Opinión

En la campaña todo vale

Aunque el título de esta nota tenga que ver directamente con las palabras pronunciadas por un funcionario del gobierno provincial es de esperar que aquello no suceda.

Es que la previa de una elección, en el sistema democrático, debiera tener un contenido que se autolimite, esto es que permita por un lado la expresión de los candidatos y por la otra la posibilidad de reflexión serena de los ciudadanos, en un momento donde se debe adoptar una determinación. Generalmente, en la estrategia de obtener el poder o de conservarlo, se adoptan técnicas o tácticas que están reñidas con ese respeto que se le debe al ciudadano, quien es, en definitiva, el que determina su futuro. La experiencia democrática de los últimos tiempos nos está demostrando cómo el olvido de los representados, que son los que eligen, se exterioriza durante los períodos de gobierno para solo aparecer en los discursos de campaña, en la previa. En consecuencia, si esa práctica está reñida con la moral y la ética pública, mucho más debería observarse una conducta, por parte de los candidatos, quienes deben cuidar el voto de confianza que le será otorgado, teniendo en cuenta no solo la trayectoria de los partidos políticos sino la característica, antecedentes y pensamiento de aquellos que lo representan. Es cierto que la deformación en la vida democrática ha dejado prácticamente en el olvido a los partidos políticos, les ha quitado su sentido, su significación, para fortalecer la idea fuerza del candidato, del que muchas veces desconocemos su ideología. Si esto es así, es necesario tener muy en cuenta que el ciudadano debe elegir al mejor, y esto implica una reflexión, porque de otra forma nunca serán, ni remotamente, mejoradas sus condiciones de vida. Pero si en la táctica política se utiliza la coerción, se trata de imponer al candidato mediante el armado del clientelismo, se desnaturaliza absolutamente esa actividad soberana de cada cuatro años que se reconoce como tal. Mucho se ha hecho para que esto ocurra, y se lo practica también en esta campaña por algunos sectores. El listado, las planillas y la determinación de las viviendas, en la introducción de la vida privada de los ciudadanos, para la construcción de las columnas de militantes, no es precisamente la política, que es el dominio de la opinión. Tales prácticas fueran utilizadas en el siglo pasado por las corrientes totalitarias que pretendían distinguir, frente a la sociedad, a los elegidos, que serían luego los verdaderos beneficiarios de las promesas de campañas. Es más, en situaciones de crisis existe un caldo de cultivo para cercenar una visión que tiene que tener como fuente precisamente la realidad, y las características de las acciones anteriores que llevaron a que esa realidad tome la forma, que se tradujo en modificar las condiciones de vida. En la Argentina, en la provincia y en la ciudad, venimos a los tumbos desde hace muchos años. Todas las promesas han caído en saco roto desde hace décadas. Es cierto que hemos tenido peores y mejores situaciones que este presente, de las cuales hemos salido. Pero observando el conjunto podemos descubrir que cuando salimos nos hemos alejado en el tiempo de todo aquello que la modernidad le ha otorgado a otras sociedades que no se encontraban muy alejadas de nuestras realidades pasadas. Es que, lamentablemente, el poder ha significado para muchos nada más que un mejor pasar, sin descubrir que ese mejor pasar dentro del contexto general no significa absolutamente nada ni es tampoco distinguible, salvo en el repudio. 
Ese repudio, teniendo en cuenta lo que somos como país, como provincia y como miembros de una comunidad, en cuanto a las posibilidades que tendríamos si adoptamos la determinación correcta, le hará honor a la democracia que precisamente tiene como elemento fundacional la posibilidad de re-plantearse el funcionamiento de las instituciones y la postura del ciudadano frente a ella en la búsqueda de una mejor justicia, el respeto por la libertad, y la igualdad frente a la ley.
Debemos desterrar y denunciar la campaña que se basa en el aparato del Estado que es al que todos contribuimos. Esa igualdad frente a la ley a los primeros que obliga es a los candidatos que les está vedado comprometer el patrimonio público en su propio beneficio o de los intereses que representa.

RegionalesEdición impresa