La hora de los servicios públicos
Por Miguel Gauna Lavayen
por REDACCIÓN CHUBUT 24/03/2025 - 00.00.hs
Desde hace años, a propósito, escribo siempre intencionalmente sobre los servicios públicos porque, desde mi punto de vista, son el por qué y para qué, necesitamos una empresa que los distribuya y gestione.
Las cooperativas han sido durante décadas, las empresas concesionarias que, con buen inicio y algunas desde el principio mismo, desarrollaron sobre todo el servicio eléctrico, y han suministrado los servicios públicos en toda la provincia.
Hay documentadas increíbles historias del trabajo de pioneros en los servicios, cuando todo era verdaderamente esfuerzo propio y ayuda mutua. Pero hoy la realidad es muy diferente y se puede afirmar sin rodeos, que las cooperativas de servicios públicos, están a la cabeza del descrédito, envueltas hace años en una crisis infinita, y como lo he expresado muchas veces, solo las mantiene funcionando su condición monopólica, además del total desinterés de sus propios socios y la posición ambigua los poderes concedentes.
Hace años la Federación de Cooperativas de Servicios Públicos de Chubut, encargó tan discretamente como lo recibió, un trabajo sobre imagen y opinión de las cinco cooperativas más importantes de la provincia. Lo que mostró ese trabajo fue alarmante y, sin embargo, ni fue tratado en reunión de las asociadas, se mostró poco y se conversó mucho solapadamente pero finalmente, varias acciones propuestas por unos pocos y cierta planificación quedó en la nada. Asimismo, hace años que una reforma de la ley de cooperativas ha quedado parada con tratamiento incompleto, y ciertamente, los peores problemas son generados por las cooperativas de servicios públicos. Esa democracia indirecta que escamotea la participación, esos cuerpos de delegados y los manejos de padrón, de distritos y demás vericuetos de las elecciones, de las asambleas, y de todo el aparato que han armado muy bien los punteros competentes, han terminado por robarse las cooperativas, han sido cooptadas por la peor política y una serie interminable de mal interesados, que saben atracar en este espacio sin control, a la deriva, donde la mayoría de las veces ganan los vivos y oportunistas, algunos logran perpetuarse y así sigue esta comparsa loca, que no se detiene nunca.
Si alguien seriamente quiere salvar a las cooperativas primero debería, entre otras cosas importantes, lograr que se reforme la ley y los estatutos de cada una, para establecer, por ejemplo, elecciones con distrito único, boleta electrónica única, sin reelección de nadie, en las oficinas de la entidad durante una semana, con el documento y numero de asociado únicamente, que los consejeros no manejen el proceso electoral y todo a la vista, que quien desee fiscalizar lo pueda hacer sencillamente. Hay herramientas suficientes para hacer esto, no hay voluntad.
Los servicios públicos no pueden continuar así y caer en manos de incompetentes e improvisados, así estamos. Hace unos años alguien dijo... «hacen un casting y eligen a los más imbéciles»... nadie contestó, nadie se sintió agraviado. Por estos días las entidades han sido sacudidas y despreciadas, solo se ha escuchado por allí, un reproche sobre un embate a las cooperativas y algún tibio reproche también, de alguna cooperativa menor. Las cooperativas no tienen memoria institucional, no tienen ni líderes ni banderas, porque las entregaron, no quisieron reformarse, adecuarse, modernizarse. Solo quedan carteles y un pasado que no sirvió de experiencia, trabajaron irresponsablemente en su propio fracaso, ahora todo es soledad e incertidumbre.
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