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Argentina va camino a una desatinada decisión

Presionado por China, el gobierno nacional actualizó la idea de firmar próximamente el contrato de compra de un reactor de 1.200 MW a ubicar en Atucha, alentado por sectores internos que cuentan con el respaldo de la vicepresidente.

Ing. Juan Vernieri

Cuando se avanzó en aprovechar el posible apoyo chino a nuestra industria nuclear, se preveía la construcción de dos reactores, uno de uranio natural modelo Candú de tecnología canadiense como el de la Central Embalse y otro de uranio enriquecido de tecnología china modelo Hualong, ambos financiados por China.

El Candú fue propuesto por Argentina porque es una tecnología que manejan nuestros expertos y le permitiría aprovechar al máximo sus capacidades nucleares, potenciando además una vasta red de proveedores locales ya desarrollada, no obstante científicos argentinos le han efectuado críticas fulminantes que lo desaconsejan.

El segundo reactor es promocionado por China como parte de su intención de desembarco estratégico en la región y de su interés por consolidar su propia tecnología nuclear.

Con los pergaminos que puede exhibir Argentina en materia nuclear, la compra le serviría China como ejemplo más atractivo para convencer a nuevos clientes de la calidad de sus reactores y a nuestro país le permitiría, se supone, iniciar una transición gradual hacia tecnología más moderna.

Luego de varias idas y vueltas, en 2018 se archivó el proyecto Candú y se decidió seguir adelante solo con el reactor Hualong que promueve China.

El Hualong es un proyecto “llave en mano”, con una integración local de apenas el 40%, la misma que tuvo Atucha I cuando Argentina recién empezaba a recorrer este camino hace 50 años. Además, el país dependerá de la importación del combustible para garantizar el funcionamiento del reactor.

Sabino Vaca Narvaja, representante Especial para la Promoción Comercial e Inversiones en China e Isidro Baschar, licenciado en Relaciones

Internacionales y director de Nucleoeléctrica, ambos designados por la vice, respaldaron la construcción del reactor Hualong como parte de una “asociación inteligente” con China, segunda potencia económica del mundo y principal socio comercial del país. Afirman que el acuerdo nuclear con el país asiático ayudará a fortalecer una estrategia de desarrollo nacional y remarcan que se dispondrá de un crédito chino de 7900 millones de dólares a tasa preferencial que “comenzaría a repagarse 8 años después, cuando el reactor comience a generar energía eléctrica”. También dicen que tratan de incrementar la participación nacional del 40% del monto total del contrato, y se continúa conversando sobre las condiciones para la transferencia de la tecnología para fabricar el combustible nuclear en el país.

El sistema de compra llave en mano del reactor chino Hualong, no promueve prácticamente nada el desarrollo nuclear argentino.

Es sabido que China utiliza las ventas de reactores como una herramienta para fortalecer sus relaciones políticas, fomentar dependencia y hasta financiamiento predatorio que le dan una ventaja que, más tarde, pueden utilizar para obtener un provecho geopolítico.

Para quienes propugnan el avance de la energía nuclear en el país, las opciones que ofrece China no parecen ser las adecuadas para el momento que enfrenta el país. Además de la deuda en default con propuestas de refinanciación, con los acreedores privados, se le deben 44.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional y la negociación para estirar los plazos de pago sigue sin definición. En ese contexto, y teniendo presente que por ahora Argentina no necesita aumentar su parque generador en la potencia del reactor chino, incrementar la deuda pública es un disparate. Si bien bancos chinos financiarán las obras, eso no significa que no haya que pagarlas.

Lo que no se dice es que la energía nuclear es sustancialmente más cara que otras opciones, ni que produce residuos de alta radiactividad y persistencia, sin destino conocido, amén del siempre latente riesgo con consecuencias descomunales, por lo cual opino que la decisión de aumentar el parque nuclear es un desatino.

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Argentina va camino a una desatinada decisión

Presionado por China, el gobierno nacional actualizó la idea de firmar próximamente el contrato de compra de un reactor de 1.200 MW a ubicar en Atucha, alentado por sectores internos que cuentan con el respaldo de la vicepresidente.

Cuando se avanzó en aprovechar el posible apoyo chino a nuestra industria nuclear, se preveía la construcción de dos reactores, uno de uranio natural modelo Candú de tecnología canadiense como el de la Central Embalse y otro de uranio enriquecido de tecnología china modelo Hualong, ambos financiados por China.

El Candú fue propuesto por Argentina porque es una tecnología que manejan nuestros expertos y le permitiría aprovechar al máximo sus capacidades nucleares, potenciando además una vasta red de proveedores locales ya desarrollada, no obstante científicos argentinos le han efectuado críticas fulminantes que lo desaconsejan.

El segundo reactor es promocionado por China como parte de su intención de desembarco estratégico en la región y de su interés por consolidar su propia tecnología nuclear.

Con los pergaminos que puede exhibir Argentina en materia nuclear, la compra le serviría China como ejemplo más atractivo para convencer a nuevos clientes de la calidad de sus reactores y a nuestro país le permitiría, se supone, iniciar una transición gradual hacia tecnología más moderna.

Luego de varias idas y vueltas, en 2018 se archivó el proyecto Candú y se decidió seguir adelante solo con el reactor Hualong que promueve China.

El Hualong es un proyecto “llave en mano”, con una integración local de apenas el 40%, la misma que tuvo Atucha I cuando Argentina recién empezaba a recorrer este camino hace 50 años. Además, el país dependerá de la importación del combustible para garantizar el funcionamiento del reactor.

Sabino Vaca Narvaja, representante Especial para la Promoción Comercial e Inversiones en China e Isidro Baschar, licenciado en Relaciones

Internacionales y director de Nucleoeléctrica, ambos designados por la vice, respaldaron la construcción del reactor Hualong como parte de una “asociación inteligente” con China, segunda potencia económica del mundo y principal socio comercial del país. Afirman que el acuerdo nuclear con el país asiático ayudará a fortalecer una estrategia de desarrollo nacional y remarcan que se dispondrá de un crédito chino de 7900 millones de dólares a tasa preferencial que “comenzaría a repagarse 8 años después, cuando el reactor comience a generar energía eléctrica”. También dicen que tratan de incrementar la participación nacional del 40% del monto total del contrato, y se continúa conversando sobre las condiciones para la transferencia de la tecnología para fabricar el combustible nuclear en el país.

El sistema de compra llave en mano del reactor chino Hualong, no promueve prácticamente nada el desarrollo nuclear argentino.

Es sabido que China utiliza las ventas de reactores como una herramienta para fortalecer sus relaciones políticas, fomentar dependencia y hasta financiamiento predatorio que le dan una ventaja que, más tarde, pueden utilizar para obtener un provecho geopolítico.

Para quienes propugnan el avance de la energía nuclear en el país, las opciones que ofrece China no parecen ser las adecuadas para el momento que enfrenta el país. Además de la deuda en default con propuestas de refinanciación, con los acreedores privados, se le deben 44.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional y la negociación para estirar los plazos de pago sigue sin definición. En ese contexto, y teniendo presente que por ahora Argentina no necesita aumentar su parque generador en la potencia del reactor chino, incrementar la deuda pública es un disparate. Si bien bancos chinos financiarán las obras, eso no significa que no haya que pagarlas.

Lo que no se dice es que la energía nuclear es sustancialmente más cara que otras opciones, ni que produce residuos de alta radiactividad y persistencia, sin destino conocido, amén del siempre latente riesgo con consecuencias descomunales, por lo cual opino que la decisión de aumentar el parque nuclear es un desatino.

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