De los desastres nucleares II
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En nota anterior concluimos que el lobby nuclear, en lugar de aceptar que la tecnología nuclear es problemática, supone que la "cultura de seguridad" actual, posterior a Fukushima, hace inconcebible nuevos accidentes. Veremos que no es así.
Si bien es cierto que a partir del accidente nuclear de Fukushima Daiichi, no hubo otro evento de similar magnitud, ocurrieron incidentes y accidentes relevantes en distintas partes del mundo.
En Francia la Central de Flamanville Nuclear Power Plant tuvo problemas graves en el reactor EPR, por soldaduras defectuosas y acero de calidad deficiente.
El 9 de febrero de 2017 sufrió una explosión en sala de máquinas, edificio de turbinas, no nuclear pues no fue en el edificio del reactor. Provocó incendio con pequeña explosión asociado a equipos eléctricos de ventilación en el sector convencional.
Cinco trabajadores afectados principalmente por inhalación de humo, con lesiones leves a moderadas. Se dispuso la evacuación parcial del personal en la zona afectada. Inmediatamente la unidad se desconectó de forma segura.
No hubo liberación radiactiva. El suceso ocurrió fuera del circuito nuclear, isla convencional. Las autoridades confirmaron ausencia de impacto radiológico en trabajadores y entorno.
No se pudo establecer la causa técnica. El foco estuvo en equipo eléctrico de ventilación del edificio de turbinas. Cortocircuito e incendio local que generó sobrepresión y una explosión limitada. Fue un tipo de evento industrial convencional, no un fallo del núcleo ni del sistema de contención.
El incidente por sí solo no fue grave desde el punto de vista nuclear, pero ocurre dentro de un proyecto que ya venía mostrando problemas de calidad industrial y control. Eso es lo que le da relevancia al hecho.
Quedó evidente que, incluso en países con alta experiencia nuclear, los fallos de fabricación, control y ejecución pueden acumularse y comprometer cronogramas y confianza.
Generó retrasos enormes y dudas sobre estándares industriales.
El incidente alcanzó Nivel INES: 0–1, pero de gran relevancia técnica.
En Estados Unidos la Central de San Onofre Nuclear Generating Station hubo una importante fuga de radiación por fallo en generadores de vapor.
El 31 de enero de 2012 se detectó fuga de material radiactivo, principalmente gases como xenón, en la Unidad 3. La fuga se originó en tubos defectuosos de los generadores de vapor. Se ordenó la parada inmediata del reactor.
Inspecciones realizadas durante febrero revelaron desgaste anormal y acelerado en cientos de tubos y problemas de diseño en los generadores de vapor, instalados entre 2009 y 2011.
En marzo la Unidad 2 también quedó fuera de servicio tras detectarse problemas similares. Ambos reactores fueron parados indefinidamente.
Investigaciones técnicas y regulatorias del organismo regulador (NRC) concluyeron que hubo un error de diseño significativo, que provocaron vibraciones y flujo mal calculado, es decir que no fue simplemente desgaste normal.
El 7 de junio de 2013 la empresa operadora, Southern California Edison, anunció el cierre definitivo de la planta.
No fue un “accidente repentino” tipo explosión, sino algo más preocupante desde el punto de vista sistémico. Fallo de diseño en equipos críticos relativamente nuevos, detección tardía del problema y degradación rápida no prevista. Es decir, un problema estructural más que operativo, lo cual explica el cierre.
El evento fue evaluado como Nivel 2 en la escala INES “incidente significativo”.
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