Bianchi Bones cumple cien años, un siglo de oficio en el corazón de Trelew
La joyería Bianchi Bones celebrará hoy viernes sus cien años de trayectoria con un brindis institucional que se realizará a las 19 horas y reunirá a clientes, comerciantes y referentes históricos de la actividad comercial de Trelew. El encuentro tendrá un carácter emotivo y servirá para destacar el recorrido de uno de los comercios más tradicionales de la ciudad.
por REDACCIÓN CHUBUT 14/05/2026 - 20.55.hs
Durante la celebración se brindará un reconocimiento especial a los empleados que formaron parte de la historia de la firma, resaltando su compromiso y dedicación a lo largo de los años. Además, acompañarán comerciantes locales considerados pilares fundamentales en la construcción de la identidad comercial trelewense. En el marco de la jornada, la Municipalidad también realizará el descubrimiento de una placa alusiva.
SU HISTORIA
En la calle 25 de Mayo 117, en pleno centro de Trelew, hay un frente comercial que desde hace un siglo forma parte de la escena de la ciudad. El nombre Bianchi Bones acompaña la vida cotidiana de la ciudad con una continuidad poco frecuente en la historia del comercio patagónico.
Esta relojería y joyería fundada en 1926, es una empresa familiar que logró atravesar generaciones, crisis económicas y transformaciones tecnológicas sin perder su identidad ni su arraigo en la comunidad.
La historia comienza con Alfredo Bianchi Bones, nacido en la República Federativa del Brasil hacia 1889-1890, hijo de inmigrantes italianos. Comerciante y artesano formado en el oficio de orfebre, joyero y relojero. Llegó a Trelew hacia 1918 luego de perfeccionarse en Buenos Aires y de transitar experiencias laborales previas en Brasil. Su saber técnico encontró terreno fértil en el Pueblo de Luis que crecía al ritmo del ferrocarril y del comercio regional.
LOS COMIENZOS
Sus primeros pasos en la localidad los dio en la Relojería de Vicca de la avenida Fontana, donde se integró al circuito comercial y consolidó los vínculos con los vecinos. El 9 de abril de 1926 el periódico El Pueblo anunció la próxima apertura de su propio negocio en la calle 25 de Mayo, frente a la propiedad donde funcionaba El Avisador Comercial. El cronista lo definía como «conocido vecino y persona competente en el ramo». Cuatro días después, el 13 de abril de 1926, la relojería abrió oficialmente sus puertas.
Desde el inicio, la firma adoptó prácticas comerciales modernas para la época. La compra directa a fábrica, la eliminación de intermediarios, los precios accesibles y la atención personalizada. Durante la segunda mitad de la década de 1920, el negocio amplió su oferta y se integró plenamente a la modernidad tecnológica. A la relojería y joyería fina se sumaron la platería criolla, fonógrafos, discos Victor, linternas eléctricas y artículos para regalo, junto con un taller especializado en composturas de máquinas.
En 1929, al cumplirse el tercer aniversario del comercio, Alfredo Bianchi Bones, adquirió su casa propia. Se casó con Teresa Denadei, argentina de nacimiento e hija de Angel Denadei y María Manzone, también de origen italiano. Como era habitual en las primeras décadas del siglo XX, el hogar y el negocio compartían el mismo espacio. En esa casa-comercio de la calle 25 de Mayo crecieron sus hijos, entre ellos Alfredo Bones, nacido el 31 de julio de 1921, quien sostuvo la segunda generación al frente de la firma.
Cuando el fundador de la joyería abrió las puertas, en 1926, ya cultivaba la virtud de la amistad. Una de ellas la entabló con Irineo Roldán. Lo conoció en Buenos Aires, donde fueron oficiales relojeros en El Trust Joyero Relojero, firma tradicional de Buenos Aires inaugurada hacia 1911.
Irineo llegó a Trelew, estimadamente entre 1925 y 1927, por un llamado del propio Bones con el fin de trabajar en el mantenimiento del reloj del Banco Nación. En enero de 1938 Roldán se independizó temporalmente con su propio taller. Sin embargo, en 1941 regresó a la firma Bianchi Bones bajo una nueva modalidad donde gestionó su propio taller dentro del negocio. Lo hizo hasta su independencia definitiva en 1960. En todo ese trayecto, ambas familias crecieron manteniendo la amistad a través de las distintas generaciones.
CRECIMIENTO
En la década de 1930 encontramos avisos publicitarios que muestran la venta de radios eléctricas, vitrolas ortofónicas, relojes suizos y lapiceras Parker, junto con facilidades de pago. En enero de 1934, la firma anunciaba receptores eléctricos Victor recibidos directamente de la compañía RCA Victor Argentina.
En esos años se consolidó también el vínculo con el reloj del Banco Nación, pieza central del tiempo urbano de Trelew. El relojero Irineo Roldán, ligado durante décadas a la Casa Bianchi Bones, tuvo a su cargo el mantenimiento del mecanismo. En 1935 realizó una reparación general cuyo costo ascendió a 7.000 pesos, con la colaboración del tornero Tirso Fernández Peña, para lo cual fabricó engranajes y bujes nuevos.
Diversos testimonios ubican a Bianchi Bones entre los comercios emblemáticos del Trelew histórico. La vecina Mafalda Abraham lo recuerda dentro del núcleo comercial de la calle 25 de Mayo, junto a otras casas tradicionales. El doctor Atilio Oscar Viglione, en sus memorias, menciona a Bianchi & Bones como una de las joyerías sobresalientes hacia la década de 1940 y destaca un servicio innovador para la época: la grabación de inscripciones en anillos matrimoniales, medallas y trofeos deportivos.
UN PERIODO DESAFIANTE
El 17 de enero de 1948, a las 23.30, Alfredo Bianchi Bones, falleció en Trelew a los 58 años, a causa de un edema agudo de pulmón, diagnóstico certificado por el doctor Adolfo Margara. Las notas fúnebres publicadas entonces señalaron el profundo pesar que produjo su muerte en la comunidad. Ese mismo año, su hijo Alfredo Bones, que había regresado de La Plata con el título de geólogo, postergó su carrera científica y se hizo cargo del negocio familiar.
La segunda generación sostuvo la continuidad en un contexto comercial cada vez más competitivo. Durante las décadas centrales del Siglo XX, la firma convivió con otras joyerías de prestigio como: Casa Abad, El Rubí y Casa Pietri, manteniendo sin embargo su clientela y su ubicación histórica. Documentos comerciales de la época muestran la persistencia del rubro y la confianza del público.
Con el paso del tiempo, la conducción pasó a la tercera generación. Alfredo Bones, nieto del fundador, asumió al frente del negocio hace casi cuatro décadas. Nacido en el mismo edificio donde funcionaba la vivienda familiar y el taller, su vínculo con el oficio se formó desde la infancia, entre los sonidos y olores propios de la relojería.
Bajo su dirección, la empresa avanzó en un proceso de modernización sostenida. Se profesionalizó la estructura interna, se incorporaron nuevas tecnologías y se actualizaron los canales de venta. Al mismo tiempo, se mantuvo el frente histórico del local, hoy reconocido como patrimonio urbano de la ciudad. La llegada de la cuarta generación, representada por María del Mar Bones, fortaleció la identidad comunicacional de la firma y consolidó su presencia digital, con venta online y envíos a todo el país.
A cien años de aquella apertura de abril de 1926, Bianchi Bones permanece en la misma dirección y bajo conducción familiar. El aspecto frontal del edificio se ha conservado, incluso los trabajos de herrería originales, realizados por un recordado herrero, don Alejandro Ginzery.
A lo largo de un siglo, el negocio acompañó nacimientos, bodas, aniversarios y despedidas de miles de vecinos, convirtiéndose en parte de la memoria afectiva de Trelew. La firma se ha mostrado siempre atenta y solidaria con instituciones prestigiosas de la cultura. Año a año, Bianchi Bones entrega uno de los premios más importantes del Eisteddfod del Chubut al mejor solista del certamen.
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