Qué ocurrió exactamente en París
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La segunda Cumbre Mundial sobre la Energía Nuclear se celebró en París el 10 de marzo de 2026, organizada por Francia junto al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
En la ocasión dos activistas lograron infiltrarse en el evento y subieron al escenario durante la apertura oficial encabezada por Emmanuel Macron. Desplegaron pancartas con mensajes como: “La energía nuclear es inseguridad energética” “La energía nuclear alimenta la guerra de Rusia”
Uno de ellos gritó directamente: “¿Por qué compramos uranio a Rusia?”
Además: Hubo protestas externas, con activistas bloqueando convoyes oficiales que se dirigían a la cumbre. La actividad no fue improvisada: apunta a tres críticas de fondo bastante estructuradas.
1. La “ilusión de la recuperación nuclear”
Los activistas sostienen que la cumbre es, en sus palabras, un “coloquio a favor de la industria nuclear”
Denuncian que se presenta a la nuclear como solución climática, cuando es dudoso que lo sea, y se minimizan problemas estructurales, como los residuos altamente radiactivos sin solución definitiva, también los costos y plazos de construcción y para colmo la energía nuclear produce dependencia tecnológica.
Hay una gran brecha entre discurso y la realidad física del problema de los residuos.
2. Dependencia geopolítica
Uno de los puntos más fuertes fue que Europa, incluso Francia, sigue dependiendo parcialmente de Rusia para el ciclo del combustible nuclear. La empresa rusa Rosatón le provee uranio enriquecido. La estatal Rosatom concentra cerca del 44% de la capacidad mundial de enriquecimiento.
Por eso la consigna: “la nuclear alimenta la guerra de Rusia”
No es una exageración retórica: apunta a una contradicción estratégica en plena guerra de Ucrania.
Francia cambió su dependencia de los combustibles fósiles por el uranio natural y el uranio enriquecido
3. Energía nuclear ¿seguridad o vulnerabilidad?
Los activistas intentaron dar vuelta el argumento habitual: Discurso oficial: nuclear igual seguridad energética, cuando en realidad nuclear es dependencia externa, más riesgos, más centralización.
Y agregan, en grandes inversiones públicas para SMR o nuevos EPR, se desvían recursos que las renovables pueden aprovechar de inmediato.
No se trata de un hecho aislado, esta protesta encaja en una tendencia más amplia:
Contexto actual
Francia está impulsando un renacimiento nuclear, nuevos reactores, SMR. La Unión Europea está dividida: Francia y Europa del Este a favor y Alemania y Austria muy críticos.
Se reabre el debate global: ¿la nuclear es solución climática o problema no resuelto? Lo que sí puede decirse es que la nuclear no es limpia, también emite carbono en la producción de su combustible.
Lo que ocurrió en París muestra algo más profundo que una protesta, la disputa ya no es técnica, es política y narrativa.
La crítica reconoce que la energía nuclear provee estabilidad al sistema eléctrico y que es conveniente para la transición energética, pero es muy lenta frente al rápido avance del cambio climático, además sigue sin resolverse el problema de residuos, después de más de ochenta años de producirlos.
Y no hay duda, produce dependencia geopolítica oculta, además de ser costosa y lenta frente a renovables
Lo de París fue breve en lo físico, pero importante en lo simbólico:
Los activistas lograron interrumpir el evento más importante del lobby nuclear mundial actual. Pusieron en evidencia contradicciones incómodas, principalmente la dependencia de Rusia.
Y, sobre todo, reforzaron algo clave, el consenso sobre la energía nuclear está lejos de existir.
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