Argentina y Bangladesh: La historia de una relación que nació mucho antes de Messi.
Cada vez que juega la selección argentina hay una imagen que se repite en las redes sociales. Miles de personas en Daca, la capital de Bangladesh, desbordan las calles envueltas en banderas celestes y blancas, cantan por Lionel Messi y celebran los goles como si estuvieran en el Obelisco.
Para muchos argentinos esa pasión parece un misterio. ¿Por qué un país ubicado a casi 17.000 kilómetros vive los partidos de la “Scaloneta” con semejante intensidad? La respuesta empieza con la literatura.
En 1924, el escritor bengalí Rabindranath Tagore, primer Premio Nobel de Literatura no europeo, llegó a la Argentina rumbo a Perú. El viaje se interrumpió porque enfermó durante la travesía.
La escritora Victoria Ocampo, que admiraba profundamente su obra desde hacía años, decidió hacerse cargo de su recuperación. Lo alojó durante casi dos meses en la quinta “Miralrío”, en San Isidro, donde nació una amistad que ambos recordarían toda la vida. Allí conversaron sobre literatura, filosofía, política y el vínculo entre Oriente y Occidente. Tagore incluso dedicaría varios poemas inspirados en esa estadía argentina.
Ese encuentro dejó una huella profunda en Victoria Ocampo. Su interés por la cultura bengalí y con el paso de los años también se convertiría en un compromiso político y humanitario.
Una tragedia que marcó a Bengala
En 1943, mientras la Segunda Guerra Mundial devastaba Europa, la región de Bengala sufrió una de las peores hambrunas del siglo XX. Se estima que murieron entre dos y tres millones de personas.
Numerosos historiadores sostienen que las decisiones del gobierno británico de Winston Churchill, especialmente la prioridad absoluta dada al esfuerzo bélico y la negativa a desviar suficientes alimentos hacia Bengala, agravaron dramáticamente la catástrofe humanitaria. Ese episodio quedó grabado en la memoria colectiva del pueblo bengalí como una de las grandes heridas del colonialismo británico.
Quizá por eso, décadas más tarde, cada enfrentamiento simbólico contra Inglaterra tendría un significado mucho más profundo que un simple resultado deportivo.
Cuando Borges y Victoria Ocampo apoyaron a Bangladesh
En 1971 estalló la Guerra de Liberación de Bangladesh. Tras una brutal represión del ejército pakistaní, millones de personas huyeron hacia la India y el mundo comenzaba a conocer la dimensión de la tragedia humanitaria.
En Argentina, Victoria Ocampo no permaneció indiferente. Convocó a un grupo de intelectuales para reclamar ayuda para el pueblo bengalí. Entre quienes firmaron ese documento estaba Jorge Luis Borges, entonces director de la Biblioteca Nacional.
Ambos solicitaron al gobierno argentino el envío de asistencia humanitaria para los refugiados y expresaron públicamente su respaldo a la independencia de Bangladesh. No era un gesto menor: en plena Guerra Fría, cuando el conflicto apenas comenzaba a ocupar espacio en la prensa internacional, dos de las figuras más importantes de la cultura argentina decidían tomar partido en favor del pueblo bengalí.
El apoyo durante la Guerra de Malvinas
Cuando Argentina entró en guerra con el Reino Unido por las Islas Malvinas en 1982, Bangladesh manifestó su respaldo a la posición argentina en distintos foros internacionales y acompañó las resoluciones que reclamaban una solución al conflicto respetando los intereses argentinos. Esa solidaridad fortaleció un vínculo diplomático que ya tenía raíces culturales e históricas.
Y entonces apareció Maradona
Pero faltaba el capítulo que terminaría de convertir esa simpatía en una auténtica pasión popular.
El 22 de junio de 1986, Diego Armando Maradona enfrentó a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México. Primero llegó la "Mano de Dios". Después, el llamado "Gol del Siglo".
En Argentina, aquella victoria tenía un significado inevitable por la reciente Guerra de Malvinas. En Bangladesh también fue vivida con una enorme carga simbólica. Muchos vieron en ese triunfo deportivo una especie de revancha histórica frente a la antigua potencia colonial que había dejado una huella tan dolorosa en Bengala.
Desde entonces, millones de bangladesíes adoptaron a la selección argentina como propia. Primero fue Maradona; después, Messi heredó ese lugar casi mítico.
Mucho más que fútbol
Cuando en el Mundial de Qatar 2022 las imágenes de Daca inundada de camisetas argentinas dieron la vuelta al mundo, muchos creyeron que era un fenómeno nuevo.
Era la consecuencia de una historia construida durante casi un siglo. Una historia que empezó con un poeta enfermo recibido en una casa de San Isidro; que continuó con una escritora argentina comprometida con el destino del pueblo bengalí; que sumó a Jorge Luis Borges defendiendo una causa humanitaria; que encontró nuevos puentes durante la Guerra de Malvinas; y que terminó de explotar gracias a un zurdo nacido en Villa Fiorito que, con dos goles inolvidables frente a Inglaterra, terminó de sellar una amistad improbable.
Es así que la literatura, la historia y el fútbol se entrelazan de una manera tan perfecta.
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