Un viaje al pasado por uno de los lugares más fascinantes de la costa chubutense
Visitar el Faro Isla Leones es una experiencia que arranca mucho antes de pisar tierra firme. La navegación por el Parque Patagonia Azul, entre islotes y una asombrosa fauna marina, prepara el escenario para el encuentro con una de las estructuras más emblemáticas y aisladas de la costa de Chubut.
por REDACCIÓN CHUBUT 16/01/2026 - 12.00.hs
Al bajar de la embarcación, el entorno recibe al visitante con una intensidad abrumadora, marcada por el olor penetrante del mar, el viento incesante y el sonido gutural de la colonia de lobos marinos que custodian la costa.
Juan De Franco, guía de turismo y especialista en interpretación del patrimonio, experimentó una conexión particular con este sitio mucho antes de pisarlo. Durante su carrera universitaria eligió al Faro Leones como tema de tesis para diseñar un plan de revalorización, trabajando sobre planos y documentos históricos sin haberlo visto nunca en persona. El destino quiso que, justo antes de defender su trabajo final, surgiera la oportunidad de trabajar en el mismo lugar que había estudiado a la distancia.
Esa transición del papel a la realidad le permitió confirmar que el sitio tiene una atmósfera difícil de replicar. "Lo primero que me impactó fue el silencio, la sensación de estar lejos de todo", recuerda Juan sobre su primera visita. Según explica, el aislamiento define la experiencia desde el primer minuto, ya que "no es un sitio al que se llegue caminando ni de casualidad, la gente que llega al faro es porque lo busca y eso ya te marca una experiencia distinta".
La vida en el confín del mundo
El recorrido hacia la base de la torre funciona como un viaje en el tiempo. A medida que el visitante se acerca desde la costa hasta la cima de la isla, la espectacularidad del paisaje cede lugar a una comprensión más humana y profunda. La gente suele llegar atraída por la postal del gigante de hierro frente al mar, pero el verdadero impacto ocurre cuando entienden la dinámica de supervivencia de los antiguos fareros. La estructura se alza enorme y oxidada, generando un respeto inmediato no solo por la obra de ingeniería, sino por el desafío que implicaba habitarla.
De Franco destaca que la visita se transforma cuando la gente observa los detalles cotidianos que sobreviven al abandono. Las antiguas canaletas y los tanques de recolección de agua siguen allí como testigos de la ingeniosa adaptación necesaria para subsistir en un islote donde el agua dulce era inexistente. Es en ese momento cuando el faro deja de ser una estructura inerte.
"Ahí se produce una especie de click y el faro deja de ser la postal, la foto que vieron, y pasa a ser una historia desde una perspectiva muy humana de empatizar con aquella gente que vivió en esas condiciones durante tanto tiempo", relata el guía. La narrativa del lugar ya no gira solo en torno a la luz que guiaba barcos, sino que "es verdaderamente un testimonio de cómo se vivía y cómo se trabajaba en uno de los sitios más duros y más extremos de la Patagonia".
Una belleza frágil y urgente
El estado actual del faro añade una capa de dramatismo a la visita. La corrosión avanzada y el deterioro estructural evidencian su fragilidad. De hecho, la escalera caracol que permitía el ascenso a la cúpula se encuentra clausurada por riesgo de derrumbe, impidiendo disfrutar de la vista que tenían los torreros, pero sumando valor al relato de lo que se está perdiendo.
Juan es contundente al describir lo que diferencia a este sitio de otros puntos turísticos: "El principal rasgo distintivo que tiene el faro es su fragilidad. Es un sitio de patrimonio histórico que ha sido fundamental en la historia de la navegación patagónica y que hoy lamentablemente se encuentra en un estado de deterioro muy avanzado".
Desde la creación del PIMCPA (Parque Interjurisdiccional Marino Costero Patagonia Austral) la Isla Leones quedó dentro de su jurisdicción, por la necesidad de proteger la fauna que allí vive y por ser el faro un monumento histórico. No obstante, parte de la conservación del sitio la lleva adelante la comunidad local y de prestadores como Viento Azul, quienes junto a la agrupación "Amigos del Faro" trabajan para mantener viva la memoria del lugar.
Para De Franco, preservar el recurso es vital porque "si eso no sucede, lamentablemente todo ese conjunto patrimonial se va a perder y no se va a perder solo la estructura, sino que se va a perder parte de la memoria colectiva de la región".
Identidad y paisaje
Más allá de su valor histórico, el Faro Leones es una pieza clave para entender la identidad costera de Chubut. Conecta la narrativa humana con la biodiversidad marina del Parque Patagonia Azul de una forma indivisible.
Si bien la visita es impactante en cualquier momento, la luz juega un rol fundamental en la apreciación del paisaje. Aunque Juan confiesa haberlo visto siempre con luz diurna, imagina que el momento cumbre ocurre al caer la tarde. "Sin duda la postal más bonita se da a la tarde cuando el sol empieza a bajar, la luz del atardecer refleja en el metal y el mar empieza a cambiar de color", aventura.
Conocer Isla Leones es una experiencia única que permite caminar por la historia viva de la navegación austral en un entorno salvaje que resiste intacto, invitando a ser descubierto antes de que el tiempo y el viento salobre terminen de reclamarlo.
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