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Crisis hídrica: ¿crisis o ineficiencia?

La solución de los grandes problemas, no la producirán gobernantes con mentalidad de administradores, sino estadistas que, a diferencia de los políticos populares, no piensen en las futuras elecciones, sino en las futuras generaciones, dijo el historiador James Freeman Clarke.

por REDACCIÓN CHUBUT 05/03/2022 - 00.00.hs

El uso del agua para riego del valle inferior y la potabilización para consumo, es el tema acuciante que nos preocupa y debe ocuparnos responsablemente, para llegar a la solución acorde con la significancia que representa como elemento vital.
En el valle, se practica mayormente el riego por manta; no por inundación, para la alfalfa, el trigo, la avena, cebada, pasturas como la festuca y, el agropiro. Contrariamente a lo que manifiestan los que «tocan de oído», no necesitan más de tres a cinco riegos por temporada, con alternancia intermedia de 20 a 30 días.
La producción tradicional destinada al mercado de consumo masivo como la papa, zapallo, cebolla, choclos, arvejas, se riegan por surco o manta, cada 30 o 40 días en un lapso de 90 días por año. Los frutales requieren un tratamiento similar. Los excesos de agua resultan perjudiciales para todas las especies citadas precedentemente; por lo tanto es recomendable, para los opinólogos, recorrer el valle en épocas de laboreo; no de elecciones para juntar votos y hacer falsas promesas.
El valle necesita recuperar su capacidad productiva tradicional de los pequeños emprendimientos, con políticas de apoyo y estímulo, que fueron incomprensiblemente abandonados; y visibilizar con espíritu progresista y de gran futuro las nuevas inversiones de olivares, nogales y otras especies, que se están implantando en la región, con éxito y promisorio mercado, conforme información técnica calificada.
Conclusión: El uso de riego canalizado en el valle es correcto y adecuado. Existen, a mi modesto entender, manejos burocráticos subjetivos, rayanos en el desconocimiento de quienes aparecen como referentes responsables; si nos atenemos a la diversidad de opiniones al respecto. Tenemos al IPA sosteniendo que los drenajes se construyeron para devolver los excedentes de agua de los canales al río Chubut. No es cierto, los drenajes, se hicieron precisamente para que drene la napa freática; que antes de la construcción del Dique Ameghino, decantaba naturalmente, por la notoria bajante del río Chubut en verano.
Hoy su efecto es contraproducente, porque la falta de mantenimiento y obstrucción, supuestamente deliberada, de la descarga al río, en la inmediación Oeste de Gaiman, hace que permanezca desbordante, semejando un Riachuelo contaminado y contribuyen así al afloramiento del salitre en las tierras adyacentes.
El «matrimonio» entre el IPA y la Intendencia del Riego no funciona; el manejo de los canales y el agua en el Valle, debe permanecer en manos de esta última; como fue históricamente, dotándola de presupuesto y facultades orgánicamente adecuadas, que le permitan, por ejemplo, exigir, con fuerza de ley, el pago del canon, que hoy soporta una morosidad muy elevada y paga prácticamente el que quiere.

 

EL AGUA POTABLE

 

Geográficamente la Provincia está rodeada al Sud-Este por el Océano Atlántico y por el Oeste, el potentoso Futalauquen, que descarga su preciado y transparente caudal al Pacífico, que vemos pasar alegremente, como si «nadáramos» en la abundancia del preciado líquido elemento. Mientras tanto, en la zona, con un régimen promedio anual de precipitaciones pluviales de 200/300 milímetros, pretendemos satisfacer la necesidad de agua potable para cerca de 500.000 habitantes estables, apostando al turismo como atracción zonal; dependiendo del río Chubut, que transporta en su plenitud 60mts por segundo, que se nutre únicamente de las lluvias, pero que cuando llueve impide la potabilización por la turbiedad que arrastra y cuando no llueve, se seca; y encuentra la  «reserva» del lago del Ameghino menguada, porque erogó constantemente durante el invierno, para generar energía, en una función que no le fue propia en su génesis.
Si en el Siglo XXI, año 2022, con más de sesenta años de edad provincial y gobierno propio, con una superficie cercana a los 225.000 km y un promedio de 2,3 habitantes por km, tenemos escasez de agua potable. Hagamos algo para atraer a «todos los hombres del mundo...que quieran poblar la Patagonia Argentina, con inversiones empresariales, que tanto pregonamos y seguimos arando en el mar y sembrando en el viento».
A 600 kilómetros al Oeste, tenemos la represa Futaleufú, generando energía hidroeléctrica y sus turbinas erogan 130/135 metros cúbicos por segundo, que continúan plácidamente su límpido rumbo al Pacífico, en la vecina República de Chile, mientras nosotros padecemos, cual habitantes del Sahara, con el limitado caudal de nuestro río territorial, que no puede, ni podrá garantizar la demanda presente y obviamente futura.
¿Por qué no apostamos a la solución definitiva?, proyectando la construcción de un acueducto, que tomando un cuarto del agua que erogan las turbinas de Futaleufú, lo traslade 600km asegurando la provisión descentralizada, mediante bajadas a toda la población que hoy depende de un sistema perimido y obsoleto que, con el transcurso del tiempo y lógico crecimiento poblacional, agotará su factibilidad.
Por algo, Madryn, que recuerda la fábula de «la liebre y la tortuga», mira con buenos ojos a nuestra vecina Río Negro, como alternativa eventualmente válida.
Antecedentes de obras de envergadura, obviamente existen en el país. San Luis inauguró hace años un acueducto de 660 km y tiene proyectados otros de 285km y 891km respectivamente, por dar un ejemplo. Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes.
                                 
Américo Lloyd
 

 

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