El árbol que conecta a Wim Wenders con un lector - Últimas Noticias: El Chubut

LECTURA DEL FIN DE SEMANA

El árbol que conecta a Wim Wenders con un lector

Árbol, de la escritora japonesa Aya Kōda, Publicado recientemente por Lumen, es el libro que lee Hirayama, el protagonista de Perfect Days, la última película de Win Wnders.. Pero detrás de esa breve aparición cinematográfica hay una obra fascinante sobre la naturaleza, la memoria y una forma necesaria de mirar el mundo.

En una de las escenas de Perfect Days, Hirayama entra en una librería de usados de Tokio. Es un hombre de pocas palabras, habituado a una vida hecha de rutinas, se levanta temprano, limpia baños públicos, escucha música en casetes, lee antes de dormir y, cuando puede, fotografía los árboles de la ciudad. En la librería encuentra un libro: Árbol, de Aya Kōda.



No es una escena fundamental para la trama. No hay una revelación ni un giro dramático. Sin embargo, los objetos también cuentan historias. Ese libro dice algo de Hirayama. 



Ahora Árbol puede ser leído en castellano. La reciente edición de Lumen recupera la obra de una escritora japonesa nacida en 1904 y permite descubrir el libro que, para muchos espectadores de Perfect Days, quedó flotando como una pregunta después de los créditos.



El título parece sencillo. El libro, en cambio, abre un territorio mucho más amplio.



Aya Kōda observa árboles, pero no los convierte en simples elementos decorativos del paisaje. Los sigue, los describe, recuerda sus formas, sus historias y los lugares donde crecen. A partir de esa observación construye una literatura que se mueve entre el ensayo, la memoria y la contemplación de la naturaleza.



Hay cerezos, glicinas, cedros, pinos, arces. Hay árboles antiguos y bosques modificados por la acción humana. Hay viajes y recuerdos. Un árbol puede permanecer durante siglos en un mismo lugar mientras varias generaciones humanas pasan a su alrededor. Puede crecer tan lentamente que su transformación resulte invisible para una persona. Puede sobrevivir a quienes lo plantaron y continuar allí cuando sus nombres ya se hayan perdido.



Kōda observa esa diferencia de escala y, sin necesidad de grandes discursos, termina hablando de nosotros y seguramente allí esté una de las claves de la literatura de Aya Kōda: su capacidad para encontrar una historia en aquello que normalmente pasa inadvertido.



La escritora creció en una familia literaria. Era hija de Kōda Rohan, uno de los grandes escritores japoneses de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Desde niña estuvo familiarizada con los árboles y con el cuidado de la naturaleza. Su padre regalaba árboles a sus hijos y les enseñaba a reconocerlos, plantarlos y cuidarlos.Esa relación temprana terminó convirtiéndose en materia literaria.



Kōda no necesita acontecimientos extraordinarios para escribir. Una rama, una hoja, un bosque o un árbol pueden abrir la puerta a una reflexión sobre la vida humana. Su escritura avanza con una cadencia pausada, atenta a los detalles y alejada de la necesidad de producir constantemente un efecto.



La conexión con Perfect Days resulta especialmente interesante porque la película y el libro parecen compartir una misma sensibilidad.



Hirayama fotografía árboles. Le interesa el komorebi, esa palabra japonesa que designa la luz del sol cuando atraviesa las hojas y proyecta sobre el suelo una trama cambiante de luces y sombras. Es una imagen perfecta para el universo de la película. El protagonista no busca grandes acontecimientos. Encuentra belleza en aquello que sucede todos los días: una canción, una taza de café, una conversación breve, un libro, una fotografía, la luz entre las ramas.



Kōda también dirige la mirada hacia lo pequeño. No intenta convertir la naturaleza en una moraleja. Observa y deja que las preguntas aparezcan.



El encuentro entre ambas obras parece entonces menos una coincidencia que una elección precisa de Wenders.



La literatura de Kōda recupera la capacidad de observar sin apuro. De aceptar que no todo tiene que ser productivo, útil o espectacular. De comprender que también existe una forma de conocimiento en la contemplación.



Por eso Árbol termina siendo mucho más que un libro sobre árboles. Es un libro sobre el tiempo.Sobre lo que permanece y lo que desaparece. Sobre la relación entre la naturaleza y la memoria y  en última instancia, sobre nuestra breve presencia en un mundo que comenzó mucho antes de nosotros y continuará cuando ya no estemos.



Wenders filmó a un hombre que encuentra una forma posible de felicidad en la repetición de los días. Kōda escribió sobre árboles capaces de mostrarnos otra dimensión del tiempo.



Aya Kōda nació en Tokio en 1904, hija del escritor Kōda Rohan, una figura destacada de la literatura japonesa. Comenzó a escribir después de la muerte de su padre y desarrolló una extensa obra que incluye novelas, cuentos y ensayos.



Entre sus títulos más reconocidos se encuentran Nagareru y Ototo, novelas que también llegaron al cine. A lo largo de su trayectoria recibió importantes reconocimientos, entre ellos el Premio Yomiuri, el de la Academia Japonesa de Arte y la Orden del Tesoro Sagrado. En 1976 fue incorporada a la Academia de Arte de Japón.



Murió en Ishioka en 1990. Durante décadas, su obra permaneció relativamente alejada de los lectores occidentales. La aparición de Árbol en castellano, impulsada además por su inesperado protagonismo en Perfect Days, permite recuperar a una autora que convirtió la observación de la naturaleza en una forma de pensar la existencia.



Para más lecturas, seguinos en @clubdelectura.tw

 

 

¿Querés recibir notificaciones de alertas?