LECTURA DEL FIN DE SEMANA
"Principio, medio y fin” de Valeria Luiselli. Volver al origen para entender el tiempo
Principio, medio y fin, la nueva novela de Valeria Luiselli es un libro sobre una madre y una hija que viajan a Sicilia, pero también sobre las mujeres que las precedieron, sobre la memoria familiar, sobre los libros que atraviesan generaciones y, en última instancia, sobre la dificultad de establecer dónde comienza y dónde termina una historia.
Marcelo Melideo
29/08/2026 - 09.40.hs
La novela se inicia con una madre escritora y su hija adolescente después de una ruptura familiar. Sicilia aparece como destino y como origen: allí vivió la Nanna, la bisabuela inmigrante que, antes de emigrar a América, trabajó como jornalera en excavaciones arqueológicas. Durante aquellos trabajos encontró un mosaico relacionado con “Proteo”, pieza que terminará convirtiéndose en el objeto que enlaza las distintas generaciones de mujeres de la familia.
El viaje, entonces, tiene una doble dirección. Madre e hija avanzan hacia Sicilia, pero al mismo tiempo retroceden en el tiempo. Buscan el lugar de donde partió una antepasada para comprender algo de aquello que todavía permanece en ellas. La novela convierte así el regreso al territorio de los ancestros en una forma de excavación ya que debajo de cada recuerdo aparece otro recuerdo y debajo de cada historia otra historia.
Son cuatro generaciones, bisabuela, abuela, madre e hija, unidas por relatos, objetos, silencios y transformaciones. La abuela comienza a perder la memoria mientras la nieta intenta reconstruir su historia; la madre escribe y la hija observa, pregunta, contradice y finalmente interviene en el propio relato. Cada generación recibe una historia, pero ninguna la conserva intacta. La transforma.
La propia Luiselli ha señalado que le interesaba apartarse de una concepción vertical de la herencia familiar: los hijos no son simplemente receptores de lo que los padres transmiten, sino que también reescriben y reeducan a quienes los precedieron. En Principio, medio y fin, esa circulación funciona en ambas direcciones: la hija mira hacia la abuela para reconstruir el pasado, mientras la madre descubre que la mirada de su hija modifica su propia comprensión del presente.
Los clásicos grecolatinos aparecen constantemente: Homero, Virgilio, Hesíodo y, de manera particularmente significativa, Plinio el Viejo. Los libros no funcionan como simples referencias eruditas, sino como instrumentos para mirar el mundo. La lectura de los clásicos se convierte en una conversación entre épocas: lo que aquellos autores observaron y escribieron continúa ofreciendo preguntas para comprender nuestra propia experiencia.
Plinio ocupa un lugar especial. Su Historia natural representa para Luiselli una manera de observar la realidad antes de que la mirada humana la convierta todo en explicación, mito o interpretación. Plinio fue un gran catalogador del mundo natural, alguien que intentó reunir aquello que veía y escuchaba para construir una imagen posible de la realidad. En la novela, esa voluntad de observar funciona como contrapunto de una época saturada de información pero, paradójicamente, cada vez más distante de la verdadera observación.
El mosaico de Proteo es el centro simbólico de la novela. En la mitología griega, Proteo es una divinidad marina capaz de cambiar de forma y poseedora del conocimiento del pasado y del futuro. Luiselli encuentra en él una figura perfecta para pensar la memoria, la identidad y también la literatura.
Proteo nunca permanece completamente atrapado en una forma. Y eso mismo ocurre con las historias familiares. La Nanna no es exactamente la misma mujer cuando la recuerda la abuela, ni la misma cuando la reconstruye la madre, ni cuando la imagina la hija. Cada generación modifica aquello que recibió.
El mosaico, además, plantea una pregunta todavía más profunda: ¿cuál es realmente el origen de una cosa? La hija quiere devolverlo al lugar donde fue encontrado, pero pronto comprende que las piedras que lo componen proceden de otros lugares. El supuesto origen tampoco es un punto definitivo: detrás de él siempre existe otro desplazamiento, otra procedencia, otra historia.
Así, Proteo representa mucho más que la transformación. Es la imposibilidad de fijar definitivamente el sentido. El pasado cambia cuando lo miramos desde el presente y el futuro modifica, incluso antes de llegar, la manera en que imaginamos nuestro origen.
El título de la novela remite deliberadamente a la estructura clásica de toda narración: principio, medio y fin. Pero Luiselli utiliza esa fórmula para cuestionarla. El “medio” es precisamente aquello que queda entre un comienzo y un desenlace; el territorio en el que transcurre casi toda nuestra existencia.
Y ese medio es también el lugar generacional de la protagonista. Tiene una madre que envejece y una hija que crece. Está entre quienes empiezan a desaparecer y quienes todavía tienen casi todo por delante. Es hija y madre simultáneamente; heredera y transmisora. No está ni en el principio ni en el final.
De allí surge una de las imágenes más sugestivas de la novela: el tiempo familiar no funciona como una flecha, sino como una corriente que vuelve sobre sí misma. La hija mira a la abuela; la madre mira a su madre; la abuela es mirada desde el futuro por una descendiente que todavía no existía cuando ocurrieron los acontecimientos que intenta comprender.
En ese sentido, Principio, medio y fin es una novela sobre el tiempo, pero no sobre un tiempo ordenado. Es un tiempo hecho de capas, retornos, pérdidas y relecturas. Un tiempo más cercano a Proteo que a una línea cronológica.
Luiselli construye además una novela híbrida, fragmentaria, donde narración, ensayo, diálogo, fotografía y sonido forman parte de una misma experiencia. Las fotografías y el registro sonoro que acompañan la edición amplían la idea de que una historia puede contarse también mediante imágenes, voces, paisajes y objetos.
Quizás la respuesta esté en el propio viaje. Volver al origen no significa encontrar un punto inicial definitivo. Significa descubrir que todo origen está compuesto por otros orígenes y que toda historia familiar es, en realidad, una historia de transformaciones.
Como Proteo, la memoria cambia de forma para sobrevivir. Como los clásicos, vuelve para ser leída de otra manera. Como las generaciones, se transforma mientras pasa de una persona a otra.
Y quizá por eso Principio, medio y fin termine cuestionando su propio título. Porque cuando intentamos encontrar un principio, descubrimos otra historia anterior; cuando buscamos un fin, aparece una nueva posibilidad. Lo único verdaderamente permanente parece ser ese territorio intermedio en el que estamos viviendo, leyendo, recordando y tratando de entender quiénes somos.
Valeria Luiselli, nacida en Ciudad de México en 1983, es autora de las novelas Los ingrávidos, La historia de mis dientes, Desierto sonoro y Principio, medio y fin, además de los libros de no ficción Papeles falsos y Los niños perdidos. Su obra se caracteriza por la mezcla de géneros, la reflexión sobre la memoria, los desplazamientos y las migraciones, y una constante exploración de las posibilidades de la escritura. Ha recibido, entre otros reconocimientos, el American Book Award, las becas MacArthur y Guggenheim, y diversos premios internacionales por Desierto sonoro.
Principio, medio y fin, Valeria Luiselli. Feltrinelli, 2026. 360 páginas.
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