Viernes 30 de julio 2021
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La crisis de la educación

Volver sobre este tema pareciera que es redundancia, pero la verdad es que ante la crisis educativa uno se pregunta cómo será el futuro de nuestros descendientes, ante tanta falta de conocimientos, y por ende los espacios donde les toque transitar a una generación que en algunos casos ni han pasado lo elemental de la enseñanza, para desenvolverse en un mundo futuro que requerirá más que nunca de conocimientos mínimos y que probablemente haría pensar a Quintiliano.

La pandemia ha venido a dar un golpe mortal a esta actividad, ya que a una educación deficiente se ha agregado la larga inactividad producida por este fenómeno, y hoy niños y padres navegan en la incertidumbre. Se salvan aquellos alumnos que tienen la suerte de concurrir a escuela diferenciales, porque sus padres pueden pagar.
Hoy pareciera que la tecnología puede dar respuesta, ya que en el pequeño aparato portátil está todo, pero indudablemente falta el contacto mano a mano con el profesional, que no solo imparte clase, sino que da contenido humano a la relación que debe existir, para hacer que la persona se vea más comprendida. Porque de encaminar al alumnado se trata. La responsabilidad por los afectados es la que debe primar. El Estado con las instrucciones precisas, los educadores con la preparación necesaria (no se puede felicitar a un niño de ocho años que escribió cavayo en lugar de caballo) los gremios atendiendo los verdaderos reclamos sin que ello perjudique al sistema y los padres, no pensar que la escuela es una guardería y asumir el compromiso total del crecimiento de su descendencia.

 

Pasar casi cuatro años sin que el niño concurra a un aula es casi un crimen, efectuado por aquellos responsables que deben encargarse de obtener los mejores resultados para un futuro, que tal las cosas, navega rápidamente en un mundo donde se debe estar preparado para el avance tecnológico que no da tregua. Argentina no puede quedar afuera del contesto de las naciones más avanzadas del mundo, si es que queremos de verdad vernos florecientes, y para ello debemos estar preparados convenientemente, y es aquí donde la educación debe ser el principal motivo de nuestro gobernantes, pero también de los gobernados. Recordar a próceres como Sarmiento y todos aquellos profesionales que lo dieron todo para que hubiera escuelas y maestros preparados, no es suficiente si  detrás de eso no ponemos el mayor interés en educar al soberano.

 

Quiera el Supremo que las conciencias despierten del letargo y podamos ver como tantas veces, calles y escuelas pobladas de guardapolvos blancos, y nosotros regocijados pensando que no hemos priorizado nuestras inaptitudes por el futuro de los que serán mujeres y hombres preparados para transitar una nueva vida.

 


 

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