “abrió un espacio y yo iba una vez al mes a Comodoro a trabajar y atender a mis clientas, dando turnos y organizando nuevas capacitaciones, me quedaba tres o cuatro días en Comodoro”.

 

EL AISLAMIENTO

 

Hasta “que llegó el 12 de marzo de 2020, fecha que no me voy a olvidar más, cuando se anunciaba que el país iba a entrar en cuarentena. A mí se me derrumbó el mundo, con 57 años, siempre trabajando en lo mío, pudiendo vivir bien de mi trabajo que me daba tranquilidad económica.

“Yo tenía agenda completa hasta Mayo de 2020. Ya tenía los pasajes para volver el 25 de marzo a Comodoro”.

 

En lo que respecta a su oficio “no podía remotamente pensar que iba a volver a trabajar”.

 

REINVENTARSE

 

Beatriz dice de sí misma que siempre se reinventó. Es madre soltera. Dejó su Villa Carlos Paz para radicarse en el Sur; se mudó de una ciudad grande a las montañas.

 

Y estudió y se formó en una profesión que, en pandemia, no era del rubro esencial. Desde joven “siempre me re-inventé. Pero tener 57 años en pandemia y aislamiento, más una enfermedad autoinmune, cero negativo. Y es como que no le encontraba la salida”. A pesar de “vivir en Epuyén, con huerta, animales y un bosque”.

 

“Pasaba noches enteras llorando, mis ojos ya no daban más de lo hinchados que estaban. Le pedía al Universo que me ayude.. me decía “Dios mío, y ahora qué hago?”. Fue todo muy triste”, contó.

 

AL LAGO BONITO

 

Su hijo “me veía mal y me abrazaba; él tenía trabajo. Yo estaba aislada y triste; se me cerraron las puertas, mi enfermedad y mi edad, eso sentí… tristeza e incertidumbre”.

Un día “mi hijo me dijo que vayamos al Lago Epuyén, y fuimos a Puerto Bonito. Miraba las montañas, miraba el azul del agua y el paisaje. Estaba parada sobre muchas piedras. Miré abajo y agarré piedras de todos colores, chiquititas.

 

“Conseguí una bolsita en la mochila de mi hijo y me traje las piedritas”, recordó. Cuando llegó a la casa “agarré unas latitas que no sé para qué las guardé y le pedí pegamento a mi hijo. Ahí empecé a pegar piedritas en las latas”.

 

Dijo Beatriz que ya había perdido interés por todo. Por la vida. Y recordó que su hijo se alegró cuando la vio pegando piedritas en la lata. 

 

RECICLAR

 

Así, con ese puñado de piedritas, Beatriz volvió a empezar. Luego “armé portatés con cajas tetra de jugos; los conos del papel film se transformaron en porta-sahumerios, empecé a hacer cajas, mi hijo me cortó troncos y arriba les puse latas de leche y se transformaron en domos…

“Empecé a crear objetos con forma de casas o castillos y todo lo que hago es de utilidad para la casa, incorporé a mis trabajos porcelana fría… Subí a Face algunas de las cosas que hago, y hubo gente de la Comarca que empezó a ver mis trabajos y me contactaron para comprar”.

 

Hay gente “que viene a comprar, una señora que tiene un bazar en El Maitén es mi clienta y le mando mercadería”. Beatriz volvió a empezar. Dejó los tratamientos de bótox, lifting, y belleza corporal; pero la belleza está ahora en lo que crea, en los detalles y en el cariño que pone… “Hasta dejé mi look de pelo corto y rubio y soy artesana, volví a empezar una vez más en mi vida y el puñadito de piedras me ayudó a crear”.

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Gracias a un puñado de piedras del lago, volvió a trabajar y sonreír

El desafío de reinventarse y volver a empezar para seguir soñando.

Hace exactamente un año, cuando el brote de Covid-19 le cambió la vida al planeta, hubo muchas personas que tuvieron que reinventarse, volver a aprender, volver a generar, pensar, repensar, a sobrevivir, a readaptarse...

 

En el caso de Beatriz Carreño, una cordobesa que tiene a su hijo, Hernán Matías, viviendo en La Rinconada, sector rural de Epuyén, tuvo que volver a empezar a los 57 años. 

Y volvió a comenzar gracias al bellísimo espejo de agua que tiene esa localidad de la Comarca Andina: el Lago Epuyén. Unas piedras que habían en la orilla la inspiraron para arrancar otra vez y descubrió que con sus manos puede crear: se convirtió en artesana y manualera, y tiene clientes en toda la Comarca Andina. Y recicla.

 

“Gracias a la pandemia y a un puñado de piedras del Lago Epuyén descubrí lo que mis manos pueden hacer”, dijo.

 

En diálogo con EL CHUBUT, Beatriz contó que llegó a la provincia en el año 2010, radicándose en Comodoro Rivadavia, para reencontrarse con una hija que le habían arrebatado. Es oriunda de Villa Carlos, donde se recibió de masoterapeuta, y su idea era “ir y volver”. No fue así, se quedó en Comodoro y estrechó vínculos con esa hija recuperada.

 

En la ciudad petrolera, trabajó como masoterapeuta, brindó capacitaciones, dio cursos y se perfeccionó en estética y cosmiatría, empleando aparatología de avanzada para los tratamientos de belleza de sus clientas.

 

Pudo abrir su propio Centro de Estética y le iba muy bien. Con el tiempo, su hijo Hernán llegó de Córdoba y se instaló en Epuyén. Este joven es artesano en madera y construye muebles rústicos.

 

“Cuando mi hijo compró el terreno y se radicó en Epuyén hace tres años, me invitó a vivir con él. Yo le decía que esto lo haría cuando fuera una ancianita. En el 2019 fui víctima de la inseguridad en Comodoro, entonces vendí todo y me vine a vivir a Epuyén en diciembre de ese año”.

 

Vendió sus equipos de masoterapia y todo lo vinculado a la estética y belleza, pero una ex alumna suya “abrió un espacio y yo iba una vez al mes a Comodoro a trabajar y atender a mis clientas, dando turnos y organizando nuevas capacitaciones, me quedaba tres o cuatro días en Comodoro”.

 

EL AISLAMIENTO

 

Hasta “que llegó el 12 de marzo de 2020, fecha que no me voy a olvidar más, cuando se anunciaba que el país iba a entrar en cuarentena. A mí se me derrumbó el mundo, con 57 años, siempre trabajando en lo mío, pudiendo vivir bien de mi trabajo que me daba tranquilidad económica.

“Yo tenía agenda completa hasta Mayo de 2020. Ya tenía los pasajes para volver el 25 de marzo a Comodoro”.

 

En lo que respecta a su oficio “no podía remotamente pensar que iba a volver a trabajar”.

 

REINVENTARSE

 

Beatriz dice de sí misma que siempre se reinventó. Es madre soltera. Dejó su Villa Carlos Paz para radicarse en el Sur; se mudó de una ciudad grande a las montañas.

 

Y estudió y se formó en una profesión que, en pandemia, no era del rubro esencial. Desde joven “siempre me re-inventé. Pero tener 57 años en pandemia y aislamiento, más una enfermedad autoinmune, cero negativo. Y es como que no le encontraba la salida”. A pesar de “vivir en Epuyén, con huerta, animales y un bosque”.

 

“Pasaba noches enteras llorando, mis ojos ya no daban más de lo hinchados que estaban. Le pedía al Universo que me ayude.. me decía “Dios mío, y ahora qué hago?”. Fue todo muy triste”, contó.

 

AL LAGO BONITO

 

Su hijo “me veía mal y me abrazaba; él tenía trabajo. Yo estaba aislada y triste; se me cerraron las puertas, mi enfermedad y mi edad, eso sentí… tristeza e incertidumbre”.

Un día “mi hijo me dijo que vayamos al Lago Epuyén, y fuimos a Puerto Bonito. Miraba las montañas, miraba el azul del agua y el paisaje. Estaba parada sobre muchas piedras. Miré abajo y agarré piedras de todos colores, chiquititas.

 

“Conseguí una bolsita en la mochila de mi hijo y me traje las piedritas”, recordó. Cuando llegó a la casa “agarré unas latitas que no sé para qué las guardé y le pedí pegamento a mi hijo. Ahí empecé a pegar piedritas en las latas”.

 

Dijo Beatriz que ya había perdido interés por todo. Por la vida. Y recordó que su hijo se alegró cuando la vio pegando piedritas en la lata. 

 

RECICLAR

 

Así, con ese puñado de piedritas, Beatriz volvió a empezar. Luego “armé portatés con cajas tetra de jugos; los conos del papel film se transformaron en porta-sahumerios, empecé a hacer cajas, mi hijo me cortó troncos y arriba les puse latas de leche y se transformaron en domos…

“Empecé a crear objetos con forma de casas o castillos y todo lo que hago es de utilidad para la casa, incorporé a mis trabajos porcelana fría… Subí a Face algunas de las cosas que hago, y hubo gente de la Comarca que empezó a ver mis trabajos y me contactaron para comprar”.

 

Hay gente “que viene a comprar, una señora que tiene un bazar en El Maitén es mi clienta y le mando mercadería”. Beatriz volvió a empezar. Dejó los tratamientos de bótox, lifting, y belleza corporal; pero la belleza está ahora en lo que crea, en los detalles y en el cariño que pone… “Hasta dejé mi look de pelo corto y rubio y soy artesana, volví a empezar una vez más en mi vida y el puñadito de piedras me ayudó a crear”.

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