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Servicios Públicos más Impuestos

Por Miguel Gauna Lavayen - [email protected]

por REDACCIÓN CHUBUT 06/06/2026 - 23.57.hs

El Impuesto al Valor Agregado (IVA) es el gravamen indirecto sobre el consumo más importante del mundo. Fue concebido a mediados del siglo XX por el economista francés Maurice Lauré. En la Argentina se creó en el año 1973 y arranco con una alícuota general del 13%. En sus inicios, contemplaba una gran cantidad de exenciones para productos de primera necesidad, medicamentos y alimentos, con el fin de proteger el bolsillo de los sectores más vulnerables.

 

El Impuesto al Valor Agregado se creó por ley Nº 20.631, sancionada el 29 de diciembre de 1973. Pero comenzó a regir en enero de 1975. En los considerandos de su elevación al congreso, se argumentó que era para reordenar tributos y sustituir los Impuestos a las Ventas y a las Actividades Lucrativas vigentes hasta el momento. Luego, en vez de las actividades lucrativas, las provincias comenzaron a cobrar el impuesto a los ingresos brutos y los municipios de sumaron, además, como no, con otras tasas y contribuciones. 

 

En los años 80, con el objetivo de aumentar la recaudación fiscal, las exenciones comenzaron a eliminarse paulatinamente y el impuesto se hizo extensivo a la mayoría de los bienes y servicios. La alícuota fue modificada en varias oportunidades, pasando en el año 1986 al 18%. Durante la década del 90, en el marco de distintas crisis y reformas fiscales, el impuesto sufrió nuevos aumentos hasta llegar al 21% en 1995. Así con estas reformas, el IVA más el impuesto a las ganancias, pasaron a formar la parte más importante de la recaudación tributaria nacional. 

 

El 1 de diciembre del año 1990 se produce quizá, para los consumidores, la reforma más importante, comenzando a aplicarse el tributo sobre los consumos de los servicios públicos de agua, gas, energía eléctrica y telefonía, que empiezan a pagar IVA. Luego, en la administración económica de Domingo Cavallo, la carga tributaria se profundiza con la modificación del Art. 28 de la ley, creando una tasa diferencial del 27 % para consumidores residenciales que no están inscriptos. Esta situación, y forma de aplicar el impuesto, se ha mantenido para los consumos domiciliarios, prácticamente inalterable hasta ahora. 

 

El IVA es por si, el impuesto regresivo más importante que existe, y así lo han reconocido especialistas y juristas de todo el mundo. Regresivo con todas las características de esta calificación, ya que, al tratarse de una tasa fija sobre el consumo e independiente de cualquier condición, castiga proporcionalmente a las personas de menores ingresos. Contrariamente a los impuestos progresivos que tienen tasas crecientes, con equidad vertical, permitiendo la redistribución.

 

La historia de tributos como el IVA es la historia también, de la subordinación de la política a la economía, de forma brutal, lo que queda demostrado con el repaso de las argumentaciones dadas a la hora de su creación y la historia de nuestras sucesivas crisis de la economía nacional y los dilemas de nuestro federalismo imperfecto. 

 

Hay que subrayar también como decepcionante, el hecho que han sido siempre nuestros representantes de la política, periodo tras periodo, los que han aprobado estos tributos, algunos inclusive, con la promesa de esta «única vez» o por tanto tiempo, como el impuesto a las ganancias creado en 1932 o el impuesto a los bienes personales, a los débitos y créditos bancarios, los derechos de exportación y otros más, que componen nuestra historia de crisis sucesivas y emergencias. 

 

De todos los impuestos -nacionales y provinciales- definitivamente el IVA es sin dudas el más injusto, inequitativo, creando desigualdad real, encareciendo los servicios públicos porque, en definitiva, es el consumidor final el que paga el costo total y, a pesar de que se escucha decir cada tanto, que hay en marcha estudios para modificarlo, rebajarlo o incluso sacarlo de los servicios públicos, nada sucede. Hay promesas de campañas, de discursos encendidos por candidaturas, pero, después de treinta años de esta modificación y cincuenta de su creación, todas las reformas aprobadas por la dirigencia política, han sido para profundizar, para ampliar su aplicación y recaudación, demostrando así, que las palabras fueron por un lado y los hechos por otro. 
 

 

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