Murió Alfredo Moreno, histórico comerciante y querido vecino de Puerto Madryn - Últimas Noticias: El Chubut

Puerto Madryn

Murió Alfredo Moreno, histórico comerciante y querido vecino de Puerto Madryn

Fundador de Kebom, instaló la marca Havanna a la ciudad. Amigo de sus amigos, querido por la comunidad, un emblema del comerciante local. La ciudad despide a uno de sus vecinos más queridos. 

por REDACCIÓN CHUBUT 23/06/2026 - 19.20.hs

Puerto Madryn atardeció ayer con una noticia que golpeó de manera inesperada. Falleció Alfredo Moreno a sus 69 años. Una enfermedad, más rápida y cruel que lo que nadie esperaba, se lo llevó antes de tiempo. 

 

La noticia corrió rápido por la ciudad, de boca en boca, entre mensajes, con esa velocidad que tienen las pérdidas verdaderas. Porque hay muertes que sacuden a un círculo íntimo, y hay otras que mueven algo más profundo en la comunidad entera. La de Alfredo fue de las segundas.

 

Nació el 2 de diciembre de 1956 en Puerto Madryn, en una ciudad que todavía era un pueblo de calles de tierra donde los chicos se conocían entre todos y resolvían las tardes pateando una pelota en los baldíos. Vivía con sus padres María Remussi y Eloy Moreno sobre calle Mitre, entre Albarracín y España, y ahí aprendió lo que después lo definiría para siempre: que la vida se construye con otros. 

 

Hizo la primaria en la Escuela 27 —la vieja, la que hoy lleva el número 84— y la secundaria en la Escuela Comercial, donde pasaron dos de las cosas más importantes de su vida: conoció a Sabela Méndez, su compañera de vida que lo acompañaría hasta el último día, y forjó esas amistades que en su caso no se desgastan ni con los años ni con la distancia. 
Los amigos de la infancia son los que saben cómo uno era antes de volverse alguien, y con ellos Alfredo nunca dejó de ser simplemente el Loco Moreno, el loco lindo de la calle Mitre.

 

Junto a la Promoción ‘75 de la Comercial: César Monochio, Rodolfo Conti, Analí Korek, Norma Casado, Pedro Zudaire, Graciela Tolosa, Alfredo Moreno, Carlos M. Arranz, Laura Estevan, Jorge López, Hugo García Camacho y José Machioni. Sentados: Gregorio Eliceche, Vilma Uñate, Marilyn Garagarza, Luli Mistrángelo y Gladis Olazabal.

 


 

Después de la secundaria, Alfredo no se quedó quieto. Nunca se quedaría. Partió hacia Olavarría, donde instaló una casa de té y vivió un par de años aprendiendo lo que la ciudad natal no podía enseñarle todavía. 

 

Mas tarde supo trabajar un tiempo en Aluar, pero el corazón le pedía otra cosa. Lo que iba a ser un viaje de escapada a Europa con amigos se convirtió en una experiencia larga y empapada de disfrute. Y cuando volvió a Puerto Madryn, lo hizo con los ojos abiertos de otra manera.

 

Alfredo junto a sus hijos rodrigo, Camila, Juan y Conrado.

 


Kebom, su marca insignia

 

El regreso lo encontró trabajando junto a la familia Polke en la Heladería Mares, una experiencia que él supo aprovechar al máximo. En 1987, con treinta y pico de años y toda la energía del mundo, dio el salto: abrió la Heladería Kebom sobre avenida Roca, a metros de Albarracín, para luego mudarse junto al Club Madryn. Lo que vino después superó sus propias expectativas. Kebom se convirtió en un clásico madrynense, en uno de esos lugares que los vecinos hacen propios y que con el tiempo forman parte de la memoria colectiva de una ciudad. 

 

No era solo por el helado artesanal. Era por el ambiente madrynense, por la atención, por esa manera que tenía Alfredo de hacer que cada cliente se sintiera bienvenido como un amigo. Así era él. Y la gente lo notaba.

 

Para 1999, Alfredo Moreno hizo algo que muy pocos en la ciudad habrían imaginado: trajo la marca Havanna a Puerto Madryn. Pero antes de anunciárselo a nadie, lo llevó a su hijo mayor, Rodrigo, hasta la esquina donde iba a estar la confitería, frente a la Calesita, y le dijo en voz baja: "Ahí vamos a poner una confitería, pero no le digas a nadie." Era un secreto compartido, una conspiración tierna entre padre e hijo. El primer local funcionó en Roca y 9 de Julio. Después se trasladó al shopping. Y Havanna Café, con el tiempo, se convirtió en otro punto de encuentro ineludible de la ciudad.

 

Junto a Sabela, su compañera de vida. 

 


En 2009 vendió Kebom. Pero no se detuvo. Siguió en Havanna. Siguió trabajando junto a sus hijos. Siguió apostando. El último emprendimiento llegó de la mano de Rodrigo: Ignacia, una confitería donde padre e hijo pusieron lo mejor de sí, como siempre.

 

Hay ciudades que crecen porque algunos vecinos decidieron apostarle, cuando todavía era incierto que valía la pena hacerlo. Puerto Madryn tuvo muchos de esos vecinos, y Alfredo Moreno fue uno de los más genuinos. Nació acá cuando la ciudad era un pueblo. La vio crecer. La acompañó. Le puso negocios, le puso sabores, humor y el corazón. Acá nacieron sus cuatro hijos y sus tres nietos. Un verdadero NyC, un hijo de Puerto Madryn. 

 

No se jubiló en vida. No era de los que se retiran a esperar. Este último verano —el que acaba de pasar— lo encontró viajando por Asia junto a Zabela y un grupo de amigos, con la misma curiosidad y el mismo entusiasmo de cuando era joven.

 

Sabela y Alfredo acompañando a León, su primer nieto. 

 


"El Loco": un apodo que era un elogio

 

Quienes lo conocieron bien saben que el apodo "el Loco" no tenía nada de peyorativo. Era, al contrario, la manera que tenían sus amigos de nombrar algo que admiraban y que no sabían cómo decir de otra forma: esa energía desbordante, esa capacidad para ir siempre un paso más allá de lo previsible, esa disposición permanente a meterse en proyectos nuevos, a viajar, a reírse, a convocar. A ponerse un pañuelo en la cabeza para cada fiesta y bailar contagiando a todos de esa alegría. 

 

En la peña de amigos El Gato Negro se reunían Gregorio "Goyo" Eliceche, Ricardo "Caio" Casado, Pedro Smolarsky, Miguel Casado, Roberto Hughes, Gari Smith, Adrián "Pata" Casado, Alfredo Casado, Jorge Casado, el "Cabezón" Rossito, Raúl Seleme, Ángel Trigo, Jorge Monochio, Raúl Vilar, Hugo "Galgo" García, Marino Casado y Carlos Hugo Polke. Ahí Alfredo era el motor de las risas. El que garantizaba que la noche iba a ser buena. El que hacía locuras, todas sanas, todas generosas. Porque eso era lo que más lo definía, más allá de los negocios y los proyectos: su generosidad. Donde alguien necesitaba una mano, ahí aparecía Alfredo. Sin preguntar demasiado, sin hacer alarde. Solo aparecía.

 

Año 1975, Alfredo y su grupo de amigos en su adolescencia junto a Luis Menotti quien bautizó a esa peña con el nombre de "El Gato Negro". 

 


Este miércoles a las 9 será su velatorio. Lo despide su compañera de vida, Sabela Méndez, sus cuatro hijos Rodrigo, Juan, Camila y Conrado, junto a Ema, Candelaria y Angie, y sus nietos León, Borja y Valentín.

 

También lo despide una ciudad entera que, aunque no siempre lo supo, necesitaba tipos como él.

 

Chau, Loco querido. Gracias por todo.

 

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