De los desastres nucleares VI
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En la nota anterior vimos algo del accidente ruso del 8 de agosto de 2019 en Nyonoksa un episodio militar nuclear algo misterioso. Vimos que hubo una explosión durante operaciones relacionadas con un sistema de propulsión experimental. Murieron al menos cinco especialistas de Rosatom.
Poco después se detectó un aumento anormal de radiación en Severodvinsk. La empresa oficial rusa Rosatom reconoció que estaba involucrada una “fuente isotópica de energía”, es decir, un sistema nuclear.
Se trata de un misil que funciona a partir del calor que genera un reactor nuclear miniaturizado; el aire atraviesa el reactor; se calienta enormemente; y produce empuje.
El concepto ya había sido explorado por Estados Unidos en los años 50 y 60 mediante el proyecto Pluto, pero fue abandonado por extrema complejidad, producción de contaminación radiactiva, riesgos :de accidente, y utilidad militar discutible.
¿Qué pasó exactamente en Nyonoksa?
No hay versión oficial completa y transparente. Pero las hipótesis más aceptadas indican que el accidente ocurrió durante una prueba, o durante la recuperación marítima de un misil experimental previamente fallido.
Algunos analistas estadounidenses sostuvieron que el reactor o la fuente nuclear del misil explotó o sufrió una reacción descontrolada durante tareas de recuperación en el Mar Blanco.
Hubo varios indicios importantes. La ciudad de Severodvinsk registró aumentos temporales de radiación de hasta 16 veces el fondo habitual y estaciones europeas detectaron cesio-137; estroncio; bario; lantano; cerio; entre otros productos de fisión. Lo que sugirió que hubo material nuclear fisible involucrado.
Hubo informes de médicos rusos que atendieron heridos sin haber sido advertidos inicialmente de contaminación radiactiva.
La escala radiológica fue muchísimo menor que Chernobyl. No hubo contaminación continental ni evacuaciones masivas permanentes, pero el accidente fue muy inquietante por varias razones. involucró un sistema nuclear militar experimental; ocurrió en secreto; hubo ocultamiento inicial; mostró riesgos de reactores miniaturizados móviles y recordó problemas históricos soviéticos/rusos de transparencia nuclear.
Además, muchos expertos señalaron que un misil nuclear de este tipo podría emitir contaminación incluso durante vuelos normales.
A pesar de este accidente el programa continuó. Lejos de cancelarlo, Rusia dio señales de continuar el programa Burevestnik, incluso años después aparecieron imágenes satelitales de nuevas instalaciones y preparativos de prueba.
Eso indica que Moscú considera el proyecto estratégicamente importante y propagandísticamente valioso.
El accidente impresionó mucho porque mezcló varios elementos muy sensibles, armas nucleares nuevas, reactores miniaturizados, secretismo militar, contaminación radiactiva y desarrollo de armas “apocalípticas”.
Muchos analistas occidentales calificaron al Burevestnik “Chernóbil volador”. La expresión es polémica y algo exagerada en términos técnicos, pero refleja el temor a un arma cuyo sistema de propulsión nuclear pudiera dispersar radiactividad incluso sin accidente.
En próxima nota veremos qué está sucediendo en Hanford Site, en el estado norteamericano de Washington, el sitio más intensamente contaminado del planeta.
Continúa...
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