De los desastres nucleares V
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En la nota anterior (IV) empezamos a ver que después del accidente de Fukushima, el sitio se convirtió en una instalación extremadamente inestable, trayendo aparejados numerosos incidentes de distinta consideración, entre los cuales se encuentra el combustible fundido aún dentro de los reactores. Continuamos viendo eventos post Fukushima, hay uno natural muy importante y latente que complica la situación.
Japón sigue siendo zona sísmica. En 2021 y 2022: terremotos afectaron estructuras del sitio. Se detectaron daños adicionales en contención. Se mantiene el riesgo subrepticio.
Situación actual
Hoy Fukushima no es una central operativa, un sitio “resuelto”. Es un proyecto de gestión de desastre a largo plazo, uno de los entornos industriales más complejos del mundo.
De todos los problemas persistentes el más grave es el combustible fundido. Hasta ahora es imposible retirarlo completamente. Hay una tecnología aún en desarrollo con la que se intentará retirarlo, aunque no hay destino definitivo para los combustibles.
Se sigue generando todos los días agua contaminada, la solución actual, vertido al mar, es política, no técnica definitiva.
Ha quedado un volumen enorme de residuos sólidos, sin destino final claro.
El impacto social es impresionante, más de 100.000 evacuados en su momento, la mayoría no ha podido regresar. Han quedado zonas aún no plenamente habitables.
El costo del accidente ha superado los 200.000 millones USD.
Fukushima demuestra algo incómodo pero fundamental: Un accidente no termina cuando se apaga el reactor. A partir de allí empieza una fase mucho más larga, cara e incierta.
Fukushima multiplicó el problema de los residuos nucleares, no lo resolvió. Quedaron residuos líquidos, sólidos y combustibles fundidos imposibles de manejar con métodos convencionales.
Nivel INES: 2–3 en algunos episodios.
También ha habido incidentes en investigación y materiales nucleares
En Rusia, el 8 de agosto de 2019 se produjo el accidente de Nyonoksa (también escrito Nenoksa o Nionoksa) sigue siendo uno de los episodios militares-nucleares más enigmáticos y preocupantes de la Rusia contemporánea.
Sucedió en un polígono naval militar ruso en la costa del Mar Blanco, cerca de Severodvinsk, zona utilizada para pruebas de misiles de la Marina rusa.
Hubo una explosión durante operaciones relacionadas con un sistema de propulsión experimental.
Murieron al menos cinco especialistas de Rosatom, la corporación nuclear estatal rusa, y varias personas resultaron heridas.
Poco después se detectó un aumento anormal de radiación en Severodvinsk. Algunas estaciones de monitoreo dejaron de transmitir datos, hubo compras masivas de yodo en farmacias, y circularon rumores de evacuaciones parciales.
Las autoridades rusas inicialmente hablaron solo de “un motor de combustible líquido”. Pero más tarde Rosatom reconoció que estaba involucrada una “fuente isotópica de energía”, es decir, un sistema nuclear.
La mayoría de los analistas occidentales relacionó el accidente con el misil ruso experimental 9M730 Burevestnik, llamado por la OTAN “Skyfall”.
Ese misil sería una de las armas estratégicas anunciadas por Vladimir Putin en 2018 como arma “invencible”.
La idea técnica, extremadamente ambiciosa y polémica, es un misil de crucero, impulsado por un pequeño reactor nuclear, con alcance prácticamente ilimitado, capaz de volar durante muchas horas y esquivar defensas. Es decir: un “reactor volador”.
En teoría funciona así: un cohete convencional acelera el misil; luego entra en funcionamiento un reactor nuclear miniaturizado; el aire atraviesa el reactor; el aire se calienta enormemente; y produce empuje.
Continúa...
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