Puerto Madryn

¿A dónde van las ballenas en el verano y por qué importa saberlo?

Al finalizar la temporada de reproducción en Península Valdés, las ballenas francas australes no desaparecen. Se redistribuyen en el Atlántico Sur, recorren distintos ambientes marinos y se alimentan de presas clave para recuperar energía. Seguir esos movimientos permite comprender su ciclo anual completo y pensar la conservación más allá de la costa.

por REDACCIÓN CHUBUT 03/01/2026 - 21.30.hs

Cada verano, cuando las ballenas francas australes empiezan a alejarse de las aguas tranquilas de Península Valdés, se abre una etapa menos visible de su historia anual. Ya no están a la vista desde la costa ni acompañando a sus crías, pero siguen allí, moviéndose por el océano. No se van todas al mismo lugar ni al mismo tiempo: se dispersan, eligen rutas distintas y aprovechan ambientes marinos diversos para alimentarse y recuperar energía.

 

El monitoreo satelital de esta temporada permitió reconstruir ese mapa silencioso. Aunque todas las ballenas parten desde el mismo sitio de reproducción y crianza, no todas siguen el mismo camino ni llegan al mismo destino al mismo tiempo. Los datos muestran que, una vez finalizada la etapa reproductiva, las ballenas se distribuyen principalmente en tres grandes ambientes marinos: la plataforma continental, el talud continental y, en menor medida, regiones subantárticas y oceánicas del Atlántico Sur.

 

Estos ambientes no son intercambiables. Cada uno cumple una función distinta dentro del ciclo anual de la ballena franca austral. La mayor parte de los individuos monitoreados utilizó la plataforma continental y el talud, zonas altamente productivas donde pueden permanecer alimentándose durante semanas o incluso meses. Un grupo más reducido avanzó hacia latitudes más australes, alcanzando regiones oceánicas profundas y sistemas de islas del Atlántico Sur, donde las condiciones ambientales y la oferta de alimento son diferentes.

 

Lejos de la costa, el océano se presenta como un mosaico de usos. El seguimiento satelital dejó en evidencia que la ballena franca austral no realiza una migración uniforme, sino que hace un uso flexible y dinámico del mar, ajustando sus movimientos según las condiciones ambientales y la disponibilidad de alimento. Algunas ballenas aprovechan primero las zonas más cercanas, mientras que otras continúan viaje hacia el sur, conectando ambientes costeros con regiones oceánicas lejanas.

 

En esta etapa del año, el objetivo principal es claro: recuperar energía. Tras el período de reproducción y crianza, las ballenas necesitan alimentarse intensamente para reponer reservas. Para eso buscan presas pequeñas, pero muy nutritivas, que se concentran en grandes cantidades y permiten una alimentación eficiente con bajo esfuerzo.

 

En la plataforma continental y el talud, la dieta se basa principalmente en copépodos. Estos diminutos organismos del zooplancton son ricos en grasa y altamente energéticos. En estas aguas productivas, los copépodos alcanzan tamaños y concentraciones ideales para la alimentación por filtración. Aunque casi invisibles a simple vista, representan una fuente fundamental de energía para las ballenas durante el verano.

 

En las regiones subantárticas, en cambio, la presa dominante es el krill. En aguas frías, este crustáceo se agrupa en enormes cardúmenes que funcionan como verdaderas “zonas buffet”. Allí, las ballenas pueden alimentarse de manera intensiva y recuperar rápidamente la energía necesaria para el resto del ciclo anual. En ambos casos, la lógica es la misma: obtener la mayor cantidad de energía posible con el menor gasto.

 

Las ballenas francas australes no comen cualquier cosa ni en cualquier lugar. Eligen presas pequeñas, pero altamente energéticas, que se concentran en grandes volúmenes y facilitan la alimentación por filtración. Para una ballena, alimentarse de copépodos equivale a encontrar un alimento concentrado y fácil de aprovechar. En el caso del krill, los grandes cardúmenes permiten un consumo rápido y eficiente en ambientes oceánicos más extremos.

 

Por eso, los mapas satelitales muestran que no todas las ballenas van al mismo lugar al mismo tiempo. Algunas permanecen más tiempo en la plataforma y el talud, aprovechando los copépodos, mientras que otras continúan hacia el sur, donde el krill es más abundante. Esta diversidad de estrategias refleja la capacidad de la especie para adaptarse a distintas condiciones del océano.

 

Gracias a los transmisores satelitales, hoy es posible observar algo que durante décadas permaneció oculto: cómo usan el océano las ballenas cuando ya no están a la vista. El seguimiento permite identificar áreas clave de alimentación, comprender la variedad de rutas migratorias y visualizar cómo las ballenas conectan ambientes costeros con regiones oceánicas profundas, a escala regional y oceánica.

 

Este conocimiento amplía la mirada más allá de las áreas reproductivas. La vida de la ballena franca austral no se limita a Península Valdés: se desarrolla en una red de espacios interconectados que incluye plataformas continentales, taludes y zonas subantárticas del Atlántico Sur.

 

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