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La maldad

Desde que el mundo es mundo la maldad dominó, y aún lo hace, gran parte de nuestras vidas o al menos de los conocimientos.

Emilio Balado

Desde la prehistoria hasta nuestros días, la maldad del hombre contra el hombre no ha tenido respiro, y solo basta entrar en la historia para saber como unos contra otros dominaron grandes espacios de tiempo, y todos los motivos pareciera que han sido válidos para que esto ocurriera. Muchas veces esos actos fueron justificados por los agresores que en aras de determinados objetivos así lo determinaron. Pero uno de los crímenes más aberrantes ha sido y aún hoy lo sigue siendo; son las guerras que destruyen y matan sin razón, porque entendemos que nada justifica el accionar del uno contra el otro.
En estos días vemos como casi cotidianamente el ser humano es atacado por otro ser humano en diferentes modalidades, pero casi siempre en perjuicio de alguien que sufre y de los seres que lo rodean causando gran dolor y así quedan destruidas familias y allegados que también sienten como propio ese pesar.
Las masacres continúan y este prólogo apunta a una catástrofe que ocurre en  nuestros días, que es la guerra en Siria, donde en un nuevo escenario de maldad nos aqueja. Fracciones de poder que se pelean producen la guerra civil entre hermanos y más atrás la injerencia de grandes potencias, están acabando con la vida de los habitantes y de las ciudades, donde desgraciadamente y cotidianamente los medios de comunicación nos muestran como la vida ciudadana se degrada, pero lo que es peor aún, la muerte de cientos de niñas y niños que nada tienen que ver con el conflicto encarado por el hombre, pero que son espectadores indefensos de tales atrocidades.
Pero no debemos ir tan lejos porque hay diferentes formas de maldad. Hoy en nuestro Chubut podemos ver y sentir como aspirantes a cargos públicos en aras de lograr sus objetivos, engañan y han engañado al electorado mostrándoles lo bello que será si ellos gobiernan o lo magnífico que están las cosas, cuando la verdad hoy nos golpea y nos está mostrando la faceta oscura del mensaje.
Muchos piensan, y hasta se han realizado tratados sobre la necesidad de las guerras como una forma de regulación poblacional del planeta. Nada más macabro, pero que sucede, y esto me recuerda una película realizada hace varios años atrás, donde después de un desastre nuclear que casi extermina a la raza humana, un grupo de «iluminados» establecían para lograr el fin regulatorio,  que todo ser humano al llegar a una determinada edad debía ser eliminado para no producir el fenómeno de la superpoblación.
Hay una realidad, pero las políticas poblacionales deben ser encaradas por otro lado, para permitir una vida armónica entre los seres humanos, sin la necesidad de ejercen la maldad.
¿Podrá el hombre superar esa instancia?
 

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La maldad

Desde que el mundo es mundo la maldad dominó, y aún lo hace, gran parte de nuestras vidas o al menos de los conocimientos.

Desde la prehistoria hasta nuestros días, la maldad del hombre contra el hombre no ha tenido respiro, y solo basta entrar en la historia para saber como unos contra otros dominaron grandes espacios de tiempo, y todos los motivos pareciera que han sido válidos para que esto ocurriera. Muchas veces esos actos fueron justificados por los agresores que en aras de determinados objetivos así lo determinaron. Pero uno de los crímenes más aberrantes ha sido y aún hoy lo sigue siendo; son las guerras que destruyen y matan sin razón, porque entendemos que nada justifica el accionar del uno contra el otro.
En estos días vemos como casi cotidianamente el ser humano es atacado por otro ser humano en diferentes modalidades, pero casi siempre en perjuicio de alguien que sufre y de los seres que lo rodean causando gran dolor y así quedan destruidas familias y allegados que también sienten como propio ese pesar.
Las masacres continúan y este prólogo apunta a una catástrofe que ocurre en  nuestros días, que es la guerra en Siria, donde en un nuevo escenario de maldad nos aqueja. Fracciones de poder que se pelean producen la guerra civil entre hermanos y más atrás la injerencia de grandes potencias, están acabando con la vida de los habitantes y de las ciudades, donde desgraciadamente y cotidianamente los medios de comunicación nos muestran como la vida ciudadana se degrada, pero lo que es peor aún, la muerte de cientos de niñas y niños que nada tienen que ver con el conflicto encarado por el hombre, pero que son espectadores indefensos de tales atrocidades.
Pero no debemos ir tan lejos porque hay diferentes formas de maldad. Hoy en nuestro Chubut podemos ver y sentir como aspirantes a cargos públicos en aras de lograr sus objetivos, engañan y han engañado al electorado mostrándoles lo bello que será si ellos gobiernan o lo magnífico que están las cosas, cuando la verdad hoy nos golpea y nos está mostrando la faceta oscura del mensaje.
Muchos piensan, y hasta se han realizado tratados sobre la necesidad de las guerras como una forma de regulación poblacional del planeta. Nada más macabro, pero que sucede, y esto me recuerda una película realizada hace varios años atrás, donde después de un desastre nuclear que casi extermina a la raza humana, un grupo de «iluminados» establecían para lograr el fin regulatorio,  que todo ser humano al llegar a una determinada edad debía ser eliminado para no producir el fenómeno de la superpoblación.
Hay una realidad, pero las políticas poblacionales deben ser encaradas por otro lado, para permitir una vida armónica entre los seres humanos, sin la necesidad de ejercen la maldad.
¿Podrá el hombre superar esa instancia?
 

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