"Fue en el 2000…"
Organizado por la Asociación Educación y Valores de Chubut, el Voluntariado de Lectura de Chubut y el Cenpat- Conicet, con el auspicio de Diario EL CHUBUT, se realizó el Primer Concurso de Cuentos de Aventuras y de Ciencia Ficción, en homenaje a Julio Verne, en el 193º aniversario de su natalicio. Esta obra, de Rocío de los Milagros Silveira, fue una de las seleccionadas por su calidad.
por REDACCIÓN CHUBUT 06/08/2021 - 21.00.hs
Fue en el 2000…
Por Rocío de los Milagros Silveira
_¿ Está listo?
_ Si…
_ Pues, cuando usted quiera.
_ Bien. Comenzaré por el principio. Cuando era apenas un niño, mi madre siempre me pedía que me comportará, que comiera todas las verduras y que abandonará esas ideas de viajes al espacio. “ Los niños solo pueden imaginar cosas que conocen”, me decía, y yo por ese entonces creía que mi madre lo sabía absolutamente todo. Crecer es inevitable, pero mis ideas también crecieron conmigo, sobretodo aquella que buscaba conocerlo todo más allá de lo que la vista me alcanzara. Me era muy difícil concentrarme en la escuela, el resto de alumnos se esforzaba por encajar mientras que yo volaba cientos de kilómetros fuera de allí, suspendido en medio de una vastedad que me aterraba.
Aún así cumplí con cada una de las normas: acabe la secundaria, comencé mis estudios en la universidad e, irremediablemente, caí en las redes del amor. No era preciosa del modo convencional, quizás ni siquiera era bonita, pero la primera vez que sus ojos se toparon con los míos el universo entero se concentró en ese par de espejos verde claro. Según la teoría de la relatividad de Einstein el universo es infinito; quise contrariar al hombre más inteligente del mundo para asegurarle que su infinito se podía resumir a una sola sonrisa que ella me devolviera.
Casamiento, hijos, trabajo, auto, casa. Lo tuvimos todo y en la mayor cantidad posible. Fue el tiempo más feliz de mi vida, pero en eso Einstein también tenía razón: el tiempo es relativo.
Las campanadas dieron las 12. Era el primero de… no sé cómo lo llaman ahora, antes era enero, pero ahora utilizamos otros nombres por qué la raza humana le reza a otros dioses. Le diré enero. En ese milisegundo en que la humanidad dejo de ser lo que era para convertirse en lo que estábamos destinados a ser; una estela blanca surcó los cielos. Ella, a mi lado, me tomó de la mano y me sonrió. Si ese hubiese sido el fin, nada podría haberme hecho más feliz. Pero no. La humanidad dio un salto de fe, y desaparecimos.
El sonido lejano de un reloj me despertó. Mis pensamientos, sentimientos, deseos, anhelos, seguia siendo yo. Pero ella ya no estaba. El calor de su mano aferrando la mía era un espejismo. No había nada.
El pórtico de la casa, la casa, la ciudad y hasta el mundo eran exactamente iguales, solo hacía falta una cosa: ella.
Si me preguntan si volvería a hacer aquel salto de fe, sin dudarlo respondería que si. Logré lo que nadie nunca imagino posible: el viaje en el tiempo, y como si fuera poco, logré que todo el planeta tierra viajara. Hicimos un salto cuántico de 300 años hacia el futuro, siguiendo el curso normal de evolución, solo que apretando un poco el acelerador y permitiéndonos permanecer con la misma apariencia y edad.
Un milisegundo
Un milisegundo y era uno
Un milisegundo y era otro
Años 2300. La humanidad logro eliminar la mayor cantidad de enfermedades, pandemias, guerras, fronteras ideológicas y políticas. Éramos una hermandad. Unidos.
Año 2000…
Se que no podrán comprender jamás por qué abandono el sueño de mi vida, luego de haber presenciado el paraíso. Este es mi regalo para ustedes, creé la máquina del tiempo para no olvidar que una vez un niño creyó en mi, sus sueños fueron valiosos y quiero creer que su vida también. Pero ahora, a minutos de morir, quisiera volver a una época dónde SER humano dolía, la muerte lo inundaba todo, la esperanza era acribillada a balazos. Y olvidarme una vez más el paraguas rojo sobre la mesa de la cocina; abrir la puerta al negro vacío de la noche hasta divisar una luz a lo lejos. Entrar a la cafetería completamente empapado y, si darme cuenta, colisionar de lleno contra una estrella que me sonreirá y me dirá: ¿ Que estará pasando allá arriba que no deja de llover?
“la astronomía te ha vuelto todo un poeta”, también decía y creo que es verdad.
Les debía está historia, la real. Ahora déjenme regresar junto a ella. El universo me espera. Mi último regalo para ustedes serán estas palabras: “nunca dejen de mirar hacia las estrellas, puede que en una de esas noches, reciban una mirada devu…”
Un pitido continuo inundó la sala.
Hora de la muerte: 12:01 hs.
Año: 2333.
Algunos años más tarde, un niño de ojos verde claro detuvo su marcha apresurada frente a la estatua del gran fundador. Leyó su epitafio en voz alta: Aquí yace el último vestigio de humanidad.
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