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Sentimientos de muchos maestros de hoy

Sr. Director:
En primer lugar, teniendo en cuenta la emergencia sanitaria mundial y en particular de nuestro país y provincia trabajé desde mi hogar. En todo momento me manejé de manera solidaria y empática ante esta situación de excepción que estamos viviendo. Observé que como escuela nos pusimos de aprendientes ante esta nueva modalidad online que dispuso el Ministerio de Educación para continuar con las clases dando lo mejor de cada uno.

Por REDACCIÓN CHUBUT

Nuestro tiempo de dedicación a la labor docente aumentó en gran medida, tuvimos que aprender a usar classroom, preparar y adecuar clases a esta modalidad, comunicarnos con las familias ofreciendo ayuda para que puedan unirse y para poder ir haciendo las adecuaciones necesarias respetando las trayectorias educativas a partir de las observaciones de las familias que trabajan como equipo con nosotros, oímos con respeto las realidades de algunas familias que no cuentan con la conectividad necesaria o las herramientas adecuadas y que están angustiadas por la pandemia o por situaciones personales que están viviendo, flexibilizamos para ayudar abriendo otros medios de comunicación para que puedan enviar los trabajos y hacer una devolución o simplemente para escuchar cómo van, dar aliento, apoyando a nuestros alumnos y vinculándonos con las familias, caminamos los barrios entregando cuadernillos o actividades preparadas para aquellos que no pueden acceder al modo virtual.
Todo lo expuesto anteriormente lo hicimos sin obligación, lo hicimos porque somos docentes, estamos atentos a nuestros alumnos siempre. Lo hicimos pese a tener grandes angustias por la situación social que estamos viviendo, a no contar con la conectividad o herramientas adecuadas, a tener que atender a nuestras familias, a no contar con nuestros haberes, poner nuestros servicios y elementos personales al servicio del Estado. No nos quejamos, nos pusimos en marcha y trabajamos pese a mucho por nuestros alumnos.
Hoy dije basta, no puedo seguir así, el deber hacer por el gran compromiso con los alumnos y las cuestiones personales que se viven ante la realidad social me generan sentimientos de mucha angustia. Debo frenar por mi salud y mi familia porque soy una persona también. Una persona que hasta ayer trabajó con compromiso pese a mucho. 
Se me deben dos meses de sueldo, las cuentas vencen y los intereses siguen corriendo. Pago todo más caro por cuestiones ajenas a mí, tengo que usar mi tarjeta de crédito para comprar alimentos. Además, soy una persona que atiende cuestiones personales como todos, soy mamá y, al igual que todas las familias colaboro con mis hijos, soy hija y estoy atenta a las personas mayores de mi familia que son personas de riesgo.
No se puede continuar más así. Hay exigencias permanentes y ante cualquier cosa nos aconsejan ser cautelosos porque la gente está susceptible, ser empáticos poniéndonos en el lugar del otro, entender que hay una diversidad que debemos apoyar y acompañar, predicar con el ejemplo porque los chicos aprenden de eso. Todo esto lo hago sin que me lo tengan que decir día a día desde hace más de 20 años, me he equivocado por ser humana, pero he sabido pedir disculpas y busque la manera de reparar mi error. 
¿Es mucho pedir que desde el gobierno sean cautelosos, empáticos, atiendan la diversidad y prediquen con el ejemplo?
Este es mi sentir que, al compartirlo con los equipos directivos de las escuelas 3, 5, 40, 55, 100, 122, 125, 130, 138, 140, 151, 156, 189, 195, 196, 199, 216, 220, 224, 303, 513 y 609, me alentaron a hacerlo público.

María José Uzcudún.
 

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Sentimientos de muchos maestros de hoy

Sr. Director:
En primer lugar, teniendo en cuenta la emergencia sanitaria mundial y en particular de nuestro país y provincia trabajé desde mi hogar. En todo momento me manejé de manera solidaria y empática ante esta situación de excepción que estamos viviendo. Observé que como escuela nos pusimos de aprendientes ante esta nueva modalidad online que dispuso el Ministerio de Educación para continuar con las clases dando lo mejor de cada uno.

Nuestro tiempo de dedicación a la labor docente aumentó en gran medida, tuvimos que aprender a usar classroom, preparar y adecuar clases a esta modalidad, comunicarnos con las familias ofreciendo ayuda para que puedan unirse y para poder ir haciendo las adecuaciones necesarias respetando las trayectorias educativas a partir de las observaciones de las familias que trabajan como equipo con nosotros, oímos con respeto las realidades de algunas familias que no cuentan con la conectividad necesaria o las herramientas adecuadas y que están angustiadas por la pandemia o por situaciones personales que están viviendo, flexibilizamos para ayudar abriendo otros medios de comunicación para que puedan enviar los trabajos y hacer una devolución o simplemente para escuchar cómo van, dar aliento, apoyando a nuestros alumnos y vinculándonos con las familias, caminamos los barrios entregando cuadernillos o actividades preparadas para aquellos que no pueden acceder al modo virtual.
Todo lo expuesto anteriormente lo hicimos sin obligación, lo hicimos porque somos docentes, estamos atentos a nuestros alumnos siempre. Lo hicimos pese a tener grandes angustias por la situación social que estamos viviendo, a no contar con la conectividad o herramientas adecuadas, a tener que atender a nuestras familias, a no contar con nuestros haberes, poner nuestros servicios y elementos personales al servicio del Estado. No nos quejamos, nos pusimos en marcha y trabajamos pese a mucho por nuestros alumnos.
Hoy dije basta, no puedo seguir así, el deber hacer por el gran compromiso con los alumnos y las cuestiones personales que se viven ante la realidad social me generan sentimientos de mucha angustia. Debo frenar por mi salud y mi familia porque soy una persona también. Una persona que hasta ayer trabajó con compromiso pese a mucho. 
Se me deben dos meses de sueldo, las cuentas vencen y los intereses siguen corriendo. Pago todo más caro por cuestiones ajenas a mí, tengo que usar mi tarjeta de crédito para comprar alimentos. Además, soy una persona que atiende cuestiones personales como todos, soy mamá y, al igual que todas las familias colaboro con mis hijos, soy hija y estoy atenta a las personas mayores de mi familia que son personas de riesgo.
No se puede continuar más así. Hay exigencias permanentes y ante cualquier cosa nos aconsejan ser cautelosos porque la gente está susceptible, ser empáticos poniéndonos en el lugar del otro, entender que hay una diversidad que debemos apoyar y acompañar, predicar con el ejemplo porque los chicos aprenden de eso. Todo esto lo hago sin que me lo tengan que decir día a día desde hace más de 20 años, me he equivocado por ser humana, pero he sabido pedir disculpas y busque la manera de reparar mi error. 
¿Es mucho pedir que desde el gobierno sean cautelosos, empáticos, atiendan la diversidad y prediquen con el ejemplo?
Este es mi sentir que, al compartirlo con los equipos directivos de las escuelas 3, 5, 40, 55, 100, 122, 125, 130, 138, 140, 151, 156, 189, 195, 196, 199, 216, 220, 224, 303, 513 y 609, me alentaron a hacerlo público.

María José Uzcudún.
 

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