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El zonal del valle

Dios nos pone donde nos necesita

Ella nunca pensó en elegir y seguir la carrera de maestra; pero con el tiempo seria su verdadera vocación y devoción,  dejando en ella gratos y hermosos recuerdos que le han regalado alumnos y compañeros, hoy dice y está convencida de que “Dios nos pone donde nos necesita”.

por REDACCIÓN CHUBUT 25/10/2017 - 18.56.hs

Despedida de la Escuela nº 61 en la que trabajó 32 años.
El día del casamiento de su hermana junto a sus padres.
El día de su casamiento.
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ROSA BOGDANOWICZ
Nació el 30 de Agosto de 1957 en Diadema Argentina, Kilómetro 27 de Comodoro Rivadavia, su mamá Florentina Domínguez Montecino y su papá Pablo Bogdanowicz, ruso llegado a la Argentina con documento polaco debido a que durante su juventud Polonia dominaba las tierras de 'su' Rusia natal.
Rosa  dice que “de acuerdo a lo que a ella le contaron; su papá llega al país con 18 años para reunirse en  Buenos Aires con  un tío, al que nunca encontró. Entonces, comenzó a buscar trabajo, hasta que se enteró por comentarios que en Comodoro  Rivadavia se ganaba mucho dinero con el petróleo.
Es así que se asienta en esa ciudad, conociendo y casándose con Florentina, nacida en José de San Martín y quien también recorrió mucho, en busca de trabajo.
Rosa relata que “su papá vino a Gaiman a visitar a un paisano (paisano le decía a la persona que venía del mismo lugar o cerca de donde vivió antes de llegar a la Argentina) y le gustó el lugar porque le  recordaba a su tierra natal; y era lo más parecido por lo verde, el río, la arboleda.
Luego de jubilarse en la empresa petrolera en la que trabajaba, se mudan al valle en el año 1960. 
Hasta que le llegaba el primer sueldo como jubilado trabaja en muchos lugares, en las chacras, en Vialidad siendo  uno de los que ayuda a construir las primeras alcantarillas del pueblo, poniendo hasta una fábrica de colchones en la zona.
Así comienza la historia de  nuestra protagonista de hoy; quien llega  al futuro hogar junto a su familia cuando  tenía tan solo  3 años y su hermana Olga de seis años.

 

HERMOSOS RECUERDOS DE LA NIÑEZ EN UN PUEBLO QUE AUN SE ESTABA FORMANDO
Rosa manifiesta: “Cuando llegamos vivíamos en lo que se consideraba la última casa del pueblo, en la calle Juan C. Evans Nº 229, no teníamos luz ni gas, usábamos velas y estufa a leña. 
Cuando era chica, me levantaba temprano para ver salir el sol a lo lejos, y como no había alumbrado, por la noche abría la venta para ver  las estrellas.
 Con mis vecinas Mirta y Lidia y una chica que venía de Comodoro Rivadavia  a ver a su abuela,  íbamos a hacer picnic a los tamariscos que rodeaban la casa, mamá nos retaba porque decía que  había arañas.
Como  no circulaban autos, agarraba dos palos y simulaba que esquiaba por la callecita de atrás de casa. También  iba al campo de Zampini (porque era de su propiedad), como le decíamos al lugar descampado que había detrás de casa, a juntar renacuajos a una laguna, también estaba el matadero de Mac Burney, y cuando carneaban nos regalaban las achuras y las patas.
La casa estaba rodeada por un alambrado, que servía para que los clientes que llegaban al Bar y mercadito del señor Ovejero, ataran los caballos.
Al principio costó, pero gracias a Dios, en esa época había mucha gente solidaria, una de ellas fue la señora de Ovejero quien a veces nos fiaba las piernas de capón, o un señor de una chacra que una vez nos trajo una bolsa de manzanas, para mí eran las manzanas mas deliciosas del mundo.
Con el tiempo papá empieza a trabajar en la fábrica de algas de SORIANO, haciéndolo desde los cimientos y la reestructuración de las  paredes; porque allí, anteriormente funcionada una fábrica de quesos. Lo designaron jefe de la sección de molinos, donde trabajaban únicamente mujeres. Y mamá puso un mercadito, el  'Mercado Americano'”.

 

AÑOS DE ESCUELA PRIMARIA Y DOCENTES QUE NUNCA OLVIDARÀ
Fui a la Escuela n° 34 Bartolomé Mitre, actualmente Escuela nº 100, mis mejores amigas fueron Mónica Graciela Morris  e Irma Gladys Schmidt. 
“Una de las maestras que recuerdo con mucho cariño es a una suplente de primer grado, Blanca Otero,  era muy dulce; otra de las maestras que me formó como docente fue Amanda Mesquio; ella una vez me preguntó cuando estaba en sexto grado, si no me gustaría ser maestra. 
En esa época yo ni lo pensaba, quería ser astronauta o astrónoma (ríe)  una cosa de lo mas exótica. También fui alumna de Anita Fontana, Irma Dagraca de Williams (Nené) a quien adoro.
De la escuela recuerdo y es inevitable que uno compare, se aferre y piense como se perdieron algunas cosas. En esa época estaba el consultorio del dentista, donde nos revisaban la boca y creo que hasta arreglaban los dientes de algunos niños.
Otra pérdida grande fue el médico escolar, porque era el que entablaba el nexo con las raíces en el Hospital de Gaiman”. 

 

SECUNDARIO Y SUS PRIMEROS AÑOS COMO DOCENTE
Hice la secundaria en el Colegio Camwy, durante esos años, mis mejores amigas fueron Irma Gladys Schmidt y Beatriz Thomas.
Continúan los recuerdos “doy gracias a los profesores que tuve porque mucho de lo que soy,  fue motivado por ellos. Virgilio González  me incentivó a la lectura. Salía de clases e iba a pedir un libro a Beatriz Assef, ella también me sugería otros. 
Las síntesis de Virgilio Zampini me sirvieron luego como maestra para dar las clases y aún hoy recuerdo las canciones en inglés que cantábamos con Luned Roberts de González o en francés con madame Roth. Y tantos recuerdos más, de profesores excepcionales.
  Durante el último año, comencé a trabajar en la imprenta del diario “El Regional”, en la época en que el señor  Virgilio Zampini editaba sus libros, yo los tipiaba, quedé admirada;  también tuve la oportunidad de conocer a Irma Hughes. 
Cuando terminé la escuela, comencé a estudiar el profesorado para la enseñanza primaria en Trelew, y al recibirme, tuve suplencias en diferentes escuelas, como la Escuela nº  122, nº 48 y nº 21.
Mi primer día de clase  fue una suplencia en la Escuela nº 48  de Trelew, un  2° Grado “F”, recuerdo que fui con mi carpeta toda armada  pero la directora me dijo que tenía que empezar desde el principio, después me di cuenta que los niños tenían dificultades para aprender. 
Mi pasión era la escuela, tuve suerte porque cuando empecé a trabajar mi mamá me hacia todo, la comida y tenía la ropa limpia. Yo nunca pude disociar la casa del trabajo. Llegaba y siempre buscaba cosas para hacer, hacía las láminas y como en esa época no había fotocopiadora compraba en la farmacia la cola de pescado, que junto con la tinta, y  gelatina servían para hacer copias, era una chanchada (se ríe).Después apareció el mimeógrafo. 
Al tiempo, la directora de la Escuela nº 12, actualmente Escuela nº61 de Brywn Gwyn, Sofía Owen me fue a ver a mi casa y me dijo que necesitaba una maestra; en ese tiempo la escuela estaba por cerrarse debido a la escasa matrícula que tenía. 
Papá me prestó un Moscovich, y con ese iba a la escuela. Aprendí a manejar a los 16 años porque él sufría de cataratas y tenía que llevarlo a cobrar a Trelew.
 Un día, durante el mes de Octubre iba por la ruta y me agarró una tormenta de viento, cayó un árbol a metros de donde pasaba, me asuste un poco pero seguí yendo. 
Me asombró y fascinó mucho, porque cuando llegué, la escuela tenía solamente 40 alumnos. Tuve que dar clases a 25 niños, integrando 5º, 6º y 7º grado. 
Yo soñaba el día antes con el aula,  además de la emoción que tenía  al pensar como sería el primer día de clases.
No hubo año en mi vida  que en marzo o febrero no estuviera ansiosa al pensar cómo me recibirían los niños,  o como iría a resultar; eso me generaba una gran ansiedad.
Me apasionaba tanto enseñar y explicar, que un día puse la leña pegada a la estufa y  comenzó a calentarse y echar humo, hasta que un nene me dijo 'seño se está prendiendo la leña', el aula estaba llena de humo y yo ni me daba cuenta (ríe).
Adoro a mi primera directora en el valle, y no me canso de darle las gracias, era excelente. Además de su cargo como directora daba clases en primer grado; quedé fascinada al ver cómo  tenía integrada al grado a una niña de 14 años. 
Como no había maestros especiales, las maestras también dábamos esas horas; en actividades prácticas les enseñé a los niños a tallar jabones, y en gimnasia, aprendieron hacer rol adelante y  rol atrás. En música tocaban la flauta y a pesar de no saber mucho de folclore les enseñé lo que sabía. 
Las fiestas patrias en la zona rural, tenían algo así de festival; eso me quedó grabado muchísimo. Era toda una preparación, me acuerdo que mi mamá me ayudaba a hacer las polleras que usaban las niñas en los actos, y también hacia la torta para los egresados.
Los chicos eran muy maduros, llegaban solitos a caballo hasta la escuela y a fin de año, ellos hacían el asado.
Pero como mi idea era seguir la carrera de Ingeniería Civil; cursé un año,  no pudiendo continuarla debido a un problema de salud que heredé de papá, por lo que me dificultaba a la hora de realizar el dibujo técnico, entonces desistí”.
Continúa  pág. 6.
 

 

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