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La educación que se perdió

Comunicado radial matutino: «Hoy no hay clases en tal escuela, por no sé qué problema» o «No hay clases por huelga». Avisos que se suman día tras día.

Emilio Balado

Resultado: los alumnos aprenden cada vez menos. Alumno de ocho años en segundo grado no sabe que los nombres propios se inician con mayúscula, y la escritura es difícil de entender, ya que la caligrafía es rudimentaria. Tampoco sabe las tablas. ¿Quién te enseña, nena? «La maestra», responde. Le cuesta leer y saber el lugar dónde comienza a escribirse en la página. De acentos, ni la menor idea. 
 Mi mente vuela rápidamente a mi infancia y aquélla escuela y a las maestras y maestros que con dedicación enseñaban, porque hacían de su profesión un apostolado, y no era que estuvieran mejor que hoy. Yo diría que estaban peor. Muchas veces pasaban hasta tres meses sin cobrar y dependían de ayuda para poder vivir y en ocasiones gastaban de sus pocos pesos para aportar a los niños que no podían tener lo necesario para estudiar. No tenían obras sociales, ni sindicatos, ni aguinaldo. Claro que esto parece una utopía o un cuento de hadas, pero era la realidad de una profesional de la educación. «Más hambre que maestro de escuela», era una frase popular.
 Pero no debe extrañarnos tanto. El mundo ha cambiado y hoy los tan proclamados derechos individuales, dan para cualquier cosa. Entonces no nos extraña que alguien diga hasta en diferentes medios frases que no concuerdan con la realidad que vivimos. Pero así son las cosas y uno piensa que erró el camino y quizás esté equivocado y el modernismo cambió tantas cosas, que hoy en la era virtual está todo escrito y no hace falta aprender, nada más que deslizar la mano y ¡ya está!
   El Gobierno gasta enormes sumas en educación, pero los resultados no mejoran, por el contrario: han empeorado. Un joven que debe ingresar a la universidad se ve seriamente comprometido para iniciar nuevos estudios, en general la calidad de la educación se traslada cuando vemos programas de preguntas y respuestas, y deben responder los participantes.  
 La falta de preparación de muchos docentes y los problemas sindicales, son otras de los inconvenientes de la educación que afectan considerablemente al alumno, que en algunos casos como ocurre en escuelas del Chubut, los días de clases se han reducido a muy pocos.
 Es muy probable que nos vayamos acercando a tener un futuro con ciudadanos «burros», pero en estos tiempos que la familia ha dejado en muchos casos de preparar al niño para el futuro, educándolo, y ha trasladado este rol a la escuela; seguir adelante se complica. Hace unos días alguien comentaba que en los años que vienen, casi no serán necesarios los maestros ya que las nuevas tecnologías harán que el alumno aprenda solo. Lo que no decían es que el trato humano es necesario para lograr la armonía del comportamiento entre las personas, sin el cual todo vagará en las sombras en un futuro incierto.
 Sin lugar a dudas este comentario permitirá la reflexión de muchos «quisquillosos», pero lamentablemente por más que lo queramos disimular, la realidad nos marca lo actual de la situación. Señalar que más del treinta por ciento (30%) de las maestras y maestros del Chubut no aportan al sistema, pero  cobran, nos está señalando esa realidad que no quisiéramos tener.   Quizá esta es la tarea que más rápidamente los gobiernos deban tratar. La de dar respuesta a toda una generación futura para no quedarnos como vagón de cola en el mundo.


 

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La educación que se perdió

Comunicado radial matutino: «Hoy no hay clases en tal escuela, por no sé qué problema» o «No hay clases por huelga». Avisos que se suman día tras día.

Resultado: los alumnos aprenden cada vez menos. Alumno de ocho años en segundo grado no sabe que los nombres propios se inician con mayúscula, y la escritura es difícil de entender, ya que la caligrafía es rudimentaria. Tampoco sabe las tablas. ¿Quién te enseña, nena? «La maestra», responde. Le cuesta leer y saber el lugar dónde comienza a escribirse en la página. De acentos, ni la menor idea. 
 Mi mente vuela rápidamente a mi infancia y aquélla escuela y a las maestras y maestros que con dedicación enseñaban, porque hacían de su profesión un apostolado, y no era que estuvieran mejor que hoy. Yo diría que estaban peor. Muchas veces pasaban hasta tres meses sin cobrar y dependían de ayuda para poder vivir y en ocasiones gastaban de sus pocos pesos para aportar a los niños que no podían tener lo necesario para estudiar. No tenían obras sociales, ni sindicatos, ni aguinaldo. Claro que esto parece una utopía o un cuento de hadas, pero era la realidad de una profesional de la educación. «Más hambre que maestro de escuela», era una frase popular.
 Pero no debe extrañarnos tanto. El mundo ha cambiado y hoy los tan proclamados derechos individuales, dan para cualquier cosa. Entonces no nos extraña que alguien diga hasta en diferentes medios frases que no concuerdan con la realidad que vivimos. Pero así son las cosas y uno piensa que erró el camino y quizás esté equivocado y el modernismo cambió tantas cosas, que hoy en la era virtual está todo escrito y no hace falta aprender, nada más que deslizar la mano y ¡ya está!
   El Gobierno gasta enormes sumas en educación, pero los resultados no mejoran, por el contrario: han empeorado. Un joven que debe ingresar a la universidad se ve seriamente comprometido para iniciar nuevos estudios, en general la calidad de la educación se traslada cuando vemos programas de preguntas y respuestas, y deben responder los participantes.  
 La falta de preparación de muchos docentes y los problemas sindicales, son otras de los inconvenientes de la educación que afectan considerablemente al alumno, que en algunos casos como ocurre en escuelas del Chubut, los días de clases se han reducido a muy pocos.
 Es muy probable que nos vayamos acercando a tener un futuro con ciudadanos «burros», pero en estos tiempos que la familia ha dejado en muchos casos de preparar al niño para el futuro, educándolo, y ha trasladado este rol a la escuela; seguir adelante se complica. Hace unos días alguien comentaba que en los años que vienen, casi no serán necesarios los maestros ya que las nuevas tecnologías harán que el alumno aprenda solo. Lo que no decían es que el trato humano es necesario para lograr la armonía del comportamiento entre las personas, sin el cual todo vagará en las sombras en un futuro incierto.
 Sin lugar a dudas este comentario permitirá la reflexión de muchos «quisquillosos», pero lamentablemente por más que lo queramos disimular, la realidad nos marca lo actual de la situación. Señalar que más del treinta por ciento (30%) de las maestras y maestros del Chubut no aportan al sistema, pero  cobran, nos está señalando esa realidad que no quisiéramos tener.   Quizá esta es la tarea que más rápidamente los gobiernos deban tratar. La de dar respuesta a toda una generación futura para no quedarnos como vagón de cola en el mundo.


 

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