25 de noviembre de 2004: El día que Alumni se abrazó al cielo
Por: Gustavo Gómez
por REDACCIÓN CHUBUT 25/11/2024 - 00.00.hs
Aquel 25 de noviembre de 2004, el estadio Raúl Conti fue testigo de algo más que un partido de fútbol. Fue el día en que Alumni selló su nombre en la historia grande del fútbol valletano, con la consagración en Primera A que tanto había esperado y que, hasta hoy, sigue siendo única e inolvidable.
El rival era nada menos que su clásico, Alianza Fontana Oeste. El ambiente vibraba con el pulso de dos hinchadas que llenaban las gradas con aliento, banderas y una tensión casi palpable. Alumni llegó al primer partido decidido a quedarse con todo, y cuando el árbitro marcó el inicio, todo fue entrega. En un primer tiempo reñido, Walter Jofré desató la alegría del “tricolor” con un gol al filo de los 44 minutos. Su gente explotó. Y ya en la segunda mitad, Lucas Bastiani, a los 12 minutos, selló el 2-0 que les daría la ventaja crucial para afrontar la revancha.
Pero Alianza no pensaba entregarse fácilmente. En el segundo partido, sabiendo que tenía que remontar, salió a atacar con toda su artillería. Apenas comenzaba el encuentro cuando Pablo Proboste logró marcar, encendiendo la esperanza de revertir la serie.
Y entonces, como si el destino mismo hubiera decidido intervenir, Carlos Mariño hizo su jugada. Con apenas seis minutos transcurridos desde el gol de Alianza, tomó la pelota y, desde afuera del área, lanzó un disparo que voló como un rayo, imparable, directo a la red. Un silencio breve y después, la euforia. El gol de Mariño fue mucho más que un punto en el marcador; fue el golpe definitivo, el mensaje de que Alumni estaba dispuesto a escribir su propio capítulo de gloria.
La campaña que los había llevado hasta allí no había sido fácil. Alumni comenzó con una goleada soñada, un 6-0 frente a Deportivo Madryn, que parecía anunciar la llegada de un equipo indomable. Pero dos derrotas consecutivas contra Independiente y CAI pusieron en duda ese camino ideal. Fue en ese momento cuando Juan Carlos Ochoa, el técnico, ajustó las piezas y dio forma al grupo. Tres victorias al hilo ante Brown, Germinal y Racing los impulsaron directo a la final, y allí, en el cruce definitivo, el equipo no defraudó.
El plantel estaba lleno de nombres que hoy son leyendas para el club: Alan Del Rio, Mauricio Gómez, Dardo Cabito, Lucas Bastiani, Walter Jofre, y el héroe de aquella final, Carlos Mariño. Junto a ellos, Jorge Chiquichano, Jonathan Aciar, Daniel Gómez, Pablo Revuelta, Juan Giunta, Claudio Jaramillo, Albano Volpi, Mauricio Martínez, Claudio Paillalevis, Mario Pérez, Martín Acevedo, Franco Lastra, Alejandro Ferreyra, David Quiñenao y Maximiliano Fernández dieron lo mejor de sí, formando un equipo que supo unir esfuerzos.
Cuando el árbitro marcó el final, no solo se desató la alegría: fue una explosión de emoción contenida, un grito que llevaba décadas en los corazones de jugadores, técnicos e hinchas. Alumni había abrazado el cielo, y el título de 2004 quedó marcado como una joya, un recordatorio de que, a veces, en el fútbol como en la vida, la gloria llega en el momento justo.
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