Ni invasoras ni peligrosas: científicos locales analizan la floración de las medusas en las playas de Madryn
La aparición masiva de ejemplares en el Golfo Nuevo responde a un proceso biológico natural potenciado por las corrientes y la abundancia de alimento. Especialistas del CSIMAR identificaron a la especie como Chrysaora plocamia y aclararon que, aunque su contacto produce ardor, no representa un peligro de gravedad para los bañistas.
por REDACCIÓN CHUBUT 02/01/2026 - 20.14.hs
La reciente llegada de una gran cantidad de medusas a las playas de Puerto Madryn generó diversas dudas en la comunidad, lo que motivó una aclaración científica para contextualizar este evento ambiental. Según explicó el investigador Pedro Barón, del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CSIMAR), este fenómeno se debe a la floración masiva de la especie Chrysaora plocamia, un organismo que habita históricamente la región. El experto señaló que la combinación de una alta disponibilidad de plancton y la influencia de los vientos del norte ha facilitado que estas poblaciones se concentren en la zona costera, recordando que son parte esencial del ecosistema marino local.
Biología y ciclo de vida
La Chrysaora plocamia es una medusa escifozoa que posee un ciclo vital dividido en dos etapas. Durante los meses fríos, el organismo permanece en forma de pólipo microscópico adherido a las rocas del fondo marino. Con el inicio de la primavera y la mejora en las condiciones alimenticias, estos pólipos liberan larvas que se transforman rápidamente en las medusas visibles que hoy se encuentran en el mar.
Este crecimiento poblacional está directamente vinculado a la cadena alimenticia: «Cuando hay buena disponibilidad de comida, sobreviven muchas larvas y se forman grandes poblaciones que pueden verse en la costa hasta marzo», precisó Barón. Además, factores meteorológicos como el viento norte actúan como el motor que empuja a estos ejemplares hacia la orilla, donde finalmente encallan y mueren, ya que no pueden subsistir fuera del medio acuático.
Presencia histórica y seguridad
Desde la perspectiva ambiental, se subrayó que no se trata de una invasión, sino de una especie endémica con registros de floraciones importantes desde la década de 1990, con un incremento notable en su frecuencia a partir del año 2017.
En cuanto a la salud pública, el investigador llevó tranquilidad al sector turístico y a los residentes al confirmar que no es una especie de alta peligrosidad. El contacto con sus filamentos puede desencadenar escozor, ardor o reacciones alérgicas leves. Ante un incidente, las recomendaciones oficiales incluyen:
- Extraer los restos de filamentos utilizando una tarjeta plástica o pinzas, evitando el contacto directo con las manos.
- Aplicar vinagre o hielo sobre la zona afectada para neutralizar el dolor.
- En caso de persistencia de los síntomas, utilizar cremas con hidrocortisona o consultar a un profesional médico.
Finalmente, el especialista enfatizó que estos organismos han habitado los océanos por millones de años y su presencia es un signo del funcionamiento natural del sistema marino. «No hay que alarmarse, sino informarse y actuar con precaución», concluyó Barón, instando a la convivencia respetuosa con la fauna autóctona durante la temporada estival.
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