De los desastres nucleares III
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Con posterioridad al accidente nuclear de Fukushima Daiichi, no hubo otro evento de similar magnitud, pero ocurrieron incidentes y accidentes relevantes en distintas partes del mundo, que desmienten la afirmación del lobby nuclear que supone que la "cultura de seguridad" actual, posterior a Fukushima, hace inconcebible nuevos eventos. Vimos un incidente en 2017 en Francia y otro en 2012 en Estados Unidos.
En las Centrales belgas de Doel Nuclear Power Plant y Tihange Nuclear Power Station se detectaron miles de microfisuras en vasijas de presión. En 2014 un sabotaje en turbina (Doel 4).
Bélgica cuenta con siete reactores nucleares repartidos en dos centrales, Tihange y Doel con una potencia de 2.900 y 3.000 megavatios eléctricos (MWe), respectivamente.
Los tres reactores de Tihange y los cuatro de Doel se construyeron entre 1975 y 1985 y, salvo prolongaciones, se planeaban clausurar definitivamente entre 2022 y 2025.
Entre junio y agosto de 2012 durante inspecciones ultrasónicas en Doel 3 se detectaron miles de microfisuras internas en el acero de la vasija de presión. Poco después se encuentra el mismo fenómeno en Tihange 2.
No eran grietas activas abiertas, sino defectos internos del acero llamados “flakes” o escamas de hidrógeno. Se originan en la fabricación, forja, del acero, décadas atrás en los años 70, no por operación reciente.
Inicialmente en Doel 3 se detectaron 8.000 indicaciones, luego más de 13.000 y en Tihange 2 más de 3.000.
Esto fue inédito por cantidad y concentración en componentes críticos.
Se trataba de una situación grave porque eran en la vasija de presión que contiene el núcleo del reactor. Es prácticamente imposible reemplazar o extremadamente difícil.
El riesgo teórico era la fragilización del acero con posible propagación de grietas bajo condiciones extremas.
Medidas adoptadas. En 2012 Se resolvió la parada inmediata de ambos reactores. En 2013 se autorizó el reinicio tras análisis muy discutidos. En 2014 nueva parada al surgir dudas sobre la tenacidad del material. En los años 2015–2016 después de nuevas pruebas se permitió operación con condiciones. De 2018 en adelante funcionamiento con vigilancia reforzada.
El organismo regulador belga (FANC) concluyó que las grietas no comprometían la integridad, en lo inmediato.
Parte de la comunidad científica y los países vecinos, Alemania y Luxemburgo, cuestionaron la extrapolación de ensayos y la incertidumbre a largo plazo, es decir no había consenso pleno sobre el riesgo residual.
El 5 de agosto de 2014 alguien drenó intencionalmente aceite lubricante de la turbina, provocando un sobrecalentamiento con daños mecánicos severos y parada automática . El reactor quedó fuera de servicio varios meses, con un costo de decenas de millones de euros.
El autor no ha sido indentificado hasta hoy. No fue un fallo técnico sino un problema de seguridad interna. Mostró vulnerabilidad en control de accesos y amenazas internas.
Este caso muestra tres capas de problema:
Industrial: Defectos de fabricación detectados décadas después y falta de control histórico en la cadena de suministro.
Técnica: Dificultad de evaluar riesgos a largo plazo en componentes no reemplazables y dependencia de modelos y ensayos indirectos
Organizativa / seguridad: Sabotaje interno no resuelto, es decir vulnerabilidad humana, no tecnológica.
“No se trató de un accidente catastrófico, pero sí de algo más inquietante, problemas estructurales, invisibles y persistentes en el corazón del reactor, combinados con fallos humanos en la seguridad”
Clasificación INES (orientativa):
Microfisuras: INES 1–2 (anomalías de seguridad relevantes) Sabotaje Doel 4: INES 2–3 (por impacto en seguridad operativa, no radiológica)
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