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Miseria humana

El escándalo por la distribución de las vacunas para protegerse del coronavirus ha demostrado una vez más como brotan las miserias humanas, cuando de «sálvese quien pueda» se trata, y nos recuerda como algunos humanos en muchos casos de crisis arrastran su mal comportamiento. Y en esto debemos pensar que nada nuevo hay bajo el Sol.

Emilio Balado

 Basta recordar al Titanic y a quienes se quedaban con los salvavidas y el lugar en los botes, o tal vez sin ir tan lejos el que intenta filtrarse en cualquier fila por cualquier motivo. Los ejemplos desde ya que son infinitos, lo que solo muestra la faceta de algunos transgresores que sin importarle el prójimo solo piensan en sí mismos.
 Traer a la mente los ejemplos de innumerables personajes que hicieron tan bien a la humanidad y en algunos casos hasta dieron la vida para sustentar su pensamiento, no es más que recordarles a los desaprensivos cuál es la esencia de la vida en comunidad y solidaridad, valores que solo pueden encontrarse en quienes tienen amor por el prójimo y aportan a un mundo mejor.
El descontrol (o quizás no) en la vacunación de personajes y funcionarios, por sobre las necesidad de los que realmente son prioridad en la escala de valores, personal de sanidad, fuerzas de seguridad, docentes y mayores en riesgo, ha sido superado por la miseria humana que permitió los desvíos caprichosos, a tal punto que doctores y enfermeras manifestaban que no habían obtenido la vacuna correspondiente en lugares donde se atendió a personas ajenas a la escala de prioridades. Desde ya que solo pensar en jóvenes vacunados que supuestamente tienen abuelos que no fueron tratados nos está demostrando hasta donde llega la miseria.
 Indudablemente los responsables de todo esto también piensan «en sálvese quien pueda» y ya esgrimen argumentos, que desde ya no conforman al grueso de la población pensante, pero como en todos los órdenes de la vida y como ya hemos visto tantas veces, los intereses sobrepasan a la racionalidad y una vez más vemos con tristeza como el pueblo (ese que debería haber aprendido como se vota) nuevamente ve frustrado el ejercicio de algo tan transparente como ser  el respeto por el individuo. 
La pandemia avanza, aunque ya estemos cansados de tan larga espera de lo normal y las expectativas aún son inciertas. Esperemos que los que tienen la responsabilidad cívica de protegernos, hagan eso, entonces nos sentiremos realmente cubiertos por quienes tienen que hacerlo.
 

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Miseria humana

El escándalo por la distribución de las vacunas para protegerse del coronavirus ha demostrado una vez más como brotan las miserias humanas, cuando de «sálvese quien pueda» se trata, y nos recuerda como algunos humanos en muchos casos de crisis arrastran su mal comportamiento. Y en esto debemos pensar que nada nuevo hay bajo el Sol.

 Basta recordar al Titanic y a quienes se quedaban con los salvavidas y el lugar en los botes, o tal vez sin ir tan lejos el que intenta filtrarse en cualquier fila por cualquier motivo. Los ejemplos desde ya que son infinitos, lo que solo muestra la faceta de algunos transgresores que sin importarle el prójimo solo piensan en sí mismos.
 Traer a la mente los ejemplos de innumerables personajes que hicieron tan bien a la humanidad y en algunos casos hasta dieron la vida para sustentar su pensamiento, no es más que recordarles a los desaprensivos cuál es la esencia de la vida en comunidad y solidaridad, valores que solo pueden encontrarse en quienes tienen amor por el prójimo y aportan a un mundo mejor.
El descontrol (o quizás no) en la vacunación de personajes y funcionarios, por sobre las necesidad de los que realmente son prioridad en la escala de valores, personal de sanidad, fuerzas de seguridad, docentes y mayores en riesgo, ha sido superado por la miseria humana que permitió los desvíos caprichosos, a tal punto que doctores y enfermeras manifestaban que no habían obtenido la vacuna correspondiente en lugares donde se atendió a personas ajenas a la escala de prioridades. Desde ya que solo pensar en jóvenes vacunados que supuestamente tienen abuelos que no fueron tratados nos está demostrando hasta donde llega la miseria.
 Indudablemente los responsables de todo esto también piensan «en sálvese quien pueda» y ya esgrimen argumentos, que desde ya no conforman al grueso de la población pensante, pero como en todos los órdenes de la vida y como ya hemos visto tantas veces, los intereses sobrepasan a la racionalidad y una vez más vemos con tristeza como el pueblo (ese que debería haber aprendido como se vota) nuevamente ve frustrado el ejercicio de algo tan transparente como ser  el respeto por el individuo. 
La pandemia avanza, aunque ya estemos cansados de tan larga espera de lo normal y las expectativas aún son inciertas. Esperemos que los que tienen la responsabilidad cívica de protegernos, hagan eso, entonces nos sentiremos realmente cubiertos por quienes tienen que hacerlo.
 

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