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La igualdad ante la brecha digital y los desafíos de la escuela

Más allá de la presencialidad como objeto de contienda mediática y política, lo que subrayó la emergencia sanitaria es la desigualdad medular en todos los campos de la sociedad pero con más impacto en una institución como la escuela, cuya premisa crucial es la igualdad, por lo que la reflexión en la actualidad -según coinciden varios pedagogos- pasa por repensar los desafíos que supone proyectar un futuro cercano que pueda amalgamar la experiencia digital con rasgos de la idiosincrasia escolar.

Por REDACCIÓN CHUBUT

"Las tecnologías de la educación han posibilitado la continuidad pedagógica durante el 2020 y constituyen una herramienta poderosa en los procesos educativos. Sin embargo, el negocio de las tecnologías se expandió vertiginosamente durante la pandemia acentuando los procesos de comercialización y mercantilización de la educación lo que pone en riesgo la soberanía pedagógica de cada uno de los países para definir los sentidos que orientan las acciones pedagógicas", sostiene Myriam Feldfeber, licenciada en Ciencias de la Educación.

Y por eso propone "repensar la escuela y los procesos educativos en función de un modelo de igualdad y justicia social, del buen vivir, de otros vínculos con el medio ambiente, del despliegue de políticas de cuidado, del procesamiento de las situaciones traumáticas que estamos atravesando. Necesitamos transitar un tiempo en reparación y la escuela y las comunidades educativas deben jugar un papel central en este proceso".

Porque como apunta la doctora en Psicología y especialista en Educación Flavia Terigi, "a las dificultades de la conexión intermitente, o de la desconexión lisa y llana, se le suma la dificultad para generar lo que en el aula se realiza con mayor facilidad, como el seguimiento de procesos individuales, el percatarse de las dificultades que presenta un concepto, una actividad o un recurso, o el trabajo con las y los compañeros con quienes y de quienes es posible aprender", dice sobre la complejidad del escenario digital escolar que se vivió el año pasado, aunque advierte que "esto no supone que haya que volver a clases presenciales como sea".

Por su parte, Mariano Narodowski, integrante de Pansophia Project, asegura que "la desescolarización en la pandemia es tan brutal que aún no entendemos todos sus efectos entre otros motivos porque hay desescolarización más aislamiento social: en un escenario sin contagios, muchas escuelas con muchos recursos (incluso argentinas), planean aprovechar la experiencia desescolarizante para avanzar en modos combinados, donde lo presencial y lo remoto diluyen sus límites".

Se refiere a que "prevén hacer valer lo mejor de la escuela (el contacto personal, la corporeidad) y lo mejor de lo digital aunque un gran problema es que las plataformas digitales actuales estuvieron pensadas por ingenieros con poco conocimiento pedagógico. Es central pedagogizar la educación digital para que sea menos rudimentaria que los modelos actuales", dice el especialista.

En retrospectiva, el doctor en Ciencias Sociales Octavio Falconi considera que si bien hubo "una rápida adaptación a la virtualidad" eso tuvo "consecuencias diferentes para los distintos sectores sociales. La situación de aislamiento social y tener clases en los hogares profundizó las desigualdades preexistentes en relación a las condiciones de vida, las dinámicas económicas de los hogares, la conectividad y la disponibilidad de dispositivos y recursos para conectarse. Eso fue muy desigual según las condiciones socioeconómicas de las familias, pero también de los docentes y de las escuelas que organizan esas interacciones virtuales".

El investigador cordobés destaca también que "la poca investigación que surgió en este tiempo demostró la enorme vigilancia que tienen los padres y las madres sobre la actividad y producciones de los alumnos. Justamente la escuela permite salirse de esa vigilancia, como dicen Simmons y Mayer, la escuela permite construir un tiempo liberado: liberados de las presiones de sus familias y de las presiones de la sociedad para que el sujeto pueda construir su propio modo de ser, su propia identidad en una oposición o recuperación de valores, principios que pueden ser los de la sociedad, los que va encontrando en la escuela, con sus compañeros".

Así como en todos los campos de la experiencia social, la escuela también fue centro del debate, solo que a diferencia de otras instituciones sus dinámicas no son traducibles a uno u otro formato porque están atravesadas por una complejidad propia del campo. Y justamente por eso las palabras de Feldfeber lo resumen con claridad: "La crisis generada por la Covid-19 ha afectado a todos los sistemas educativos y nos enfrenta al desafío de repensar el formato escolar y los modos de hacer escuela en el presente y de cara al futuro".

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La igualdad ante la brecha digital y los desafíos de la escuela

Más allá de la presencialidad como objeto de contienda mediática y política, lo que subrayó la emergencia sanitaria es la desigualdad medular en todos los campos de la sociedad pero con más impacto en una institución como la escuela, cuya premisa crucial es la igualdad, por lo que la reflexión en la actualidad -según coinciden varios pedagogos- pasa por repensar los desafíos que supone proyectar un futuro cercano que pueda amalgamar la experiencia digital con rasgos de la idiosincrasia escolar.

"Las tecnologías de la educación han posibilitado la continuidad pedagógica durante el 2020 y constituyen una herramienta poderosa en los procesos educativos. Sin embargo, el negocio de las tecnologías se expandió vertiginosamente durante la pandemia acentuando los procesos de comercialización y mercantilización de la educación lo que pone en riesgo la soberanía pedagógica de cada uno de los países para definir los sentidos que orientan las acciones pedagógicas", sostiene Myriam Feldfeber, licenciada en Ciencias de la Educación.

Y por eso propone "repensar la escuela y los procesos educativos en función de un modelo de igualdad y justicia social, del buen vivir, de otros vínculos con el medio ambiente, del despliegue de políticas de cuidado, del procesamiento de las situaciones traumáticas que estamos atravesando. Necesitamos transitar un tiempo en reparación y la escuela y las comunidades educativas deben jugar un papel central en este proceso".

Porque como apunta la doctora en Psicología y especialista en Educación Flavia Terigi, "a las dificultades de la conexión intermitente, o de la desconexión lisa y llana, se le suma la dificultad para generar lo que en el aula se realiza con mayor facilidad, como el seguimiento de procesos individuales, el percatarse de las dificultades que presenta un concepto, una actividad o un recurso, o el trabajo con las y los compañeros con quienes y de quienes es posible aprender", dice sobre la complejidad del escenario digital escolar que se vivió el año pasado, aunque advierte que "esto no supone que haya que volver a clases presenciales como sea".

Por su parte, Mariano Narodowski, integrante de Pansophia Project, asegura que "la desescolarización en la pandemia es tan brutal que aún no entendemos todos sus efectos entre otros motivos porque hay desescolarización más aislamiento social: en un escenario sin contagios, muchas escuelas con muchos recursos (incluso argentinas), planean aprovechar la experiencia desescolarizante para avanzar en modos combinados, donde lo presencial y lo remoto diluyen sus límites".

Se refiere a que "prevén hacer valer lo mejor de la escuela (el contacto personal, la corporeidad) y lo mejor de lo digital aunque un gran problema es que las plataformas digitales actuales estuvieron pensadas por ingenieros con poco conocimiento pedagógico. Es central pedagogizar la educación digital para que sea menos rudimentaria que los modelos actuales", dice el especialista.

En retrospectiva, el doctor en Ciencias Sociales Octavio Falconi considera que si bien hubo "una rápida adaptación a la virtualidad" eso tuvo "consecuencias diferentes para los distintos sectores sociales. La situación de aislamiento social y tener clases en los hogares profundizó las desigualdades preexistentes en relación a las condiciones de vida, las dinámicas económicas de los hogares, la conectividad y la disponibilidad de dispositivos y recursos para conectarse. Eso fue muy desigual según las condiciones socioeconómicas de las familias, pero también de los docentes y de las escuelas que organizan esas interacciones virtuales".

El investigador cordobés destaca también que "la poca investigación que surgió en este tiempo demostró la enorme vigilancia que tienen los padres y las madres sobre la actividad y producciones de los alumnos. Justamente la escuela permite salirse de esa vigilancia, como dicen Simmons y Mayer, la escuela permite construir un tiempo liberado: liberados de las presiones de sus familias y de las presiones de la sociedad para que el sujeto pueda construir su propio modo de ser, su propia identidad en una oposición o recuperación de valores, principios que pueden ser los de la sociedad, los que va encontrando en la escuela, con sus compañeros".

Así como en todos los campos de la experiencia social, la escuela también fue centro del debate, solo que a diferencia de otras instituciones sus dinámicas no son traducibles a uno u otro formato porque están atravesadas por una complejidad propia del campo. Y justamente por eso las palabras de Feldfeber lo resumen con claridad: "La crisis generada por la Covid-19 ha afectado a todos los sistemas educativos y nos enfrenta al desafío de repensar el formato escolar y los modos de hacer escuela en el presente y de cara al futuro".

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