Miércoles 12 de enero 2022
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Basura nuclear, nefasta herencia (I)

"La industria nuclear denomina residuos a los combustibles gastados de los reactores nucleares, no son basura, dice"

¿Cuál es la diferencia? En términos generales, se habla de basura o desecho, para identificar a aquellos sobrantes de una actividad, que aparentemente no pueden ser usados nuevamente. El término residuo, en cambio, sirve para identificar a aquellos materiales que pueden tener valor en sí mismos al ser reutilizados, reciclados o parcialmente aprovechados.

 

En algunos países se los designa directamente desechos, pues en sus planes no está reprocesarlos para aprovechar parte de ellos, produciendo combustibles. En Argentina, quienes están vinculados al desarrollo nuclear se empeñan en llamarlos residuos, pero lo cierto es que Argentina, en 1968, solo en forma experimental, ha conseguido reprocesar. Del combustible gastado del primer reactor argentino de investigación, el RA1, obtuvo 425 miligramos de plutonio de 12 kilogramos de uranio. En 1976, aprovechando esa primera experiencia, la CNEA tenía en desarrollo avanzado un proyecto para reprocesar combustibles gastados del reactor de investigación RA3 y de Atucha I, pero la llegada al poder de los militares lo dejó trunco: hubo presiones Internacionales, pues causaba sensibilidad que un gobierno militar produjera plutonio, además la mayoría de los científicos y técnicos abocados a este desarrollo, por razones políticas, fueron separados de sus cargos e ilegalmente detenidos.

 

Argentina no reprocesa y es muy dudoso que pueda hacerlo en el futuro, tampoco es viable su exportación, su valor de mercado es nulo. Hay más de 250 mil toneladas de combustibles usados, distribuidas en 14 países. Los costos de transporte son prohibitivos, aparte de las medidas de seguridad para evitar accidentes, deben acompañarse con guardia militar para impedir robos o ataques terroristas. Nuestros combustibles gastados resultan definitivamente desechos.

 

Como se sabe, no son precisamente inocuos, a pesar de ser inservibles, mantienen durante miles de años su actividad radiactiva, siendo altamente nocivos para el hombre y el medio ambiente. No todos los residuos de la actividad nuclear son tan persistentes. Los generados en el uso medicinal, en la industria química y otros, denominados de baja y media actividad, se mantienen activos durante algunas décadas, por lo tanto, el tratamiento que requieren difiere de los de alta radiactividad, como son los combustibles gastados. Normalmente los residuos de baja actividad se entierran en zonas apartadas y a una profundidad considerable, esperando que pasen los años, y su actividad decaiga y desaparezca finalmente.

 

¿Qué hacer entonces con los combustibles usados, desechos que nos sobrevivirán a nosotros y a muchas generaciones futuras?       

 

Algunos países, con una industria nuclear muy desarrollada, optan por construir almacenes temporales en los que mantenerlos aislados durante décadas o siglos, hasta que, una vez decaída su actividad, puedan ser trasladados a un almacenamiento geológico profundo (AGP), considerada la mejor opción, como “definitivo”. La utilización de este tipo de almacenamiento está justificada por motivos económicos, tecnológicos, ambientales y de seguridad, éticos y de buena práctica internacional. Para su ubicación se buscan formaciones geológicas estables profundas, no menos de 500 metros, que sirvan de barrera natural, donde esta basura pueda vivir durante miles de años sin poner en peligro a nadie, con sus radiaciones.  Hay países que prefieren prescindir de concentraciones temporales de desechos, y los mantienen junto a los reactores donde se produjeron, evitando los riesgos del transporte.

 

Argentina no dispone almacén temporal ni, mucho menos, definitivo. Los combustibles se mantienen junto a las centrales hasta que pueda definirse algún destino. En 2020 habían casi 5.000 toneladas distribuidos así: 1632 toneladas en Atucha I, 493 en Atucha II y 2724 en Embalse. Total 4.849 toneladas.

 

En Atucha I y II siguen en las piscinas de enfriamiento, sumergidos bajo unos doce metros de agua. Como ha sido extendida la vida útil de Atucha I, es imprescindible aumentar la capacidad de su piscina de almacenamiento local, para ello, se está construyendo, con algo de apuro, un edificio específico para que los restos más antiguos se puedan pasar a acopios en seco, y allí esperen la definición de su destino. 

 

Foto: En Embalse, como pueden verse en esta imagen, están acopiados en seco en cilindros de hormigón, de paredes de 20 centímetros de espesor, supuestamente muy resistentes. Su contenido continúa emitiendo radiaciones y calor.          

 

Menuda herencia queda para las generaciones futuras. Estos depósitos en superficie solo posponen el problema, no lo solucionan. ¿Qué pasará con ellos si la solución definitiva no llega, antes que se produzca el fatal deterioro de estos contenedores?

 

 

SI NO HAY DESTINO PARA BASURA TAN PELIGROSA,

 

ES IRRESPONSABLE SEGUIR AUMENTANDO SU PRODUCCIÓN.

 

NO MÁS REACTORES NUCLEARES EN ARGENTINA Y

 

CIERRE PROGRESIVO DE LOS ACTUALES.

 

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