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El desorden educativo provincial

Las últimas determinaciones adoptadas por el Gobierno del Chubut nos obligan a manifestarnos sobre una de las funciones más importante que tiene el Estado provincial, a tal punto que su incumplimiento o desatención es una de las causales para una intervención federal.

Luis López Salaberry

Me estoy refiriendo a la educación y, centrando la cuestión, en la obligación del Estado y el derecho del alumno. Independientemente de ello, el manejo que se ha realizado desde los despachos oficiales sobre el derecho a la huelga, que han practicado los sectores docentes, demuestra la inoperancia en la resolución de temas de sensible impacto sobre la persona humana.
Nadie puede dudar hoy que el conocimiento es uno de los factores básicos para desenvolverse, no solo en el mundo moderno, sino también para contribuir al mejoramiento en la autonomía personal y social. Viendo las consecuencias que la paralización del sistema formal ha tenido en la Provincia, y la falta de imaginación y gestión de los sectores de la dirigencia política, educativa y gremial, surge el discurso hipócrita, respecto al respeto por los derechos humanos, que precisamente en la educación lo tiene al alumno como sujeto principal. 
Promover automáticamente como se pretende es no respetar los derechos humanos.  No es del Estado la obligación de otorgar meramente un título sino entregar conocimientos mediante instrumentos especiales, en los cuales el maestro adquiere una dimensión social de envergadura. En la Provincia queda demostrado que en distintas áreas, pero principalmente en la educativa, se ha negado a la Constitución y a las leyes a las que nos debemos, atentos conformar una sociedad que debe respetarla. Esta es una condición necesaria del pacto social y poco margen le queda al individuo cuando es el propio Estado el que incumple las leyes. El daño que se produce con tal incumplimiento nunca se puede luego remediar porque es precisamente en el aula, en la educación formal, donde se pone a prueba cualquier plan o programa que se pretenda aplicar. En el fondo nunca puede escindirse educación y sociedad y es por eso que se necesita la preocupación intelectual seria, no solo para las grandes cuestiones de la educación y el diseño de fórmulas que impliquen orientaciones factibles y concretas, sino algo mucho más elemental y que se ha negado al no haberlo intentado. Quienes pretenden ocultar las consecuencias son los hacedores de inmensas frustraciones anónimas que seguirán formando filas de aquellos que le pierden el ritmo a las realidades y que se le imponen como inalcanzables. Allí están los generadores de la pobreza, que castigan a la población a una postergación y seguramente luego se quejarán de que una élite sea la que conduzca la sociedad, sin reconocer que son los culpables de la postergación de sus propios hijos. 
Sin educación no solamente hay pobreza sino que se la alimenta aún más y creer que con promociones automáticas se está respetando el derecho a educar y  ser educado se está cometiendo uno de los errores que afectan a la libertad y a la igualdad de oportunidades. El año 2018 y 2019 nos ha demostrado que en la Provincia del Chubut el sistema está jaqueado. Que no hay jornada pedagógica que sirva, que no se han fijado objetivos, que la existencia de un ministerio es solo una fachada para albergar una burocracia que se retroalimenta permanentemente y que lo que menos ha importado ha sido el alumno como resultado de una acción pedagógica y académica, aún en las instituciones de formación docente lo que es muy grave. Y aquí no hacemos abstracciones por cuanto de lo que estoy reflexionando es de nuestra educación, de la educación provincial que resume sin lugar a dudas la crisis más profunda y más abarcativa que se recuerde. El daño ya está hecho. Los responsables sabemos quienes son. Insisto, no se trata de un elemento de laboratorio, nítido y aislado, químicamente puro -la pedagogía pura- sino de lo que ha ocurrido paredes para adentro de la escuela cuyo resultado hoy observamos. En ese aspecto podríamos decir que al Ministerio de Educación le ha quedado grande el nombre y demasiado pomposo por cuanto en rigor no ha sido más que un Ministerio de Escuelas tambaleantes, perdiendo de vista al modelo sustantivo, a nuevos horizontes y las nuevas estructuras que posibiliten el aprovechamiento de las potencialidades materiales y espirituales de los chubutenses dentro del marco nacional. Si este es el camino para salir de la crisis estamos absolutamente equivocados.

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El desorden educativo provincial

Las últimas determinaciones adoptadas por el Gobierno del Chubut nos obligan a manifestarnos sobre una de las funciones más importante que tiene el Estado provincial, a tal punto que su incumplimiento o desatención es una de las causales para una intervención federal.

Me estoy refiriendo a la educación y, centrando la cuestión, en la obligación del Estado y el derecho del alumno. Independientemente de ello, el manejo que se ha realizado desde los despachos oficiales sobre el derecho a la huelga, que han practicado los sectores docentes, demuestra la inoperancia en la resolución de temas de sensible impacto sobre la persona humana.
Nadie puede dudar hoy que el conocimiento es uno de los factores básicos para desenvolverse, no solo en el mundo moderno, sino también para contribuir al mejoramiento en la autonomía personal y social. Viendo las consecuencias que la paralización del sistema formal ha tenido en la Provincia, y la falta de imaginación y gestión de los sectores de la dirigencia política, educativa y gremial, surge el discurso hipócrita, respecto al respeto por los derechos humanos, que precisamente en la educación lo tiene al alumno como sujeto principal. 
Promover automáticamente como se pretende es no respetar los derechos humanos.  No es del Estado la obligación de otorgar meramente un título sino entregar conocimientos mediante instrumentos especiales, en los cuales el maestro adquiere una dimensión social de envergadura. En la Provincia queda demostrado que en distintas áreas, pero principalmente en la educativa, se ha negado a la Constitución y a las leyes a las que nos debemos, atentos conformar una sociedad que debe respetarla. Esta es una condición necesaria del pacto social y poco margen le queda al individuo cuando es el propio Estado el que incumple las leyes. El daño que se produce con tal incumplimiento nunca se puede luego remediar porque es precisamente en el aula, en la educación formal, donde se pone a prueba cualquier plan o programa que se pretenda aplicar. En el fondo nunca puede escindirse educación y sociedad y es por eso que se necesita la preocupación intelectual seria, no solo para las grandes cuestiones de la educación y el diseño de fórmulas que impliquen orientaciones factibles y concretas, sino algo mucho más elemental y que se ha negado al no haberlo intentado. Quienes pretenden ocultar las consecuencias son los hacedores de inmensas frustraciones anónimas que seguirán formando filas de aquellos que le pierden el ritmo a las realidades y que se le imponen como inalcanzables. Allí están los generadores de la pobreza, que castigan a la población a una postergación y seguramente luego se quejarán de que una élite sea la que conduzca la sociedad, sin reconocer que son los culpables de la postergación de sus propios hijos. 
Sin educación no solamente hay pobreza sino que se la alimenta aún más y creer que con promociones automáticas se está respetando el derecho a educar y  ser educado se está cometiendo uno de los errores que afectan a la libertad y a la igualdad de oportunidades. El año 2018 y 2019 nos ha demostrado que en la Provincia del Chubut el sistema está jaqueado. Que no hay jornada pedagógica que sirva, que no se han fijado objetivos, que la existencia de un ministerio es solo una fachada para albergar una burocracia que se retroalimenta permanentemente y que lo que menos ha importado ha sido el alumno como resultado de una acción pedagógica y académica, aún en las instituciones de formación docente lo que es muy grave. Y aquí no hacemos abstracciones por cuanto de lo que estoy reflexionando es de nuestra educación, de la educación provincial que resume sin lugar a dudas la crisis más profunda y más abarcativa que se recuerde. El daño ya está hecho. Los responsables sabemos quienes son. Insisto, no se trata de un elemento de laboratorio, nítido y aislado, químicamente puro -la pedagogía pura- sino de lo que ha ocurrido paredes para adentro de la escuela cuyo resultado hoy observamos. En ese aspecto podríamos decir que al Ministerio de Educación le ha quedado grande el nombre y demasiado pomposo por cuanto en rigor no ha sido más que un Ministerio de Escuelas tambaleantes, perdiendo de vista al modelo sustantivo, a nuevos horizontes y las nuevas estructuras que posibiliten el aprovechamiento de las potencialidades materiales y espirituales de los chubutenses dentro del marco nacional. Si este es el camino para salir de la crisis estamos absolutamente equivocados.

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