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La CNEA considera secreta la información sobre el repositorio nuclear de Gastre

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) mantiene el carácter reservado de la documentación relacionada con el repositorio nuclear de Gastre.

El denominado “Proyecto Gastre” fue cancelado por Resolución del Directorio de la CNEA N° 2/97 con fecha 14 de marzo de 1997. 

 

Sin embargo, los funcionarios del átomo consideran que este proyecto “sigue teniendo valor estratégico y técnico”, lo que se aclara en el documento denominado “Repositorio de residuos radiactivos de alta actividad. Estudio de factibilidad y anteproyecto de ingeniería (primera parte)”, compuesto por 45 volúmenes, que “es de carácter reservado por el grado de detalle de su contenido y para proteger intereses nacionales y de seguridad”, según respondió la CNEA a una solicitud de Acceso a la Información Pública.

 

La interpretación extensiva de los conceptos de seguridad y defensa nacional es una tradición heredada de la última dictadura militar, cuando se gestó el proyecto de Gastre.

 

El combustible nuclear gastado permanece radiactivo durante cientos de miles de años, durante los cuales debe ser aislado de la biosfera.

 

Actualmente los combustibles gastados se encuentran provisoriamente próximos a las centrales, parte en piscinas de enfriamiento y parte en silos en seco.
El 2 de diciembre de 2022 el Programa Nacional de Gestión de Residuos Radioactivos de la CNEA (PNGRR), dirigido por Rodolfo Kemp, hizo la presentación del proyecto ConfinAR Geo, bajo el título de “Primeros diálogos sobre disposición de residuos radioactivos y combustibles gastados en la Argentina”.

 

Se trataba de las primeras reuniones con especialistas, después de 25 años de la cancelación de Gastre, para encarar el proyecto de construir un almacenamiento geológico profundo para la disposición en forma permanente de los residuos nucleares.  

 

Actualmente, la CNEA publicita el mencionado proyecto ConfinAR-Geo, cuya meta es la disposición definitiva de los residuos radiactivos de nivel alto e intermedio, y de los combustibles nucleares gastados generados en Argentina”. 

 

Este sistema de confinamiento se emplaza en galerías subterráneas en la suposición que podemos aislarnos de la contaminación radiactiva mediante la interposición de barreras geológicas e ingenieriles para “retardar lo máximo posible el contacto entre las sustancias radiactivas y el agua subterránea, que es el principal agente de transporte y dispersión de contaminantes en el subsuelo”, según informa la CNEA en su página web.

 

Pero el proyecto CONFINAR-Geo solo existe en los papeles, la CNEA estima que el proceso de preselección de sitios durará de 5 a 10 años, “y solo después de esta etapa se avanzaría con la caracterización de estos”.

 

Si la CNEA mantiene la documentación del proyecto CONFINAR-Geo en secreto, tal como hace con la documentación de Gastre, difícilmente consiga la licencia social de los pobladores del lugar que escoja para implantar el basurero nuclear.

 

Según el programa divulgado la iniciativa tendría una etapa de discusión interna dentro del ámbito nuclear hasta 2024, luego una etapa de evaluación de sitios, que puede durar de 5 a 10 años, una etapa de caracterización de sitios, que puede tomar de 15 a 20 años, una etapa de construcción de las instalaciones, de 10 a 20 años, y una etapa de operación, de 120 años. La etapa final, de clausura, podría durar entre 30 a 50 años.

 

Si bien la información sobre el primer proyecto, el de Gastre, es secreta, no parecía entonces que el inicio de la operación llevaría tantos años.                                                      

 

 

(En colaboración con Cristian Basualdo) 
 

 

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