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Carta del Lector

Recuperación de uranio o limpieza de minas abandonadas

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Anna Rondon es una activista luchadora por la justicia ambiental y los derechos indígenas. La minería de uranio en territorio Navajo de Estados Unidos dejó más de 500 minas abandonadas.

En 2026 ha cuestionado el enfoque utilizado para la llamada “remediación” de minas de uranio abandonadas en la Nación Navajo. En particular, ha criticado iniciativas que, según ella y otros activistas, podrían presentar como limpieza lo que en realidad facilitaría la recuperación comercial de uranio. 



Un caso actual es la Old Church Rock Mine, donde la Agencia de Protección Ambiental Navajo (EPA) está avanzando con una tecnología denominada high-pressure slurry ablation (HPSA) para tratar roca residual que contiene metales y radionúclidos. Rondon forma parte de la oposición comunitaria a esa tecnología. 



La minería de uranio en territorio Navajo dejó más de 500 minas abandonadas, según el episodio de Nuclear Hotseat que entrevistó a Rondon en febrero de 2026. 



Rondon también participó en la investigación que encontró contaminación por uranio en mujeres y niños de la Nación Navajo. 

Un cartel advierte de los peligros del uranio en la Nación Navajo.

 

El problema de fondo

 

La minería de uranio en tierras Navajo comenzó en 1944 y terminó en 1986. Según la EPA, se extrajeron casi 30 millones de toneladas de mineral de uranio de tierras Navajo. La Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos fue el comprador exclusivo del mineral durante buena parte de ese período, destinado inicialmente al programa nuclear militar estadounidense.



La EPA ha identificado actualmente 523 minas de uranio abandonadas (AUM) en la Nación Navajo, que se extiende por Arizona, Nuevo México y Utah. El legado no se limita a las minas: también existen viviendas, estructuras y fuentes de agua afectadas por contaminación radiactiva. 



El problema sanitario incluye exposición al uranio y otros radionúclidos. La EPA señala como posibles efectos de la exposición la inhalación de partículas radiactivas y determinados riesgos asociados al consumo de agua contaminada, entre ellos cáncer de pulmón, cáncer óseo y alteraciones renales. 



No hay presupuesto suficiente para limpiar las 523 minas. 



La Old Church Rock Mine (OCRM) está en la región oriental de la Nación Navajo, cerca de Gallup, Nuevo México. La EPA ha realizado estudios radiológicos y ambientales del sitio y ha documentado residuos contaminados. 



La discusión actual gira alrededor de la tecnología HPSA desarrollada por Disa Technologies. La idea básica es procesar el material de desecho con agua a alta presión para separar las partículas y concentrar los contaminantes/radionúclidos en una fracción más pequeña.



Esto tiene una ventaja potencial: reducir el volumen de material que necesita disposición como residuo contaminado. Pero aquí aparece la controversia. Este punto merece atención porque permite distinguir la propaganda de los resultados técnicos.



La EPA/NNEPA realizó un estudio de tratabilidad de HPSA en tres sitios: Old Church Rock Mine; Quivira Church Rock No. 1 y Cove Transfer Station. 

El estudio de la EPA encontró que la tecnología podía reducir las concentraciones de uranio y radio-226 hasta aproximadamente un 98 % en determinadas fracciones y condiciones. 

Pero hay una salvedad fundamental, en Old Church Rock, HPSA no consiguió alcanzar los objetivos conservadores de limpieza residencial establecidos para uranio y radio-226, incluso con tratamientos de hasta 30 minutos. 

La propia documentación técnica de EPA indica que la tecnología consiguió reducciones importantes, pero no alcanzó los objetivos residenciales conservadores en OCRM. 



Rondon lleva décadas trabajando sobre los efectos de la minería de uranio en comunidades Diné. Actualmente figura como Project Director del New Mexico Social Justice and Equity Institute y anteriormente participó en el Navajo Birth Cohort Study, además de haber trabajado en distintos puestos del gobierno Navajo. 



Su preocupación actual es que determinadas iniciativas presentadas como “remediación” o “limpieza” puedan terminar funcionando, en la práctica, como una forma de recuperar uranio económicamente aprovechable del material contaminado.

 

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