Martes 24 de mayo 2022

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Hacia el futuro volviendo al pasado

Umberto Eco, ensayista, tiene una frase en su libro «De la estupidez a la locura» que nos es muy útil para poder hacer una reflexión sobre un sistema electoral que es la llamada «ley de lemas». Sostenía el autor citado: ¡Tendamos al futuro! ¡Atrás a todo vapor!.

En el deseo de algunos dirigentes políticos se encuentra el interés, conjuntamente con el gusto, de sentarse en el sillón de Fontana 50 en Rawson, aunque destruido el asiento natural de las funciones del poder ejecutivo, sin importar mejorar el sistema electoral. Este «gusto» de ser genera, indudablemente, buscar un sistema electoral que, sin importar las formas, maquille el sistema democrático aunque, en el fondo, no se encuentre cimentado en la manifestación más genuina de los ciudadanos. Ese maquillaje permitiría seguramente la elección. Estas líneas no tienen por objeto hacer una análisis constitucional ni jurídico sino solamente reflexionar sobre la cualidad esencial de la democracia que, entiendo, es aquella que manifiesta la ciudadanía con su voto. ¡Con la mayor cantidad de votos!. Regida nuestra vida institucional por la Constitución Provincial se impone en consecuencia la voluntad popular para la determinación de aquellos que nos tienen que gobernar y por supuesto rendir cuentas de sus acciones. Considero que el sistema de lemas modifica sustancialmente aquella voluntad popular dado que, la persona más considerada por la ciudadanía, puede no ser la que en realidad gobierne luego de proclamarse ganador por la sumatoria de las distintas líneas internas de los partidos políticos. La experiencia que se efectuara en el siglo XX, con sus debates y conclusiones en la provincia, nos obligan a entender que para ir hacia el futuro necesitamos una mayor claridad y transparencia en el accionar democrático, empezando por sus procesos eleccionarios, para que podamos tener una provincia con un programa de gobierno, una planificación y objetivos que permitan una acumulación de capital que pueda volcarse en todo su territorio para el bienestar de la gente. Pero parece que al programa se lo subestima y se considera fundamental el personaje que tendrá a su cargo el gobierno. Entiendo que la baja calidad institucional que representa el sistema de lemas no sólo distorsiona la voluntad popular sino que nos atrasa considerablemente en una democracia que, nos indica la realidad, genera hasta enfrentamientos de extrema gravedad en un mismo partido político o coalición electoral o de gobierno. De pronto quien pueda votar a un candidato con respetabilidad comprobada le puede estar otorgando los votos a quien pudiera tener antecedentes o cuestiones no resueltas con la justicia o «tufillo» de corrupción, lo que no hay duda será de muy mal gusto para el elector. Soy de la opinión que las internas de los partidos políticos deberían ser resueltas por sus afiliados y no en una elección general pero, independientemente de ello y pese a que la Corte Suprema de Justicia de la Nación no considera una cuestión federal la determinación provincial sobre el sistema electoral, ha sostenido que la experiencia enseña que el sistema de lemas, o de doble voto simultáneo presenta una serie de peculiaridades para el funcionamiento de la democracia representativa en tanto incrementa la confusión del electorado, fomenta el fraccionamiento de los partidos políticos y traslada potencialmente a la elección general el conflicto interno partidario.
En definitiva entre la opción de quien pretende ser elegido y el ciudadano se supone que éste debe ser el centro de atención de quienes tienen a su cargo la administración de los asuntos públicos. La política en nuestra provincia nos ha demostrado como dentro de un mismo partido político se han excluido ciertos dirigentes para formar nuevos partidos políticos y luego de los resultados unir las fuerzas, pero no por objetivos sino por intereses personales. La ciudadanía del Chubut ha observado una verdadera estafa en la oferta electoral y de dictarse el sistema de lemas se legalizaría esa situación pero no se legitimaría la voluntad popular. Cual es la idea cuando existe una multiplicación infinita de candidatos? Es evidente que la semejanza del ropaje puede no ser la misma identidad. La Corte Suprema ha sostenido que « bien vale preguntarse si no resulta necesario reformar estas ideas (anacrónicas sostengo) para adaptarlas a las realidades y exigencias de las democracias modernas. Es de esperar que nuestros dirigentes políticos reflexionen y en el balance surja la importancia fundamental del ciudadano autónomo.   
 

 

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