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Puerto Madryn

Ballenas y buques, la convivencia que la ley no puede ordenar

Mientras una ley provincial y las disposiciones anuales de Prefectura restringen la navegación en el Golfo Nuevo para proteger a la ballena franca austral, más de cien buques pesqueros permanecieron fondeados este fin de semana frente a Puerto Madryn. El corredor de navegación dispuesto para el ingreso y egreso al puerto, otra vez, no se cumplió.

por REDACCIÓN CHUBUT 10/08/2026 - 19.57.hs

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Puerto Madryn mostró el fin de semana una postal que desnudó, otra vez, la contradicción de cada año: más de cien buques de la flota pesquera permanecieron fondeados frente a la ciudad, en pleno corazón de la temporada de la ballena franca austral, sobre las mismas aguas que una ley provincial declaró zona de protección especial para preservar a los cetáceos. No por una situación excepcional. Sino que fue, una vez más, la prueba de que la normativa que regula la navegación en el Golfo Nuevo convive, temporada tras temporada, con una realidad que la desborda.

La Ley XI Nº 4, heredera de la vieja Ley 2381, prohíbe todo acercamiento, persecución o navegación indebida sobre mamíferos marinos en aguas de jurisdicción provincial y traza, dentro del Golfo Nuevo, una zona intangible entre Punta Arco y Punta Pardelas -luego ampliada hasta Punta Cormoranes- donde la navegación queda directamente vedada. La Ley Nº 5714 y las disposiciones que Prefectura Naval Argentina y la Subsecretaría de Turismo y Áreas Protegidas renuevan cada año completan ese esquema con un corredor exclusivo para el ingreso y egreso de buques al puerto, límites de velocidad de diez nudos y recaudos de maniobra pensados para evitar colisiones. Ninguna de esas herramientas explica, sin embargo, cómo puede tolerarse que una flota de semejante magnitud permanezca fondeada, fuera de cualquier corredor, a metros de una costa donde ni siquiera los particulares pueden pasear en lancha.

Vale entonces preguntarse qué efecto produce sobre las ballenas una concentración de tráfico pesado de esa escala. Investigaciones del CESIMAR-CONICET ya comprobaron que el ruido de los motores modifica el comportamiento de la especie: los ejemplares tienden a alejarse de las embarcaciones activas y sólo se acercan cuando el motor está apagado. También advirtieron que la costumbre al bullicio portuario no reduce el riesgo, sino que lo aumenta, porque una ballena habituada al ruido deja de apartarse del rumbo de los barcos. Nadie certificó todavía que la enorme flota de pesqueros ahuyentó a los cetáceos de la bahía de Madryn, pero alcanza con la sola posibilidad para dudar de la coherencia de una ley que multa a un velerista particular, a un vecino que usa su tabla de Standup Paddle y mira para otro lado ante un centenar de buques fondeados frente a la ciudad.

Lo que no admite matices es el incumplimiento del corredor de navegación. Prefectura lo dispuso, precisamente, para ordenar el tránsito de ingreso y egreso al puerto y reducir el riesgo de colisión con cetáceos. Cada año la autoridad marítima renueva la misma disposición, con el mismo texto y las mismas promesas de control, mientras la flota decide por su cuenta dónde fondear.

 

 

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