Cuando la historia se rinde ante el corazón
Hay conquistas que no se miden en goles, ni en puntos, ni siquiera en copas. Hay campeonatos que se gestan en la espera, en el barro de las derrotas, en los abrazos interrumpidos. El de Dolavon, ese pequeño gigante del Valle del Chubut, fue uno de ellos. No fue un título más. Fue una deuda saldada con el alma, una página arrancada del libro de los imposibles y escrita con letras de esperanza, sudor y memoria.
por REDACCIÓN CHUBUT 11/01/2026 - 20.49.hs
Dolavon había nacido con la Liga misma, como si el fútbol le brotara de las raíces. Fundador y pionero en nuestro fútbol. Y aunque había celebrado en el ascenso, en el 59, en el 69, en el 71, en el 76, en el 82 y en tantas otras tardes, la Primera A siempre fue una cima esquiva, un amor no correspondido. Se jugaba, se luchaba, se soñaba… pero no se alcanzaba.
Hasta que el 98, casi sin anunciarse, trajo viento de epopeya.
El torneo comenzó un 3 de agosto, cuando el invierno aún se negaba a irse del todo. Dolavon, que había regresado a la elite cuatro años antes, era un equipo curtido, con cicatrices y con fuego. Había talento, carácter y una convicción que latía como bandera. Jorge Alfaro, volante ofensivo con despliegue y gol, era clave en la creación. A su lado, Edgardo Lloyd Jones, el cerebro, el distinto, dueño de la pausa, de la precisión, del pase fino, le ponía música al mediocampo. Aníbal Serra y Jorge Montoya componían una muralla de doble cinco: equilibrio, garra y lectura. Jorge Chiquichano, caudillo de la defensa, mandaba desde el fondo con personalidad, juego aéreo y salida limpia. Juan Pablo Gigliotto, joven pero inmenso, mostraba su temple en cada cruce, y escribió su nombre con fuego en la final. Atrás también estaban soldados como Serra, Montoya y el seguro Marcelo Leyes bajo los tres palos, que cuidaba el arco como quien cuida una promesa.
Arriba, Fabián Astudillo era el desequilibrio, el vértigo, una amenaza constante por afuera, rápido, endiablado y preciso. Claudio García, el 9 picante, infalible en los metros finales, lo acompañaba como una sombra afilada. Cada uno sabía su parte. Cada uno era parte de algo más grande.
Pero en el camino, la piedra de siempre: Soltex. Dolavon había perdido con ellos dos veces en la fase inicial. Una de ellas, la del 0-7 del 25 de octubre, fue una herida abierta, una humillación que aún silbaba en los oídos. Soltex era el cuco, el verdugo, el espejo donde Dolavon no quería mirarse.
La segunda fase del torneo reunió a los mejores. Dolavon arrancó tímido: victoria ante Racing, derrota con La Ribera, empate ante Germinal. El título parecía lejanísimo. Pero entonces, como si un trueno hubiese partido el cielo en dos, Dolavon goleó 6-0 a Brown, el 22 de noviembre. Fue más que un triunfo: fue una rebelión. Desde ahí, el equipo se volvió otro: arrolló 4-0 a La Ribera, venció 3-1 a Germinal, y llegó a la última fecha con una consigna clara y brutal: había que ganarle a Soltex.
El rival, el recuerdo, el trauma. Soltex era todo eso y más. Venía invicto casi, confiado, entero. Y para colmo, Dolavon no tendría a Aníbal Serra, su estandarte, expulsado en la antesala del partido.
Pero el fútbol tiene sus propias leyes. Y a veces, los sueños no obedecen al miedo.
Aquel 9 de enero de 1999, con el calendario vencido y el corazón en llamas, Dolavon jugó el partido perfecto. Juan Pablo Gigliotto abrió la historia, Daniel Torres la torció, y Astudillo —el eterno Astudillo— la selló con puño de gol. Fue 3-1. Fue justicia. Fue épica. Fue revancha. Fue, simplemente, el día en que el Verde tocó el cielo con los botines embarrados.
En el banco, el galés Griffiths se convertía en leyenda: el segundo técnico en ganar títulos en las tres divisiones del Valle. Pero esa tarde, el héroe fue un pueblo entero.
El torneo del 98 terminó en 1999. Porque las gestas no respetan calendarios. Se escriben cuando deben escribirse.
Dolavon campeón. Apenas dos palabras. Pero dicen mucho más. Dicen infancia, espera, desvelo. Dicen hinchas que ya no están, banderas que aún flamean, jugadores que entraron en la historia por la puerta del alma.
PLANTEL CAMPEON
Marcelo Leyes (19 partidos), Pablo Vasquez (1), Juan Figueroa (14), Daniel Torres (18), Anibal Serra (17), Jorge Alfaro (17), Néstor García (4), Fabian Astudillo (19), Edgardo Lloyd Jones (19), José Alvarez (15), Cristian Robles (4), Sergio Bell (12), Jorge Montoya (17), Juan Pablo Gigliottio (18), Héctor Quilodrán (12), Claudio Garcia (18), Carlos Balint (6), Jorge Chiquichano (16), Javier Schenring (1), Juan Rios (2), Rudy Lewis (1), Esteban Sánchez (4), Hipolito Llancafil (2), Ivan Alvarado (2), Pablo Rey (1), Ivan Suazo (1), José Milan (1), Julio Miranda (1), Rafael Williams (1).
CAMPAÑA
Albedi 1-0
Gaiman 2-1 (2 Claudio Garcia)
Racing 2-0 (Astudillo – Figueroa)
Independiente 1-1 (Astudillo)
Soltex 1-2 (C. García)
Alberdi 2-1 (Alvarez, Garcia)
Gaiman 2-0 (Alvarez – Astudillo)
Racing 1-1 (Alvarez)
Independiente 3-0 (García, Montoya, Figueroa)
Soltex 0-7
SEGUNDO RONDA
Racing 2-0 (Astudillo, Llancafil)
La Ribera 1-2 (Alvarez)
Germinal 0-0
Brown 6-0 (2 Figueroa, Montoya, Alvarez, Astudillo, L. Jones)
Soltex 1-1 (Astudillo)
Racing 0-1
La Ribera 4-0 (2 García – 2 Astudillo)
Germinal 3-1 (Bell, Torres, L. Jones)
Brown 2-0 (L. Jones, García)
Soltex 3-1 (Gigliotto, Torres, Austudillo)
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