EQUÍVOCA ACTITUD POLÍTICA del SENADO SALTEÑO III
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En mayo el Senado salteño manifestó que veía con agrado que el Poder Ejecutivo provincial implementara medidas para reactivar la explotación minera del uranio en la provincia. Lo que no veía el Senado era el enorme pasivo ambiental dejado por la explotación de Don Otto y que, después de 45 años, la CNEA no completó la remediación de esos pasivos incorporados al PRAMU. No hay dudas, el Senado mira para otro lado. ¿Cuál es el estado actual de las 390.000 toneladas de residuos que produjo la explotación?
¿Siguen en su ubicación original? ¿fueron encapsuladas? ¿recibieron cobertura multicapa? ¿existen mediciones actuales del gas radiactivo radón? ¿qué monitoreo realiza hoy la ARN? ¿el sitio fue retirado o continúa dentro de la cartera de remediación del PRAMU?
Las respuestas debieran surgir de informes de la CNEA, del PRAMU y de la Autoridad Regulatoria Nuclear.
Conocer el estado actual de Tonco-Don Otto podría ser muy revelador, porque es un sitio menos conocido que Sierra Pintada o Los Gigantes, pero con un inventario de residuos similar, es decir considerable.
La CNEA reconoce al sitio como cerrado, con pasivos aún existentes, bajo control y monitoreo, pero sin restitución ambiental final documentada.
La evaluación ambiental del PRAMU identifica para Tonco 500.000 toneladas de colas de mineral de uranio, planta e instalaciones anexas en unas 25 hectáreas, pilas de lixiviación y escombreras y edificios cerrados que “deberán ser demolidos y gestionados”.
Dentro de ese total, discrimina 130.000 t en tres planchadas de lixiviación. 310.000 t en tres escombreras principales, sin base impermeable y que el 98 % del mineral procesado correspondía a Don Otto.
El PRAMU señala viejas labores subterráneas, chimeneas no clausuradas y muros que requerían reparación. También dice que solo una parte del yacimiento tenía control de ingreso. En 2005 se informaba que no había descargas visibles de agua desde las labores mineras, coherente con la aridez regional. También se consideraba bajo el riesgo de deslizamientos o fallas estructurales graves en las colas.
La CNEA dice que en Tonco realiza “control y monitoreo de manera constante y periódica” pero reconoce que el sitio no está remediado ni describe obras de confinamiento final.
PRAMU, admite que no existían monitoreos sistemáticos de agua, aire y suelos salvo los anuales de la ARN, aunque CNEA hacía muestreos esporádicos desde 1983.
Un estudio de CNEA publicado en 2013 encontró uranio en agua, pero atribuyó esas anomalías a mineralización natural de las formaciones geológicas locales, no a la actividad minera de Don Otto.
Una auditoría de la AGN de 2026, según su ficha y resumen indexados, indica que el PRAMU no cumplió plenamente sus objetivos al 31/12/2024 y menciona pendientes vinculados a permisos ambientales para varios sitios. Tonco–Don Otto está en esta condición, pasivo reconocido, monitoreo administrativo/técnico y sin remediación final acreditada públicamente.
Esto es importante, frente a cualquier reactivación, antes de hablar de nueva explotación debería exigirse inventario actualizado, informe de ARN, monitoreo público de agua/radón/gamma, plan de cierre, audiencia pública y garantía financiera.
Parece que el Senado salteño no se ilustró lo suficiente y manifestó que veía con buenos ojos que se inicie otra explotación de uranio, que no importa la basura que dejo el anterior.
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