La hélice que trajo a San Martín de vuelta a casa: la historia que une a Puerto Madryn con el Libertador
En el cruce de las avenidas Roca y Gales, donde el Boulevard Brown inicia su recorrido junto al mar, se levanta una pieza de metal que pocos madrynenses se frenan a mirar con atención. Es una hélice de buque, oxidada por el tiempo y templada por siete décadas bajo el agua, que guarda en su estructura uno de los episodios más importantes de la historia argentina: el regreso de los restos del General José de San Martín a suelo nacional.
por REDACCIÓN CHUBUT 16/08/2026 - 19.51.hs
Cada 17 de agosto, cuando el país conmemora un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad del Libertador, esa hélice vuelve a cobrar sentido. Porque no se trata de un adorno urbano ni de una escultura conmemorativa cualquiera: es una pieza original del Vapor Villarino, el buque que en 1880 trasladó los restos de San Martín desde Francia hasta Buenos Aires, cumpliendo la última voluntad del prócer.
Un exilio, una muerte y un testamento
Para entender la historia hay que remontarse a mediados del siglo XIX. Tras liberar a Perú y consolidar buena parte de la gesta independentista sudamericana, José de San Martín se exilió en Francia, donde permaneció hasta su muerte. Antes de morir, dejó expresado en su testamento su deseo de que sus restos fueran trasladados a Buenos Aires. Ese deseo, sin embargo, tardó tres décadas en cumplirse.
Recién en 1880, treinta años después de su fallecimiento, la Argentina organizó el traslado. La misión quedó a cargo del Vapor Villarino, un buque que se convertiría, a partir de ese viaje, en el primer transporte de la Armada Argentina en operar en la Patagonia. El 28 de mayo de 1880, el Villarino zarpó desde Boulogne Sur Mer, Francia, con los restos del General a bordo, y los trasladó hasta Buenos Aires en lo que fue su viaje inaugural.
El naufragio en Bahía Camarones
El Villarino continuó prestando servicios a la Armada durante casi dos décadas más, navegando las costas patagónicas. Pero su historia tuvo un final abrupto: en 1899, un violento temporal lo arrojó contra las restingas de las Islas Blancas, en Bahía Camarones, y el buque quedó completamente destruido. Sus restos permanecieron sumergidos durante décadas, y con ellos, su hélice.
Los buzos que rescataron la historia
La historia podría haber terminado ahí, en el fondo del mar, de no ser por un grupo de buceadores madrynenses nucleados en la Asociación de Buceo “Hermandad del Escrófalo”. Convocados por las autoridades provinciales, los buzos iniciaron una serie de expediciones a Bahía Camarones para recuperar los restos del histórico transporte.
El primer hallazgo llegó el 1° de mayo de 1970, cuando la Hermandad del Escrófalo localizó los restos del Villarino en las Islas Blancas, el mismo lugar donde había naufragado en 1899. Un año más tarde, en una segunda expedición, los buzos rescataron el ancla del buque, que por acuerdo con las autoridades de Camarones quedó instalada en la plaza central de esa localidad, al pie del monumento que honra la memoria de San Martín.
El desafío mayor llegó después. Entre el 5 y el 6 de mayo de 1976, la Hermandad del Escrófalo regresó a Bahía Camarones para intentar recuperar la hélice del Villarino, la pieza más significativa del buque. No fue una tarea sencilla: los buzos debieron enfrentar las fuertes corrientes del mar y la rompiente de las Islas Blancas, que durante más de 70 años se había negado a entregar aquel trofeo sumergido. Finalmente, después de setenta años bajo el agua desde el hundimiento del buque, la hélice fue rescatada y devuelta a la superficie.
De las profundidades del mar a la costa de Puerto Madryn
Tras el rescate, la hélice del Vapor Villarino fue trasladada a Puerto Madryn e instalada junto al complejo del Escrófalo, en el cruce de las avenidas Roca y Gales, donde permanece hasta hoy, junto a un busto de San Martín, en el punto donde la Avenida Gales se encuentra con el inicio del Boulevard Brown.
Lo que distingue a esta historia de tantas otras vinculadas a San Martín es que no se trata de una réplica ni de una recreación conmemorativa: es una pieza original, que perteneció al buque real que trasladó sus restos, rescatada por manos madrynenses del fondo del mar patagónico. La hélice funciona así como un punto de encuentro entre la gesta sanmartiniana y una de las actividades deportivas más arraigadas en Puerto Madryn, el buceo, que en este caso trascendió lo deportivo para convertirse en un acto de recuperación patrimonial.
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