Los «pungas» merodean en la ciudad y atacan sobre todo a mujeres - Últimas Noticias: El Chubut

Regionales

Los «pungas» merodean en la ciudad y atacan sobre todo a mujeres

Se denomina «punga» al ladrón que roba objetos del bolsillo, el bolso o la cartera de su víctima. Es un término urbano que se emplea en varios países de Sudamérica para identificar a este tipo de asaltante.

por REDACCIÓN CHUBUT 25/11/2017 - 00.00.hs


El «punga» actúa en las grandes ciudades donde se producen tumultos o aglomeraciones. No amenaza a sus víctimas ni pretende cometer el robo a partir de la intimidación con armas. Su accionar se basa en el sigilo, extrayendo los objetos personales de la persona asaltada con cuidado, para que ésta no se dé cuenta. Por eso actúa en el transporte público o en espectáculos masivos: el amontonamiento de gente facilita su tarea.
Pero este tipo de delincuente también busca otras maneras de robar. Sus víctimas son mujeres de edad, que muestran cierta dificultad para desplazarse, y se ofrecen gentilmente para ayudarlas a cruzar la calle o acompañarlas un par de cuadras, mientras la introducen en una conversación del momento, distracción que le permite al punga actuar con total impunidad para sacarle de su cartera la billetera o dinero, sin que su víctima se dé cuenta.
Estos hechos se vienen repitiendo en algunos puntos de la ciudad bajo esta modalidad. Desde que el Centro de Monitoreo que estaba ubicado en la calle Moreno, entre España e Italia de Trelew, se trasladó a la Comisaría Tercera, este sector ha quedado desprotegido, quedando a merced de los carteristas, y varias mujeres han sido víctimas del sutil ataque de los pungas, según lo hicieron saber a EL CHUBUT, algunas de las damnificadas.

 

UN EPISODIO URBANO
Días pasados, una jubilada que realizó un trámite por salud en Prosate, ubicado en la esquina de Italia y Moreno, mientras cruzaba la calle para dirigirse a una cuadra de ese lugar, hacia un comercio ubicado en la calle España, fue alcanzada por un joven que en primer lugar la saludó para entrar en confianza, llamándola por el nombre de Sofía. «No, pero no me llamo Sofía», contestó la anciana. ¿Pero no te acuerdas que te estuve cortando el césped hace dos semanas?, le dijo el joven. La mujer hizo un silencio y contestó: «No tengo césped, vivo en un edificio». El joven, para salir de su «error», le dice «sos tan parecida a Sofía; pero igual, dejame que te acompañe».
La mujer sintió que hacía mucho que no había escuchado palabras tan dulces, donde un joven que podría ser su nieto se ofrecía gentilmente para acompañarla y ayudarla a cruzar la calle. En ese trayecto hablaron de temas cotidianos y hasta familiares. La charla culminó al llegar a la esquina de la cuadra, donde el joven se despidió con un beso, sin antes pedirle a la mujer, que se cuide.
La jubilada hacía mucho que no se sentía tan bien; la grata y desinteresada compañía de un joven que podría haber sido su nieto, la llenó de optimismo, porque todavía quedaba gente amable.
Luego de realizar una compra y buscar en su cartera la billetera para pagar, no la pudo encontrar. Pensando que la había dejado olvidada en su casa, regresó a buscarla, pero sin éxito. Horas más tarde, desde una emisora local la llaman a su teléfono para informarle que un vecino había encontrado su billetera con toda la documentación, incluyendo el número telefónico que hacía posible el contacto. Pero el dinero no estaba. Ese día, la mujer jubilada y de lento andar, había aprendido una lección más a esta altura de su vida: en la confianza está el peligro. El joven que amablemente la acompañó a cruzar la calle, era un punga...

 

¿Querés recibir notificaciones de alertas?