El testimonio de Hipólito Solari Yrigoyen a 50 años del golpe de Estado: Una vida marcada por la defensa de los derechos humanos
Por Hipólito Solari Yrigoyen.
por REDACCIÓN CHUBUT 23/03/2026 - 20.48.hs
Pese a las limitaciones que hoy me impone la salud, es mi deseo estar presente en este 50° aniversario del golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976 y dejar testimonio en esta fecha, que ocupa un lugar tan profundo en la memoria de nuestro pueblo.
Como senador nacional por la provincia del Chubut, víctima directa de organizaciones paraestatales como la Triple A y del terrorismo de Estado, conocí en carne propia lo que significaron la persecución, la violencia política, la cárcel y el exilio. También sufrí la pérdida de correligionarios y amigos entrañables, entre ellos Mario Abel Amaya, cuyo asesinato, junto al destino aún no esclarecido de tantos argentinos que permanecen desaparecidos, constituye una herida abierta en la conciencia democrática de la Argentina.
Nunca guardé rencor por los padecimientos sufridos junto con mi familia. Tampoco promoví denuncias en los tribunales, a los que concurrí siempre en calidad de testigo. Siempre creí que el camino para reparar aquellas heridas debía ser la consolidación de la democracia, el respeto irrestricto por los derechos humanos y la construcción de una sociedad más justa, objetivos a los que también dedicó su vida política y su acción de gobierno el Dr. Raúl Alfonsín.
Cuando años más tarde el Estado argentino resolvió indemnizar a las víctimas de esos aberrantes delitos, la totalidad de las sumas que me correspondían fue donada a la provincia del Chubut para iniciar la construcción de una escuela en Puerto Madryn, en la convicción de que la educación y la memoria son herramientas fundamentales para evitar que aquellos hechos vuelvan a repetirse.
Estos recuerdos personales no pertenecen a una historia individual, sino que son parte de la tragedia colectiva que atravesó nuestro país cuando se quebró el orden constitucional y se instauró un régimen basado en el miedo, la represión y la negación de los derechos más elementales.
A 50 años de aquel golpe de Estado, la memoria sigue siendo un compromiso inclaudicable con la democracia y con las nuevas generaciones para defender las libertades públicas, los derechos humanos y el estado de derecho.
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