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La provincia es una excepción

De las declaraciones efectuadas por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, surge claramente, según sus palabras, que Chubut es una excepción dentro del panorama general del país.

Luis López Salaberry

Que evidentemente el déficit que presenta nuestra provincia la hace sobresalir del resto de las administraciones provinciales y que sus incumplimientos sólo se deben a sus determinaciones y, en función a ello, se deben asumir las responsabilidades. Más allá del análisis de números y «del dinero que te dí, o que no me dieron», lo cierto es que el arrastre de situaciones de antigua data no se han resuelto sino que, por el contrario, se han acentuado, más allá de las buenas intenciones o las palabras que han galardonado los discursos.
 Los que vivimos en Chubut desde hace muchos años conocemos de qué manera se ha desperdiciado no sólo lo que la naturaleza nos ha otorgado, más allá de lo que ha significado una política nacional que se ha olvidado de la Patagonia, sino que no se ha querido aprovechar por posicionamientos políticos. Desde nuestros senadores, que ni siquiera tienen la gentileza de preocuparse por la gente que los ha votado, hay una costumbre de nunca rendir cuentas, o nuestros diputados nacionales, que solamente se alinean en posturas de estructuras partidocráticas, hasta quienes tienen la obligación de gestionar la cotidianeidad, salvo raras excepciones, sólo se han preocupado de perdurar en los cargos, pero de ninguna manera de aprovechar lo que nos conviene para salir del estancamiento y la oscuridad que hoy tiene nuestro presente.
 Pero la historia del Chubut no nos enseña eso, todo lo contrario. Gente comprometida con el futuro y que no le esquivaba al debate como nuestros constituyentes del año 1957 o los beneficios que nos aportó la política petrolera de Arturo Frondizi, bien aprovechada por el gobierno de Jorge Galina, que con gente honesta y proba armó institucionalmente la provincia siguiendo los mandatos de la Constitución, nos debería generar un ejemplo para hoy salir del atolladero. La geografía es la misma y las posibilidades actuales pueden permitirnos un salto de calidad que rompa el esquema vicioso que hoy alimenta a la política egocéntrica que sólo se ocupa de cómo distribuir el poder familiar y generar un Estado cada vez más grande para asegurar votos, aunque después no pueda cumplir ni con las promesas ni con sus obligaciones. 
Desde esta columna hemos sostenido en varias oportunidades las posibilidades productivas que la Provincia tiene y que sólo requieren de decisiones políticas para que se produzcan las inversiones necesarias. Da la sensación que no existe ni siquiera interés para poner en marcha la imaginación. Cuando una provincia requiere inversión y oferta de empleo privado sólo se hace un cálculo de regalías sin comprender las posibilidades de una negociación que amplíe el campo de acción de la actividad privada. 
Hoy, viendo los resultados (el proyecto Ingentis aparte porque nadie ha dado una respuesta ni se han asumido las responsabilidades de haber perdido tanto dinero público), las regalías no significan ningún reaseguro, a juzgar por las características de la administración. Diría que las mismas hasta pudieran tentar a algunos para seguir agrandando un Estado para los amigos del poder. Sindicalistas administradores devenidos en empresarios con fondos del erario público no es precisamente lo que necesitamos, pero demuestra la contradicción en la que estamos envueltos. Una contradicción que seguramente también se reflejará en la determinación de la gente, en forma independiente de la opinión de los dirigentes. Una dirigencia que habiendo obtenido un voto de confianza a poco de caminar demostró su incapacidad pero que, pese a desprestigiar a su principal oponente, y éste a aquél, no dudaron en abrazarse en la búsqueda del pasado.
¿Queremos realmente ese pasado donde la corrupción dominó a funcionarios y empresarios ávidos de satisfacer velozmente sus intereses, o por el contrario queremos la transparencia y la verdad de la cosa pública para no sentirnos defraudados? El sentido común me hace sostener que ésta última postura debería ser de la mayoría. 
Chubut puede cambiar su posición de Provincia endeudada a una Provincia con acreencias. Sólo ver el monto de sus exportaciones en materia pesquera, las posibilidades de exportaciones de otros productos hoy el petrolero, mañana el de la carne, los trabajos necesarios en el Valle Inferior para poner en valor su producción y el cuidado de la misma, el turismo, el aprovechamiento de la energía que se produce para la agregación de valor, la minería con todos los controles que hoy la tecnología permite y la capacidad de su gente para recibir los conocimientos adecuados permiten apreciar que la batalla puede ser ganada. Que de la oscuridad del presente puede nacer la luz. Para ello necesitamos usar la razón y agregarle la imaginación para negociar en beneficio de la gente que se sentirá alentada para la construcción de un futuro que se presenta como imperdible.

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La provincia es una excepción

De las declaraciones efectuadas por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, surge claramente, según sus palabras, que Chubut es una excepción dentro del panorama general del país.

Que evidentemente el déficit que presenta nuestra provincia la hace sobresalir del resto de las administraciones provinciales y que sus incumplimientos sólo se deben a sus determinaciones y, en función a ello, se deben asumir las responsabilidades. Más allá del análisis de números y «del dinero que te dí, o que no me dieron», lo cierto es que el arrastre de situaciones de antigua data no se han resuelto sino que, por el contrario, se han acentuado, más allá de las buenas intenciones o las palabras que han galardonado los discursos.
 Los que vivimos en Chubut desde hace muchos años conocemos de qué manera se ha desperdiciado no sólo lo que la naturaleza nos ha otorgado, más allá de lo que ha significado una política nacional que se ha olvidado de la Patagonia, sino que no se ha querido aprovechar por posicionamientos políticos. Desde nuestros senadores, que ni siquiera tienen la gentileza de preocuparse por la gente que los ha votado, hay una costumbre de nunca rendir cuentas, o nuestros diputados nacionales, que solamente se alinean en posturas de estructuras partidocráticas, hasta quienes tienen la obligación de gestionar la cotidianeidad, salvo raras excepciones, sólo se han preocupado de perdurar en los cargos, pero de ninguna manera de aprovechar lo que nos conviene para salir del estancamiento y la oscuridad que hoy tiene nuestro presente.
 Pero la historia del Chubut no nos enseña eso, todo lo contrario. Gente comprometida con el futuro y que no le esquivaba al debate como nuestros constituyentes del año 1957 o los beneficios que nos aportó la política petrolera de Arturo Frondizi, bien aprovechada por el gobierno de Jorge Galina, que con gente honesta y proba armó institucionalmente la provincia siguiendo los mandatos de la Constitución, nos debería generar un ejemplo para hoy salir del atolladero. La geografía es la misma y las posibilidades actuales pueden permitirnos un salto de calidad que rompa el esquema vicioso que hoy alimenta a la política egocéntrica que sólo se ocupa de cómo distribuir el poder familiar y generar un Estado cada vez más grande para asegurar votos, aunque después no pueda cumplir ni con las promesas ni con sus obligaciones. 
Desde esta columna hemos sostenido en varias oportunidades las posibilidades productivas que la Provincia tiene y que sólo requieren de decisiones políticas para que se produzcan las inversiones necesarias. Da la sensación que no existe ni siquiera interés para poner en marcha la imaginación. Cuando una provincia requiere inversión y oferta de empleo privado sólo se hace un cálculo de regalías sin comprender las posibilidades de una negociación que amplíe el campo de acción de la actividad privada. 
Hoy, viendo los resultados (el proyecto Ingentis aparte porque nadie ha dado una respuesta ni se han asumido las responsabilidades de haber perdido tanto dinero público), las regalías no significan ningún reaseguro, a juzgar por las características de la administración. Diría que las mismas hasta pudieran tentar a algunos para seguir agrandando un Estado para los amigos del poder. Sindicalistas administradores devenidos en empresarios con fondos del erario público no es precisamente lo que necesitamos, pero demuestra la contradicción en la que estamos envueltos. Una contradicción que seguramente también se reflejará en la determinación de la gente, en forma independiente de la opinión de los dirigentes. Una dirigencia que habiendo obtenido un voto de confianza a poco de caminar demostró su incapacidad pero que, pese a desprestigiar a su principal oponente, y éste a aquél, no dudaron en abrazarse en la búsqueda del pasado.
¿Queremos realmente ese pasado donde la corrupción dominó a funcionarios y empresarios ávidos de satisfacer velozmente sus intereses, o por el contrario queremos la transparencia y la verdad de la cosa pública para no sentirnos defraudados? El sentido común me hace sostener que ésta última postura debería ser de la mayoría. 
Chubut puede cambiar su posición de Provincia endeudada a una Provincia con acreencias. Sólo ver el monto de sus exportaciones en materia pesquera, las posibilidades de exportaciones de otros productos hoy el petrolero, mañana el de la carne, los trabajos necesarios en el Valle Inferior para poner en valor su producción y el cuidado de la misma, el turismo, el aprovechamiento de la energía que se produce para la agregación de valor, la minería con todos los controles que hoy la tecnología permite y la capacidad de su gente para recibir los conocimientos adecuados permiten apreciar que la batalla puede ser ganada. Que de la oscuridad del presente puede nacer la luz. Para ello necesitamos usar la razón y agregarle la imaginación para negociar en beneficio de la gente que se sentirá alentada para la construcción de un futuro que se presenta como imperdible.

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