Viernes 30 de julio 2021
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El tiempo de Roca

Se dice con certeza que nadie puede escapar a su tiempo; porque todo está hecho en cierto tiempo y es tan imposible salirnos de nuestro tiempo como de nuestro cuerpo.

EL TIEMPO DE GRECIA

 

La primera democracia del mundo fue la griega, un faro de cultura, organización y libertad individual que marcó los primeros derechos civiles en la historia del hombre. 

 

Fueron ellos los primeros en dar una estructura lógica al pensamiento racional y científico que terminó con la magia y el mito. Todavía hoy, 3.000 años después, estudiamos en la secundaria el Teorema de Thales y el de Pitágoras.

 

Esta civilización culta y floreciente prosperó con una economía basada en la esclavitud de otros seres humanos apresados en las guerras.

 

El mundo funcionaba así, sin cuestionamiento, sin dudas ni penas, y aquellos hombres como no podía ser de otra manera, fueron parte de ese tiempo. Ellos y su tiempo, todo dentro de ese capítulo de la historia.

 

Hoy aceptamos naturalmente la herencia cultural griega como piedra fundacional de la cultura de occidente y apreciamos el genio de su gente. No rechazamos sus enseñanzas, no destruimos sus estatuas ni sus templos, porque no los juzgamos por hechos y costumbres que fueron moneda corriente en su época. 

 

EL TIEMPO DE ROMA

 

Los Romanos nos legaron la aplicación práctica de la ciencia Griega, el arte de administrar el Imperio mas grande del mundo, la organización de un ejército, las grandes obras de ingeniería, el calendario de 365 días y 12 meses, el alfabeto, las lenguas romances, nuestro idioma, el Derecho Romano base de nuestro sistema jurídico, la estructura de la religión católica y casi todo.

 

También nos dieron al gobernante mas caracterizado del mundo antiguo, Julio César, con el que Roma llegó a su cúspide, y que nos muestra, lo que para nuestro tiempo es el lado oscuro de los hombres. Fue responsable de la muerte directa o indirecta de millones de personas, y lo sabemos porque él mismo, con sus reconocidas dotes de excelente escritor, lo relató en sus libros como un hecho natural y necesario. En su época no fue un hecho aberrante, y así quedó demostrado por el veredicto de sus contemporáneos.

 

EL TIEMPO DE LA COLONIA

 

Mucho más cerca y a partir del Imperio Español en América y sus respectivos virreinatos, los trabajos en haciendas y minas del Alto Perú se efectuaban mayormente con mano de obra esclava y servil. En ese entonces la Iglesia consideraba que los negros no tenían alma, y como tales, eran pasibles de ser esclavizados. Mientras que los indígenas, que sí tenían alma, eran entregados a los Encomenderos para ser catequizados a cambio del trabajo que efectuaban. 

 

Sin embargo, no encontramos personas que en aquel entonces o que aún en la actualidad, hayan renunciado a su Fe Católica o destruido iglesias, o imágenes de Cristo o cambiaran nombres de Santos por el atropello cometido, fallo papal mediante, respecto de esa particular clasificación histórica de seres humanos.

 

Y aquí aparece nuevamente el tiempo inexorable. Aquellas gentes del Siglo XVI y XVII en realidad no cometían ningún atropello, respetaban, actuaban y se movían según las reglas de la época.

 

EL TIEMPO DE ROCA

 

Así, a través del tiempo, llegamos a lo que hoy es nuestra Argentina. 

 

Y aquí quiero transcribir textualmente la descripción que hace Luis Alberto Romero de aquella época, seguramente con mas solvencia con que lo haría yo.

 

«En nuestra historia, 1880 es un paraguas. El Estado somete a la última de las provincias díscolas -Buenos Aires- y resuelve el antiguo problema de la Capital Federal. A la vez, derrota a los imperios aborígenes del Desierto, ocupa la Patagonia y, aprovechando la coyuntura de la Guerra del Pacífico, firma con Chile un tratado que confirma la ocupación.

 

Queda pendiente una larguísima negociación por la letra chica de los límites, y también está pendiente la ocupación del Chaco, pero en lo esencial, el Estado argentino ha definido su territorio».

 

Como bien dice Romero, el Estado de entonces y aquellos argentinos definieron las fronteras del país que tenemos hoy. 

 

Roca fue la cabeza visible de ese tremendo esfuerzo compartido apoyado unánimemente por sus contemporáneos. A tal punto fue reconocido, que sus conciudadanos lo eligieron Presidente de la Nación alternativamente por dos períodos no consecutivos. Lo que no es poca cosa.

 

También debemos recordar a tantos compatriotas de esa generación del 80 que sirvieron en el territorio del Chubut y que hoy calles y avenidas nos recuerdan sus nombres. Nuestro primer Gobernador Tte. Coronel Luis Jorge Fontana (1885 a 1894), que unió a sus dotes de militar las de un naturalista, geógrafo y paleontólogo de fuste, antes fundador de Formosa, provincia donde hoy descansan sus restos. Veterano de las campañas del Chaco Central, y único Jefe del Ejército que tuvo el privilegio de ostentar en su pecho la medalla del Chaco con cuatro pasadores, un indicativo de las campañas en que participó. Y donde fue tocado con dos heridas de lanza y una de bala en combates librados con los bravos indios mocovíes, consecuencia de las cuales perdió su brazo izquierdo.

 

El reconocimiento vale también para Juan Murray Thomas, Lewis Jones, Gregorio Mayo, Tte. Cnel Laclar, Tte. Enseis, Eduardo O’Connor, Lino Oris de Roa, Manuel Olascoaga, Lorenzo Wintter y tantos otros que sería justo pero largo enumerar.

 

Según se fueron sucediendo los acontecimientos, vemos como cada época desarrolló sus propias características y engendró a sus propios hombres que fueron en definitiva quienes la construyeron. 

 

Como bien dice el historiador Peter Brown,....»si se mira el pasado buscando el reflejo de nuestra propia persona, la comparación da una imagen falsa del pasado. Y asumir la parte que no compartimos de nuestro pasado es un signo de madurez. Uno no siempre está de acuerdo con su abuelo, pero él, por propio derecho forma parte de nuestra familia».

 

Y ya llegando al final de esta nota, quisiera recordar que la madre del Gral. Perón era una nativa Tehuelche de pura cepa -Doña Juana Sosa- y que cuando su hijo Juan Domingo siendo Presidente de la Nación nacionaliza los ferrocarriles ingleses, al ramal del Sud le impone el nombre de Gral. Roca. -¡Qué ejemplo señores!
El General aún muerto siempre adelanta. Somos nosotros los que muchas veces pretendemos amañar el pasado borrando el nombre de una calle. Cuidado porque «peor que olvidar la historia, es retorcerla para avivar el resentimiento».

 

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