Después de más de 40 años la CNEA vuelve a pensar dónde meter los combustibles nucleares gastados
A principios de 1980, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) anunció que construiría un basurero nuclear en Gastre. Sería injusto decir que la CNEA desde entonces se olvidó del asunto, pero que no habló más de construir un repositorio de Residuos Radioactivos de Alta Actividad, es así.
La CNEA, que entonces tenía solo un reactor nuclear operando, mientras había países que ya tenían
decenas y no disponían repositorio, se preocupaba por instalar un repositorio y prácticamente no se
ocupó más después del rechazo popular. Recién ahora, el 2 de diciembre, como se explica más abajo, la
CNEA empezó a pensar en un repositorio en el país. Esta realidad es la más palmaria evidencia, que lo
que se inició en aquella década, no era, por ocultos intereses, más que un intento de convertir a nuestro
país, y a la tan poco poblada Patagonia, en el receptáculo de basura nuclear extranjera.
En una charla televisiva reciente, el Doctor en Física Mario Mariscotti, ex profesor Titular de Física
Nuclear de la UBA, manifestó con nostalgia que la ubicación elegida en aquella oportunidad era
excelente. Me permito poner en duda lo manifestado por el experto. Tengo para mí que fue una
elección de apuro, sin mayor estudio. Se eligió nuestra provincia no tanto por razones técnicas,
geológicas, sino porque la CNEA imaginaba que no habría repudio popular. Decidir el sitio de
emplazamiento es un asunto muy muy arduo. Alemania ha detectado numerosos sitios probables en su
territorio, sin embargo, pasa el tiempo sin decidir en cuál instalará su repositorio.
Una misión del OIEA formuló a la CNEA la recomendación de “crear un fondo fiduciario para la
gestión de las actividades de clausura, de los desechos radiactivos y del combustible gastado”. Nos
preguntamos: ¿cómo Argentina, país que no dispone capitales, podría encarar la construcción de un
repositorio geológico para sus residuos? En los más de 40 años pasados no formó un fondo fiduciario
que le permita encarar alguna vez la construcción de un repositorio.
Actualmente los combustibles gastados se encuentran provisoriamente próximos a las centrales,
parte en piscinas de enfriamiento y parte en silos en seco.
El 2 de diciembre pasado el Programa Nacional de Gestión de Residuos Radioactivos de la CNEA
(PNGRR), dirigido por Rodolfo Kemp, hizo la presentación del proyecto ConfinAR Geo, bajo el título de
“Primeros diálogos sobre disposición de residuos radioactivos y combustibles gastados en la Argentina”.
Se trata de las primeras reuniones con especialistas para encarar el proyecto de construir un
almacenamiento geológico para una disposición en forma permanente de los residuos nucleares de
forma segura. Lo complejo de este tipo de proyectos es conseguir la aceptación de las comunidades
locales.
Se espera que la iniciativa tenga una etapa de discusión interna dentro del ámbito nuclear hasta
2024, luego una etapa de evaluación de sitios –que puede durar de 5 a 10 años–, una etapa de
caracterización de sitios –que puede tomar de 15 a 20 años–, una etapa de construcción de las
instalaciones –de 10 a 20 años–, y una etapa de operación, de 120 años. La etapa final, de clausura,
podría durar entre 30 a 50 años.
Estas etapas ponen de manifiesto lo complejo del asunto. No hay constancias que en la década del
80 se hayan concretado tales etapas.
Lucrecia Gringauz, responsable de Comunicación del PNGRR, expresó que el proyecto obedece a una
responsabilidad ética intergeneracional. “Si somos quienes usufructuamos los beneficios tenemos que
hacernos cargo de los costos”, sostuvo. Parece que ahora se despierta la conciencia, después de casi 50
años de producir desechos nucleares.
Karina Lange, especialista en residuos radioactivos del OIEA, afirmó que “en todo el mundo hay
183.500 toneladas de residuos nucleares almacenados en piletas y 80.000 toneladas en instalaciones de
concreto, y se avanza en la creación de depósitos definitivos geológicos a más de 500 metros de
profundidad.
En laboratorios subterráneos de investigación de Bélgica, Canadá, Estados Unidos, China, India,
Alemania, Suecia, Rusia, Francia y Suiza, científicos e ingenieros realizan investigaciones detalladas de
emplazamientos. Algunos países están planificando o construyendo actualmente instalaciones
subterráneas de ensayo en posibles emplazamientos de repositorios.
Durante un encuentro, desde el público surgió la pregunta sobre si las instalaciones de la mina de
Sierra Grande (Río Negro), que ya tiene decenas de kilómetros construidos y está en una zona
geológicamente estable y de roca dura, no serían las ideales para la instalación del repositorio. Victoria
Altinier, responsable por CNEA del proyecto de cooperación técnica con OIEA, respondió que “lo más
importante es conseguir la licencia social y una vez que se tiene eso se pueden conseguir las soluciones
técnicas para cualquier lugar.
También me permito disentir. La instalación debe ser construida específicamente con el fin de
depositar residuos nucleares, hay malas experiencias de usar minas abandonadas: En Alemania, la mina
Asse II, es hogar de 126.000 barriles de material radioactivo, desechados entre 1967 y 1978. Algunos
años después se descubrió que una salmuera radioactiva se estaba filtrando de la mina y el hecho se
hizo público en 2008. Es el mayor percance de desechos nucleares de la historia de Alemania.
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