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Mucho tiempo, alto costo y poca potencia

El 8 de febrero de 2014 en Lima Provincia de Buenos Aires, Argentina dio un gran paso para reafirmar su capacidad para el desarrollo y puesta en marcha de centrales nucleares, con el inicio de la construcción del primer reactor de potencia íntegramente diseñado y construido en el país.

La obra se había iniciado en 2011, pero como avanzó muy poco puede aceptarse la fecha mencionada como la del inicio de la construcción. Después de casi siete años, con el prototipo sin terminar, debemos concluir que el país no consiguió lo que se proponía y tenemos que recapacitar si vale la pena el esfuerzo. Se dirá que la razón de tanta demora se debe a la alternancia política que atenta contra las políticas de estado, o a las crisis interminables, a la permanente escasez presupuestaria, etc. Bueno, esas constituyen también razones para abjurar de la producción de reactores de potencia. Hay otras aún más importantes.

 

Argentina insiste cuando en el mundo la energía nuclear está en franco declive. Suecia. Italia, Bélgica, Alemania, Suiza, Austria, Países Bajos, España, Portugal, Nueva Zelanda, Filipinas, Corea del Sur han renegado de ella. Las opiniones públicas de otros países como Japón y Polonia, exigen el abandono y hasta Francia reduce su dependencia de la energía nuclear.

 

Solo en 2020 Australia instaló en azoteas más de 3.000 MW de potencia fotovoltaica, superando así los 13.000 MW totales y Vietnam llegó a 7.400 MW. Por supuesto en ambos

 

países fueron necesarios subsidios y financiación estatales para el desarrollo de los recursos energéticos distribuidos y para el almacenamiento. Y no son los únicos países que incentivan a los clientes residenciales, comerciales e industriales para que instalen sistemas de consumo distribuido. Es una inversión oficial muy productiva, de pronto aprovechamiento y mucho más inteligente que construir reactores nucleares de potencia.

 

En marzo de 2019 la Provincia del CHUBUT, se adhirió a la Ley nacional, que fija las políticas para la generación de energía eléctrica de origen renovable, por parte de usuarios de la red de distribución para su autoconsumo. Sin embargo, a casi dos años, no se advierte su utilización. Tampoco es mucho lo que se aprovecha en el resto del país.

 

El reactor CAREM que se prevé terminar en el 2022, tendrá una potencia instalada de solo 32 MW, cuando el país, en cuatro años instaló y están en operación, 1.760 MW de potencia de renovables.

 

La potencia nuclear genera energía durante todo el tiempo en cambio las renovables son intermitentes, así generen solo el 35 % del día, la diferencia en tiempo de ejecución y costo es descomunal.

 

Argentina ha exportado reactores de baja potencia, multipropósito a Perú, Argelia, Egipto, Australia, Arabia Saudita y Holanda, sin embargo, en el prototipo del reactor de potencia CAREM mencionado, el plazo y el costo son excesivos. Según Santiago Magrone de Econojournal, la inversión estatal alcanzará los 685 millones de dólares (Casi 21,5 millones por MW instalado) y el tiempo de ejecución alcanzará los 9 años de plazo. Alto costo, mucho tiempo y escasa potencia

 

La publicidad oficial dice que esta clase de reactores tienen una gran proyección para el abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos. Me pregunto ¿qué zona podría solventar semejante costo, y esperar tanto tiempo?

 

En el mundo el costo del MW nuclear instalado oscila en los 7 millones de dólares y el de renovables no llega a 1 millón. Razón de más para renegar de la energía nuclear.

 

Argentina está siendo presionada por China para la compra de un reactor de más de 1.000 MW, de tecnología moderna, muy poco conocida por nuestros técnicos. Si finalmente cede, quedará hipotecada por otros 8.000 millones de dólares si bien con tasas cómodas y mejores que en el resto del mercado, pero de todas maneras no sería un buen negocio, ya que también el costo de producción de energía nuclear es muy superior a las renovables, y tendrá que esperar por lo menos 6 a 8 años para que el reactor chino entre en operación. Además, quedará dependiente de la importación de uranio enriquecido. Debemos oponernos a semejante desatinado dispendio.

 

Con el Carem el país no logró, como era su intención, reafirmar su capacidad para el desarrollo y puesta en marcha de centrales nucleares. Esto hay que decirlo. MUCHO TIEMPO, ALTO COSTO Y POCA POTENCIA.