UN POCO DE HISTORIA I
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En momentos en que, por la coincidencia de las políticas nacional y del Chubut, se avecina la explotación de yacimientos de uranio en la provincia, viene bien preguntarnos por los beneficios que obtuvo Chubut con la explotación de los yacimientos de uranio, en la década del 70.
Los yacimientos de Los Adobes y Cerro Cóndor fueron explotados por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) entre 1977 y 1979, y el mineral fue procesado en la planta de Pichiñán, entre 1977 y 1980. La producción total obtenida fue del orden de 180 toneladas de uranio concentrado, destinadas principalmente al abastecimiento del programa nuclear argentino. Aproximadamente el 80 % del mineral provenía de Los Adobes y el 20 % de Cerro Cóndor.
Los beneficios económicos directos para la provincia fueron relativamente escasos. Si los comparamos con actividades como el petróleo o el aluminio podemos destacar que fueron ínfimos.
La explotación minera y la planta de tratamiento Pichiñán generaron, por algún tiempo, algunos puestos de trabajo para habitantes de la región, aunque, en el caso Los Adobes, la empresa contratada por la CNEA trajo desde Sierra Grande personal con experiencia en explosivos. La planta contaba con alrededor de 60 trabajadores durante su operación de unos dos años en total, aunque con importante interrupción de varios meses entre las explotaciones de las dos minas. Las labores extractivas duraron menos de un año en cada yacimiento.
Por supuesto hubo contratación de transporte, obras, mantenimiento, combustible y servicios asociados.
Las campañas de exploración permitieron identificar y caracterizar mejor la provincia uranífera del centro de Chubut, información que luego se utilizaría en proyectos posteriores como Cerro Solo.
Aunque no fue un beneficio directo para la provincia, el uranio extraído permitió sustituir importaciones y abastecer parcialmente el ciclo nuclear argentino.
En cuanto a regalías mineras, si las hubo, no fueron significativas. Como la actividad estaba controlada por la CNEA, un organismo nacional, no existía el régimen de regalías y control ambiental de hoy.
A diferencia de algunos campamentos petroleros históricos, la explotación uranífera fue de corta duración. No dejó poblaciones nuevas, rutas importantes ni infraestructura económica alguna.
Si se observa la magnitud de la operación, la producción total fue relativamente pequeña: unas 180 toneladas de concentrado de uranio, comparada con la riqueza generada por los hidrocarburos, fue una actividad de escala reducida.
Historiadores y analistas de la minería en Chubut coinciden en que el principal beneficiario fue el Estado nacional, que obtuvo uranio para su programa nuclear. Para la provincia quedaron algunos empleos temporarios y actividad económica local, pero no una transformación económica duradera comparable a la que produjo la explotación petrolera en Comodoro Rivadavia. Además, décadas después, la Nación debió continuar con tareas de monitoreo y gestión de los pasivos ambientales asociados a Pichiñán.
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