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Detrás de las palabras

COMO MIGRANTES. Si estuviéramos en un recinto y les pidiera que levantaran la mano a todos aquellos que descienden de inmigrantes o son inmigrantes imagino que la mayoría de esas manos estarían levantadas, tal vez como banderas que buscan flamear.

Elida Fernandez

Pronunciar la palabra «migración», es fuerte; nos conmueve porque en realidad se mueven nuestros andamios que son raíz y rama de este devenir histórico. Migrar es una forma de mudanza, como un pasaje donde uno «pasa» de un lado a otro, y   va cambiando cosas del adentro y del afuera… esto lo lleva, esto lo deja…como rima de sorteo… le toca, no le toca, y tiene que decidir.
Cuánto cuesta la vida cuando va sin uno!! Dejar cosas atrás, dejarlas ir, o tal vez dejar ir esa parte de uno que se queda allí, abrazada al calor de ese recuerdo, al fin y al cabo ese fue su tiempo, ese que hizo suyo… y empieza a sentir entre sus dedos como cuentas de rosario, miedo, una incertidumbre que no sabe dónde lo lleva, ese color difuso del dolor y la nostalgia que se le instala a uno en el medio del cuerpo pero hay que seguir. Ese es el desafío, entonces se arma de coraje, queda tanto horizonte sin saber…y busca en su interior ese entusiasmo que le queda, ese «casi dios» dentro suyo que lo anima a seguir adelante porque quien migra va fundamentalmente detrás de algo, un algo con forma de ilusión.
Porque si uno no puede cambiar una situación, aún nos queda el desafío de cambiarnos a nosotros mismos y allí nos embarcamos, buscando poner proa a nuevos sentidos donde anclar. La «nueva normalidad» hoy nos golpea la puerta, nos pide cambios, migrar de formas , de estilos, de valoraciones…y nos sentimos despojados,  como separados en partes intentando andar  otros pasos ,  nunca tan cerca esas palabras de Atahualpa « tira el caballo delante y el alma tira pa atrás», metáfora que ilustra nuestro sentimiento porque vamos empujados por una realidad que no elegimos, o no supimos ver que estábamos ´propiciando, y hoy nos amenaza,  nos angustia… en este andar  peregrino,  desterrados en nuestro territorio,  algo de lo que era ya no va a ser…¿  para siempre? ¿Por un tiempo???¿Quién lo puede decir??? 
Vaya herida narcisista!...  Cuando creíamos tener casi todas las respuestas el universo nos cambia las preguntas… y sobre el paso nomás, sin ensayo previo es necesario armarnos de otra manera, bajo otras premisas,   reconociendo nuevas fronteras donde sea posible un «poder hacer» que nos determine como un «nuevo ser» en estas circunstancias. Pareciera ser que el despojarnos de tanta parafernalia que nos provoca, fuera el gran  desafío… hemos visto que hace «falta « tan poco para vivir… y ahí, cerquita,  hay quienes transitan tanta falta para sobrevivir… tal vez sería bueno ir pensando que  no serán las condiciones o circunstancias  quienes determinen quienes somos, sino nuestras propias decisiones en torno a ellas. 
Tal vez la omnipotencia nos ha traído hasta estas aguas, donde nuevas olas configuran la rompiente, y ahí vamos,  cuerpos atravesados por  sentimientos contradictorios cargando  calladas procesiones, con barbijos y variados estandartes, invocando a la buena ventura, cruzando los dedos y pidiendo a la ciencia… haciendo tal vez flamear las manos para ser vistos,  bien parece que «para crecer hay que cambiar de vida/ volver a nacer…/ llenar el alma de ilusiones nuevas/ cambiar el aire para después…».
 

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Detrás de las palabras

COMO MIGRANTES. Si estuviéramos en un recinto y les pidiera que levantaran la mano a todos aquellos que descienden de inmigrantes o son inmigrantes imagino que la mayoría de esas manos estarían levantadas, tal vez como banderas que buscan flamear.

Pronunciar la palabra «migración», es fuerte; nos conmueve porque en realidad se mueven nuestros andamios que son raíz y rama de este devenir histórico. Migrar es una forma de mudanza, como un pasaje donde uno «pasa» de un lado a otro, y   va cambiando cosas del adentro y del afuera… esto lo lleva, esto lo deja…como rima de sorteo… le toca, no le toca, y tiene que decidir.
Cuánto cuesta la vida cuando va sin uno!! Dejar cosas atrás, dejarlas ir, o tal vez dejar ir esa parte de uno que se queda allí, abrazada al calor de ese recuerdo, al fin y al cabo ese fue su tiempo, ese que hizo suyo… y empieza a sentir entre sus dedos como cuentas de rosario, miedo, una incertidumbre que no sabe dónde lo lleva, ese color difuso del dolor y la nostalgia que se le instala a uno en el medio del cuerpo pero hay que seguir. Ese es el desafío, entonces se arma de coraje, queda tanto horizonte sin saber…y busca en su interior ese entusiasmo que le queda, ese «casi dios» dentro suyo que lo anima a seguir adelante porque quien migra va fundamentalmente detrás de algo, un algo con forma de ilusión.
Porque si uno no puede cambiar una situación, aún nos queda el desafío de cambiarnos a nosotros mismos y allí nos embarcamos, buscando poner proa a nuevos sentidos donde anclar. La «nueva normalidad» hoy nos golpea la puerta, nos pide cambios, migrar de formas , de estilos, de valoraciones…y nos sentimos despojados,  como separados en partes intentando andar  otros pasos ,  nunca tan cerca esas palabras de Atahualpa « tira el caballo delante y el alma tira pa atrás», metáfora que ilustra nuestro sentimiento porque vamos empujados por una realidad que no elegimos, o no supimos ver que estábamos ´propiciando, y hoy nos amenaza,  nos angustia… en este andar  peregrino,  desterrados en nuestro territorio,  algo de lo que era ya no va a ser…¿  para siempre? ¿Por un tiempo???¿Quién lo puede decir??? 
Vaya herida narcisista!...  Cuando creíamos tener casi todas las respuestas el universo nos cambia las preguntas… y sobre el paso nomás, sin ensayo previo es necesario armarnos de otra manera, bajo otras premisas,   reconociendo nuevas fronteras donde sea posible un «poder hacer» que nos determine como un «nuevo ser» en estas circunstancias. Pareciera ser que el despojarnos de tanta parafernalia que nos provoca, fuera el gran  desafío… hemos visto que hace «falta « tan poco para vivir… y ahí, cerquita,  hay quienes transitan tanta falta para sobrevivir… tal vez sería bueno ir pensando que  no serán las condiciones o circunstancias  quienes determinen quienes somos, sino nuestras propias decisiones en torno a ellas. 
Tal vez la omnipotencia nos ha traído hasta estas aguas, donde nuevas olas configuran la rompiente, y ahí vamos,  cuerpos atravesados por  sentimientos contradictorios cargando  calladas procesiones, con barbijos y variados estandartes, invocando a la buena ventura, cruzando los dedos y pidiendo a la ciencia… haciendo tal vez flamear las manos para ser vistos,  bien parece que «para crecer hay que cambiar de vida/ volver a nacer…/ llenar el alma de ilusiones nuevas/ cambiar el aire para después…».
 

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