Se conmemoró el Día Mundial de las Ballenas
El Instituto de Conservación de Ballenas recordó las razones por las que se debe proteger a las gigantes del mar y alertó sobre los peligros que atentan a su conservación
por REDACCIÓN CHUBUT 16/02/2026 - 20.17.hs
Cada tercer domingo de febrero, se conmemora el Día Mundial de las Ballenas para celebrar la llegada de estos gigantes del mar, promover su observación y fomentar un turismo responsable que permita el encuentro respetuoso entre las personas y los cetáceos.
Desde el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), investigadoras compartieron explicaron por qué son fundamentales para la salud de los océanos.
La admiración por estos animales se volvió global, sin embargo su protección efectiva sigue siendo un desafío urgente. Ya no se trata solo de detener la caza comercial, sino también de hacer frente otras múltiples amenazas. Las colisiones con embarcaciones, los enmallamientos en artes de pesca, la captura incidental, la contaminación química y por hidrocarburos, el ruido submarino, la degradación del hábitat y el impacto del cambio climático, tienen consecuencias sobre su bienestar y supervivencia.
Principales razones para protegerlas
Robert Barstow, en 1990 propuso una mirada que trascendía los datos biológicos y ponía el foco en el significado cultural, ético y ambiental de las ballenas. Hoy, esas ideas se revalorizan y se actualizan a la luz del contexto actual y del conocimiento científico acumulado, en un escenario marcado por nuevos desafíos ambientales y una creciente conciencia global sobre la necesidad de proteger a estos gigantes del mar.
1. Son biológicamente especiales pero también vulnerables.
Estudios realizados por el ICB sobre la ballena franca austral en Península Valdés registraron heridas de posible origen antrópico en 141 de las 3.811 ballenas fotoidentificadas entre 1971 y 2017. Casi el 50% de esos casos estuvieron asociados a colisiones con embarcaciones o impactos contra estructuras, y un 13% a posibles enmallamientos.
2. Son ecológicamente especiales y fundamentales frente a la crisis climática.
Cumplen un rol clave en el funcionamiento de los ecosistemas marinos. A través de sus excreciones —ricas en hierro y nitrógeno— fertilizan las aguas y movilizan nutrientes desde las profundidades hacia la superficie y entre regiones con distintos niveles de productividad. Este proceso, conocido como “bomba biológica de las ballenas”, estimula el crecimiento del fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina.
El fitoplancton produce entre el 50 % y el 85 % del oxígeno del planeta y captura una proporción significativa del dióxido de carbono generado por las actividades humanas. Al favorecer su desarrollo, las ballenas contribuyen indirectamente a la regulación del clima global.
En diversos estudios internacionales, se ha estimado que la recuperación de las poblaciones de grandes ballenas podría aumentar la captura de carbono a través del estímulo al fitoplancton. En ese marco, se ha señalado que el efecto potencial acumulado podría ser comparable, en términos de magnitud, al equivalente de 1,7 billones de árboles, una cifra ilustrada como similar a cuatro veces la selva amazónica (Amazonas).
3. Son culturalmente especiales y un puente hacia la conservación.
Su capacidad de generar asombro y empatía las convierte en una poderosa herramienta para la educación ambiental: el encuentro con una ballena, ya sea real o a través de medios audiovisuales, puede transformar la percepción sobre el océano y fortalecer el compromiso con su cuidado.
4. Son políticamente especiales en un océano sin fronteras.
Las ballenas migran a través de mares que no pertenecen a ningún país en particular, conectando áreas de alimentación, cría y reproducción separadas por miles de kilómetros y múltiples jurisdicciones. Sus desplazamientos revelan que el océano funciona como un sistema ecológico continuo, más allá de los límites políticos.
Esa condición las convierte en animales políticamente especiales: ninguna nación puede protegerlas por sí sola. Su supervivencia depende de marcos regulatorios compartidos, acuerdos multilaterales y estándares comunes para actividades que se desarrollan en alta mar. La gestión de amenazas, la regulación del tráfico marítimo, la planificación de áreas marinas protegidas y el monitoreo científico requieren coordinación internacional sostenida en el tiempo.
En un océano cada vez más explotado, fortalecer la gobernanza global es clave para su supervivencia.
5. Son simbólicamente especiales y nos recuerdan que también podemos ser salvados por ellas.
En un mundo atravesado por crisis ambientales, climáticas y sociales, las ballenas nos recuerdan que cuidar a otros seres vivos es también una forma de cuidarnos a nosotros mismos.
Al conservarlas, podemos ser salvados por las ballenas: por los océanos más sanos que ayudan a sostener, por los equilibrios ecológicos que mantienen y por la capacidad de inspirarnos a cambiar nuestra forma de habitar el planeta.
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